Me gusta la gente que sabe que, para ser grande, hay que ser humilde

Este artículo fue redactado y avalado por Valeria Sabater
· 8 julio, 2016
Ser humilde es saber ser empático y respetuoso y no avasallar a los demás. Se trata de un concepto práctico y no vale saberse solo la teoría: hay que dar ejemplo

Ser humilde es algo más que una virtud, es un valor. Todos deberíamos tenerlo e inculcarlo a nuestros hijos. Ahora bien, parece que muchos confunden la “grandeza” personal con el poder. Y ahí es donde aparece el egoísmo.

Hay un curioso proverbio árabe que dice: “nacemos siendo criaturas inocentes para, después, convertirnos en camellos, más tarde en leones y, finalmente, volver a ser niños”.

En efecto, el ser humano realiza un complejo viaje personal en el que aspira a adquirir fuerza y poder, a ser “león”. Más tarde, acaba descubriendo que el auténtico valor reside en el alma más inocente capaz de ver la vida con sabiduría y humildad.

No es precisamente fácil aplicar el concepto de humildad en nuestro día a día. Requiere pequeños cambios y otros enfoques que, sin lugar a dudas, nos permitirían vivir con más armonía.

Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Me gusta quien sabe ser humilde, quien sabe que ser grande no es estar por encima de mí

Hay quien concibe la palabra “humildad” como carencia, un voto de pobreza para darlo todo por el prójimo. Sin embargo, otros suelen unir el ser humilde a esa corriente espiritual de ser nobles de corazón, de desprendernos de las cosas materiales.

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Ahora bien, no hay que buscar explicaciones complejas a algo tan sencillo, tan elemental. Porque ser humilde no es ser pobre. Además, por supuesto, tampoco es estar afiliados a una determinada religión, corriente o práctica espiritual. Se trata de sentido común: humildad es no creerte más que nadie.

Humildad es creer y practicar la reciprocidad. Por encima de todo, la humildad no se predica, se practica.

Ahondemos un poco más en este concepto.

madurar

Quien predica y no practica

Todos conocemos a algún personaje público que predica la necesidad de ayudar al desfavorecido, de compartir, de propiciar entornos más respetuosos y con más oportunidades.

  • Predican grandes virtudes que no llevan a cabo en privado (mano de obra barata en otros países y en malas condiciones, explotación laboral o llevar un nivel de vida que no se ajusta a lo defendido públicamente).
  • Tampoco hace falta irnos a los contextos de las altas esferas. A nivel personal, todos tenemos a esos amigos o familiares que suelen hablar de cuánto hacen por los demás, de todo a lo que han renunciado…

Hablan de sus grandezas personales cuando, en realidad, lo único que han ofrecido es infelicidad a sus parientes más cercanos.

Es necesario reflexionar sobre ello y tenerlo en cuenta. Cada palabra que digamos en voz alta debe ajustarse a nuestros comportamientos. Debemos actuar en conciencia, en consecuencia y con coherencia.

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Por eso, la persona humilde de corazón es quien de verdad “destila” nobleza de actos, de palabra y de intención. Nos sentimos verdaderamente amparados, respetados e inspirados por su comportamiento.

La humildad puede aprenderse

La psicología positiva, liderada por el psicólogo Martin Seligman, entiende y ve en la humildad un factor indispensable capaz de propiciar la felicidad en nuestras vidas.

Durante mucho tiempo la psicología estuvo orientada a dar respuesta a las enfermedades, a sanar lo patológico… No obstante, gracias a Martin Seligman se fomentó esa necesitada vuelta de tuerca donde invitarnos a “reflexionar” sobre la felicidad, la alegría, el optimismo…

corazon humilde

Todo ello son dimensiones que podemos aprender. Para tener una vida más íntegra y con mayor equilibrio, nada mejor que asumir y practicar determinadas conductas donde esté implícita la humildad.

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Estas serían algunas sencillas estrategias:

  • Reconoce tus errores y ten la madurez emocional de corregirlos para propiciar no solo tu propio bienestar y crecimiento, sino conseguir que, con tu cambio, también hagas llegar felicidad a quienes te rodean.
  • Aprende a valorar lo que es importante en tu día a día. El amor, la amistad, el cariño, el sentido del humor, la empatía o el fomentar tu curiosidad te darán esa felicidad que buscas.
  • No te creas más que nadie o serás menos que ninguno. Lo único que conseguirás es que los demás te eviten.
  • Aprecia las cosas más sencillas y elementales que te rodean. Fija tu atención en el aquí y ahora. Observa, mira a quien está a tu alrededor e intenta aprender de todo lo que te envuelve, incluidas las personas.
  • Sé un buen modelo para tus hijos, enséñales a ser humildes, a entender sus emociones, a conectar con respeto con sus semejantes.