Me enfermo muy seguido. ¿A qué se debe?

Aunque parezca contradictorio, para evitar ponernos malos debemos hacer una crisis de curación. Al principio nos sentiremos peor, pero gracias ella evitaremos enfermar en un futuro

Si últimamente caes mucho en cama, si te sientes decaído y con dolor una vez al mes, si es frecuente que levantes fiebre o te duela la garganta quizás se deba a que tu sistema inmune está debilitado o que necesitas un buen descanso.

En este artículo te contamos por qué te estás enfermando tan seguido.

El circulo vicioso de la enfermedad

El circulo “vicioso” de la enfermedad

Según los médicos, si nos enfermamos es porque hay algún desorden o problema en nuestro sistema inmunológico.

Cuando nuestras defensas se debilitan somos más vulnerables a la entrada y el desarrollo de los agentes infecciosos. Por el contrario, si el sistema inmune está fuerte los virus y bacterias no pueden ingresar en el organismo.

Al no contar con una buena barrera defensora (por culpa del estrés, la mala alimentación o una enfermedad) el cuerpo es susceptible a todo tipo de patógenos e infecciones.

Además también puede dar pie a una condición frecuente de “ciclo” donde el organismo trabaja incansablemente para eliminar un microorganismo pero no tiene el suficiente tiempo como para recuperar las fuerzas por completo.

Si en ese momento el enemigo vuelve a atacar no tendrá maneras de protegerse. Otro de los problemas habituales es que el sistema inmune se prepara para repeler ciertos virus pero aparecen otros y el ciclo comienza otra vez.

Está comprobado a su vez que la carga genética de cada persona puede determinar cómo se comporta el sistema inmunológico. A veces incluso las defensas trabajan más de lo habitual y atacan a las células o tejidos normales como si fueran cuerpos extraños.

En esos casos tenemos problemas de lupus eritematoso, diabetes tipo 1 y artritis reumatoide.

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La crisis de curación

La crisis de curación

Cuando te enfermas demasiado seguido para tu gusto (por ejemplo, una o dos veces al mes sin importar la época del año) puede deberse a una acumulación de toxinas. Si el cuerpo está repleto de desechos, que se han ido acumulando a lo largo del tiempo, es más probable tener gripe, dolor de garganta, fiebre, etc.

Todo lo que ingresa en nuestro organismo (comidas, bebidas, aire…) lo va llenando de sustancias benéficas y nocivas. Si estas últimas no son eliminadas correctamente comienzan a acumularse en los intestinos, la sangre, los órganos o la piel.

En ese momento empiezan a modificarse y a ralentizarse las funciones básicas. La toxemia (aumento de la temperatura por tanta cantidad de toxinas) debe evacuarse de alguna manera, de forma drástica y es entonces cuando se experimentan los síntomas de la enfermedad.

Esto quiere decir que el cuerpo nos está “avisando” de que hay muchas toxinas acumuladas. Los signos más frecuentes son:

  • Dolores articulares
  • Fiebre
  • Exceso de mucosidad (catarro, flemas, resfriados)
  • Diarrea
  • Llagas, aftas
  • Erupciones cutáneas, comezón, picor

¿Qué provoca esta acumulación de toxinas? Son varias las vías de entrada de los agentes perjudiciales para nuestra salud:

  • Dieta inadecuada (fritos, grasas, hidratos de carbono, enlatados, azúcares)
  • Consumir mucha sal
  • Comer en exceso o a cada rato
  • Ingesta de ciertos medicamentos
  • Falta de actividad física
  • Vivir en un sitio contaminado (polución)
  • Estrés, preocupaciones, ansiedad
  • Poco descanso
Dolor pélvico

Las tan conocidas “recaídas” se deben, principalmente, a que solo nos enfocamos en reducir un síntoma y nos olvidamos del resto.

Si no prestamos atención a las verdaderas causas de las enfermedades nuevamente debemos hablar de un círculo vicioso.

Es decir que, por ejemplo, reducimos la fiebre pero luego seguimos comiendo mal. La próxima vez causará dolor de garganta. Tomamos un antibiótico para ello pero, al sentirnos mejor, no hacemos ejercicio… y así sucesivamente.

Aliviar momentánea o pasajeramente el problema hará al cuerpo más propenso a las recaídas. Es probable que el organismo no haya acabado completamente con ese virus pero, al consumir un medicamento, “adormecemos” el síntoma y creemos que nos hemos curado.

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¿Cómo evitar enfermarnos seguido?

Cómo evitar enfermarnos seguido

Básicamente, para sanar y fortalecer nuestro sistema inmune es preciso hacer un cambio en nuestros hábitos cotidianos. No solo en lo que se refiere a la comida, sino también a nuestras actividades.

Una persona que se enferma mucho deberá a su vez hacer una dieta depurativa y una serie de ayunos, siempre guiados por un profesional.

Es bueno saber que tras estas técnicas el organismo cae en lo que se conoce como una “crisis de curación”. En esta etapa los síntomas se agudizan. Esto significa que la enfermedad será más severa porque el cuerpo está eliminando todas las toxinas.

Durante esta crisis puede haber:

  • Secreciones excesivas
  • Dolores de cabeza
  • Dolores de estómago
  • Sudoración
  • Sarpullidos
  • Acné

Sucederá algo similar a lo que ocurre cuando nos ponen una vacuna: el sistema de defensas comienza a generar más anticuerpos para esa sustancia extraña y es probable que nos terminemos enfermando de lo que supuestamente evita la inyección.

Tras la etapa de evacuación donde el cuerpo eliminará todo lo que no necesita comienza el proceso de reparación, rejuvenecimiento y limpieza (puede durar varios días o semanas).

Lo bueno es que a partir de ese momento las enfermedades serán más la excepción que la regla. No obstante, para ello, debemos cambiar rotundamente nuestros hábitos. Si no, todo esfuerzo será en vano.

La enfermedad y los sentimientos

Para terminar, una reflexión en forma de poesía que nos indica por qué las emociones pueden enfermarnos:

El resfrío “chorrea” cuando el cuerpo no llora.

El dolor de garganta “tapona” cuando no es posible comunicar las aflicciones.

El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.

La diabetes invade cuando la soledad duele.

El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.

El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.

El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.

La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.

Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.

El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.

La presión sube cuando el miedo aprisiona.

Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.

La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.

 

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