¿Qué son los medicamentos antimicóticos y para qué sirven?

Daniela Castro 1 junio, 2018
Los medicamentos antimicóticos contienen sustancias que tienen la capacidad de inhibir y destruir los hongos que producen infecciones fúngicas. Es primordial usarlos bajo supervisión médica para reducir el riesgo de efectos secundarios.

Hay muchas personas que aún desconocen la importancia de los medicamentos antimicóticos. A pesar de esto, su uso se ha extendido en los últimos años, dado que representan la mejor solución contra algunas de las infecciones más comunes: las causadas por hongos.

En la actualidad se pueden adquirir en diferentes fórmulas y presentaciones, en función del tipo del problema para el cual se deben aplicar. Si bien se encuentran en productos de venta libre, también hay cierta variedad que solo se debe administrar bajo supervisión médica.

¿Cómo se clasifican? ¿Para qué sirven y por cuánto tiempo se utilizan? Muchos aún no han resuelto estos interrogantes. Entendiendo que es muy importante conocerlos, a continuación queremos compartir en detalle su funcionamiento y algunas de las variedades más importantes.

¿Qué son los medicamentos antimicóticos?

Hongos

Los medicamentos antimicóticos son aquellos cuya composición contiene sustancias específicas para inhibir y eliminar el crecimiento de hongos que producen infecciones. También se conocen con el nombre de antifúngicos y son claves para el tratamiento de muchas afecciones comunes.

Es importante considerar que no todos los tipos de hongos son malos para el organismo. De hecho, la actividad de algunos puede resultar beneficiosa. El problema es que varios tratamientos antimicóticos son agresivos y pueden afectar también a estos microorganismos.

Sin embargo, diversas alternativas han mejorado sus fórmulas y hoy en día muchos de sus efectos secundarios se han disminuido. A pesar de esto, su uso debe ser moderado y esporádico, ya que, aunque consiguen aliviar los síntomas, resultan contraproducentes si se utilizan en exceso.

¿Cómo funcionan los medicamentos antimicóticos?

El principal objetivo de los medicamentos antimicóticos es destruir o detener las infecciones que se producen por la proliferación de hongos. Una vez aplicados, estos fármacos tienen la función de reparar esas áreas que fueron atacadas por cada uno de los distintos tipos de hongos.

Sus componentes apoyan el proceso de regeneración celular del organismo y, de este modo, disminuyen los síntomas vinculados a la infección. En función del medicamento que se requiera, el proceso de acción será distinto.

Por ejemplo, cuando se receta clotrimazol, una de las variedades de antimicóticos, los componentes atacan de forma directa el foco de infección. Su uso hace que se formen unos pequeños poros en las células fúngicas.

Otro medicamento antimicótico destacado es el que se conoce como flucitosina. Este se utiliza para las infecciones más graves y sistémicas. Su objetivo es evitar que las células fúngicas continúen creciendo o multiplicándose.

¿Para qué sirven los medicamentos antimicóticos?

La mayoría de los medicamentos antimicóticos se utilizan para aliviar infecciones de hongos en la piel. Sin embargo, también hay algunas variedades que se usan de forma oral o vía intravenosa para combatir problemas más graves como las infecciones sistémicas. A continuación repasamos en detalle sus principales presentaciones y las enfermedades que se suelen combatir con cada una de ellas.

Antimicóticos tópicos

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Se utilizan en su mayoría para tratar las infecciones micóticas de la piel como por ejemplo la tiña de uña, pie de atleta o crecimiento de hongos del cuero cabelludo. No obstante, también se pueden emplear para la candidiasis vaginal, es decir, la infección de la vagina causada por la Cándida Albicans. Este tipo de medicamentos antimicóticos incluyen:

  • Clotrimazol
  • Econazol
  • Miconazol
  • Bifonazol
  • Terbinafina

Este tipo de antimicóticos no suelen causar efectos secundarios. A pesar de esto, se deben suspender en caso de reacciones alérgicas como enrojecimiento, comezón o irritación.

Antimicóticos orales

Se utilizan para tratar los casos más graves de infecciones de piel producidas por hongos. Algunos ejemplos de este tipo de antimicóticos es el fluconazol, que se utiliza para tratar la candidiasis vaginal, y el ketoconazol, empleado para las infecciones de hongos en las uñas y la piel.

Sus posibles efectos secundarios incluyen:

  • Náuseas y vómitos
  • Dolor abdominal leve
  • Diarrea e indigestión
  • Daño hepático
  • Pérdida del apetito
  • Cambios en la micción

Por lo general, estos antimicóticos tampoco se administran en mujeres en etapa de gestación o lactancia.

Antimicóticos por vía intravenosa

Son menos conocidos pero se emplean en medicina para combatir las infecciones fúngicas invasivas. En algunos casos se administran como medida preventiva en pacientes de alto riesgo como los que han sido sometidos a un trasplante de médula ósea.

En este grupo de medicamentos antimicóticos está el llamado amfotericina B, que tiene un efecto tóxico en el cuerpo. Por lo tanto, su administración solo se realiza cuando los beneficios superan los posibles riesgos. Sus efectos secundarios incluyen:

  • Fiebre, escalofríos y temblores
  • Náuseas y vómitos
  • Pérdida del apetito
  • Dolores de cabeza
  • Respiración agitada
  • Daño renal, hepático o nervioso

Productos naturales con propiedades antimicóticas

Dado que el uso prolongado y excesivo de medicamentos antimicóticos no está recomendado, es bueno conocer las alternativas naturales. Se trata de una serie de productos con propiedades que pueden ayudar a controlar y detener el crecimiento de los hongos.

  • Aceite de naranja
  • Aceite de citronela
  • Alicina (ajo machacado)
  • Aceite de coco
  • Aceite de semilla de neem
  • Pachuli
  • Suplementos de selenio
  • Aceite de árbol de té

Los médicos son los encargados de determinar cuáles son los antimicóticos más recomendados para cada infección. Por ende, aunque haya opciones de venta libre, se debe evitar la automedicación.

Bibliografía

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