Mentiras peligrosas que nos decimos a diario

Aunque nos parezcan inofensivas porque no tienen mayor recorrido, lo cierto es que hay determinadas mentiras peligrosas que pueden poner en riesgo nuestro bienestar emocional mediante un autoengaño constante

Socialmente parecen aprobarse determinadas mentiras, aquellas que denominamos “piadosas. Pero ¿qué ocurre cuando en lugar de mentir a los demás, nos mentimos a nosotros mismos? Estas son mentiras peligrosas consideradas como autoengaño.

Autoengañarse es mucho más habitual de lo que en un principio pueda parecer. Sin embargo, pocas son las personas que se percatan de este hecho.

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Por ese motivo, hoy vamos a arrojar luz sobre algunas mentiras peligrosas que nos dedicamos a diario y de las que no somos para nada conscientes.

Seguro que nos sorprenderá lo mucho que normalizamos este autoengaño.

1. Mañana será otro día

Mujer procrastinando

Esta es una de las primeras mentiras peligrosas más utilizadas, ya que es casi un comodín. Podemos emplearla cuando tenemos un día malo, cuando deseamos postergar una tarea o cuando queremos dejar un hábito.

Aunque existen otras fórmulas como “mañana lo dejo” o “mañana lo hago”, en esencia, es lo mismo. Creemos que mañana será otro día. Un nuevo día para empezar con nuevos propósitos, con mayor fuerza y motivación.

Sin embargo, llega ese nuevo día y todo continúa siendo lo mismo. ¿Por qué? Porque, como bien dice el refrán,“no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

  • Si queremos dejar de fumar, hagámoslo desde ahora.
  • Si deseamos encontrar la motivación suficiente para ir al gimnasio, tomémonos unos minutos ¡y pongámonos en marcha!

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En el caso de que queramos ponernos un tiempo límite para hacer algo, es mejor que este no supere un día. Porque, si no, estaremos procrastinando y la procrastinación puede convertirse en un bucle infinito.

2. ¡Nunca lo hubiera imaginado!

Mujer con venda en los ojos autoengañándose

Esta es otra de las segundas mentiras peligrosas que nos decimos a diario y que provocan que no nos demos cuenta de determinadas cosas que suceden a nuestro alrededor.

¿Cómo es posible que no hubiésemos sabido que nuestro hijo tenía una profunda depresión y pensaba en el suicidio? ¿En qué momento a mi mejor amigo le maltrataba su pareja?

No hay más ciego que el que no quiere ver y así podemos comprobarlo en múltiples situaciones cotidianas. Tendemos a negar determinadas cosas que no nos gustan o no queremos aceptar.

Esto ocurre porque no queremos que la imagen que tenemos de una persona se manche o porque no queremos salir de nuestra zona de confort, así que preferimos creer que todo está bien.

Es como ponernos una venda sobre los ojos.

3. ¡Tú me has amargado el día!

Hombre culpando a otro, proyección psicológica

La tercera de las mentiras peligrosas que nos dedicamos a diario está demasiado extendida. Es lo que conocemos como proyectar en los demás nuestros propios problemas.

Por ejemplo, durante una discusión acalorada podemos decirle a la otra persona que nos ha amargado el día. Sin embargo, una discusión, por muy fuerte que sea, no tiene tanto poder, a menos que se lo demos nosotros.

Somos nosotros quienes gestionamos nuestras propias emociones. Crees que otra persona tiene el poder de hacernos sentir bien, mal o de amargarnos significa que estamos haciéndole sentir culpable de algo que es solo responsabilidad nuestra.

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Recordemos que una misma situación repetida en dos días del mes diferentes provoca una reacción distinta en nosotros. Esto es porque nuestro estado de ánimo no será el mismo.

Si estamos más estresados, puede que gritemos, chillemos y nos pongamos muy alterados si discutimos con alguien. En cambio, si estamos tranquilos, abordaremos la situación desde otra manera.

Como podemos ver, la manera en la que se desenvuelve la circunstancia en la que nos vemos sumergidos es la misma, pero lo que esta nos hace sentir es responsabilidad nuestra.

4. El mundo es de luz y color

La cuarta y última de las mentiras peligrosas que nos decimos a diario es lo que denominamos “falso optimismo”. Una máscara que nos ponemos para evitar ser realistas.

Ser optimistas no implica taparse los ojos y no ver lo negativo, lo malo, lo horrendo que en ocasiones sucede en el mundo. Ser optimista es una actitud. No obstante, es imposible estar siempre alegre, feliz, contento.

Si esto sucede, nos encontramos practicando un falso optimismo. Nos encontramos dentro de una burbuja irreal que nos impide discernir entre lo bueno y lo malo.

Debemos tener siempre una actitud positiva y resiliente. No obstante, lo que no podemos es sumergirnos en un mundo lleno de luz y color que tan solo existe en nuestra mente. Porque la realidad está ahí fuera y es la que prevalece.

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¿Cuáles de estas mentiras peligrosas te dices a diario? ¿Has detectado que algunas personas de tu entorno se recrean en unas más que en otras?

Ser conscientes de todas ellas nos permitirá alejarnos del autoengaño, hacernos responsables de nosotros mismos y experimentar la vida de una manera más saludable.