Megalomanía: jugando a ser Dios

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 24 febrero, 2019
Raquel Lemos Rodríguez · 24 febrero, 2019
La persona que padece megalomanía se concibe como perfecta, por lo que no reconocerá sus defectos, ni tampoco que pueda tener un problema por ser como es.

La megalomanía no se define como un trastorno como tal, pero se enmarca dentro dentro de la descripción del Trastorno Narcisista de la Personalidad. Y la mejor forma de entenderlo es mediante un ejemplo: un megalómano es aquella persona presumida o vanidosa que sobreestima sus propias capacidades. Cree que se puede comer el mundo, tiene delirios de grandeza y no aprende de sus errores.

Cuando una persona se cree que es omnipotente, considera que no tiene límites ni barreras que le impida alcanzar lo que desea, no se cuestiona nunca sus acciones y cree que cualquier señalamiento es solo cuestión de envidia. En otras palabras, el megalómano se ha idealizado a sí mismo y piensa que el problema siempre es de los demás. 

El problema con esto es que la persona no puede ver la realidad como es, sino como ella quiere verla; es decir, hay distorsión del panorama. En casos extremos, la megalomanía puede provocar el aislamiento de la persona. 

La megalomanía y la ceguera

Gustarnos al mirarnos al espejo.

Las ideas delirantes de grandeza y poder crean una falsa realidad. Por ello, la megalomanía enceguece a quien la padece e impide una conexión verdadera con las demás personas. Todo se queda en lo superficial.

Al no admitir ni siquiera críticas constructivas ni dejar margen al cuestionamiento, el megalómano se sitúa en una posición de superioridad con respecto a los demás que, en lugar de atraer, repele a largo plazo.

Los casos más extremos se enmarcan dentro de trastorno narcisista, en el cual, la apariencia física tiene un papel predominante. 

No olvidemos que detrás de cada trastorno siempre hay una o varias causas que aún no se han atendido correctamente. Algún tipo de carencia sufrida en el pasado o algún otro tipo de circunstancia difícil de sobrellevar.

A pesar de los problemas que experimentará en sus relaciones interpersonales por causa de sus absurdas convicciones, la persona megalómana seguirá creyendo que sus ideas son las únicas verdaderas, sin darse cuenta de que en realidad son delirantes.

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¿Cómo son los megalómanos?

Ahora surge la gran pregunta de ¿cómo se identifica a una persona con megalomanía? Además de las breves características expuestas anteriormente, hay ciertos patrones de comportamiento que es necesario señalar:

  • Creen que su poder es ilimitado. Como no aceptan que tienen limitaciones, consideran que pueden conseguirlo todo y que su poderío es absoluto, puro e insuperable. Esta certidumbre provoca que se metan en más de un problema.
  • No aprenden de sus errores, porque para ellos no los cometen. El megalómano considera que es perfecto, por lo que siempre pondrá la responsabilidad de sus equivocaciones sobre otras personas. Él tiene el poder incluso de decidir si el error es suyo o no.
  • Ponen a prueba sus capacidades. Como se sienten omnipotentes, continuamente están poniendo a prueba sus capacidades. Esto puede ser positivo, si no fuese porque consideran que todo lo que hacen está perfecto.
  • Dan una imagen falsa. Ellos no se dan cuenta pero, como narcisistas que son, necesitan dar una imagen idealizada y excelente de sí mismos. Por eso, los demás los ven como personas falsas que no se muestran tal y como son.
  • Les importa, más o menos, cómo reaccionan los demás ante lo que dicen, cómo actúan… La persona con megalomanía tiende a observar el modo en que los demás responden ante sus actos.

Aunque el megalómano sienta una especie de preocupación por cómo lo ven los demás, lo cierto es que siempre intentará darle «la vuelta a la tortilla».

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La culpa no es mía, es tuya

¿No estás de acuerdo con lo que digo? ¿No aceptas lo que propongo? ¿Por qué te muestras contrariado ante mi forma de actuar?

Aunque la persona con megalomanía se haga todas estas preguntas, en realidad no le importa nada lo que puedan pensar los demás. Ella siempre tendrá la razón. Por ende, creerá que es el resto el que está equivocado, el que mira las cosas de la manera menos correcta.

El megalómano piensa que su realidad es la única que existe. La parte más negativa de todo esto es que las personas con megalomanía no saben que tienen un problema. De igual manera, el resto de personas tan solo ven a una persona narcisista, que se cree Dios y que considera que está por encima de todo y de todos.

Una visita a un profesional puede ayudar a dar con el correcto diagnóstico y tratamiento. 

  • Cuypers, S. E. (2013). Moral Shallowness, Metaphysical Megalomania, and Compatibilist-Fatalism. Ethical Theory and Moral Practice. https://doi.org/10.1007/s10677-011-9318-3
  • Katunarić, V. (2009). Building sociological knowledge within and across disciplinary boundaries: Megalomania vs. modesty? Innovation. https://doi.org/10.1080/13511610903075795