Mi hijo no quiere dejar los videojuegos

Los videojuegos son ciertamente fascinantes para niños y adolescentes. Estimulan y retan sus habilidades. Pero también pueden ser adictivos.

Mi hijo no quiere dejar los videojuegos. Ese es el grito desesperado de cada vez más madres y padres que no logran que sus hijos se despeguen del computador y lleven una vida normal.

Las discusiones entre padres e hijos por el tiempo que se invierte en el computador ha pasado a convertirse en una rutina diaria. Al mismo tiempo, el número de niños y adolescentes adictos a los videojuegos va en aumento.

Como toda adicción necesita tratamiento psicológico. Sin embargo, como padres, podemos advertir algunas señales para detectar si nuestro hijo no es capaz o no quiere dejar los videojuegos. Así, podremos tomar medidas antes de que la situación se nos vaya de las manos.

Videojuegos para niños: ¿son seguros?

Roblox, la plataforma de videojuegos para niños y adolescentes de moda, protagonizó una noticia que se hizo viral. En uno de los juegos tuvo lugar la violación del avatar de una niña de 7 años por otros dos usuarios.

La plataforma permite a los usuarios crear juegos y mundos virtuales. Además, garantiza que tiene estrictos filtros para resguardar a los niños y adolescentes que juegan en todo el mundo.

Sin embargo, reconocen el creador del juego que en el caso de la violación se logró burlar los sistemas de seguridad.

La madre de la niña, Amber Petersen, contó en Facebook, que una mañana vio a su pequeña conmocionada mientras miraba la pantalla. Al acercarse vio al personaje femenino de su hija siendo violada. A pesar del asco y el remordimiento que sintió, logró hacer las capturas de pantalla necesarias para hacer la inmediata denuncia.

La plataforma, que tiene 40 millones de juegos en línea, es la favorita de más 60 millones de niños y adolescentes que juegan activamente. Aunque es reconocida por su seguridad, quedó en evidencia que en los videojuegos por Internet nada es 100% seguro.

Efectos de los videojuegos en los niños

mi hijo no quiere dejar los videojuegos

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños no deberían jugar más de dos horas al día a videojuegos a partir de los 6 años. De hecho, jugar a videojuegos sin excederse pueden reportar beneficios en varios sentidos.

Lo importante es que el tiempo que se les dedica no debería acaparar tiempo del que se invierte en actividad física o en descansar y dormir.

Sin embargo, el problema comienza cuando hay un descontrol del impulso. En este caso, podrían tener consecuencias psicológicas.

Los patrones neuronales que muestran los adictos a los videojuegos indican que hay un desequilibrio en el sistema de recompensa cerebral. Lo que no es muy diferente a otros trastornos adictivos.

Asimismo, en los casos en los que hay una exposición sostenida al contenido violento de algunos videojuegos, se pueden desencadenar procesos de desensibilización. Estos procesos afectan a regiones del cerebro vinculadas con el control de las emociones y los procesos de atención y concentración.

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La responsabilidad de los padres

Los niños del siglo XXI viven rodeados de tecnología. Esta es una realidad indiscutible.

Sin embargo, ello no justifica que no podamos controlar a qué edad nuestros hijos acceden a los distintos dispositivos electrónicos. También deberíamos preocuparnos de qué contenidos consumen y cuántas horas invierten frente a la pantalla.

Y es que, ¿cómo puede extrañarnos que desarrollen una adicción? Si desde edades cada vez más tempranas usan teléfonos inteligentes o tabletas. Si a diario están pegados un creciente número de horas a la pantalla, saltando de un juego a otro, sin saber a qué tipo de juegos juegan. Así, no es raro que no quieran dejar los videojuegos.

Los padres somos los responsables de evitar que el gusto por los videojuegos se salga de control y afecte a la vida normal de niños y adolescentes. Desde que tienen el primer dispositivo en sus manos, tenemos que ser capaces de establecer normas claras y firmes. Estas deberían abarcar aspectos como: cómo y cuánto se usa la tecnología y qué tipo de contenidos están autorizados.

Sin embargo, no solo se trata de dar normas y supervisar, también hay que dar buen ejemplo. Revisemos si cada vez que nuestro hijo necesita contarnos algo o quiere jugar con nosotros, nos encuentra absortos frente a la pantalla del computador o del teléfono móvil. Las normas no funcionarán si no van acompañadas del buen ejemplo.

Señales de alerta

Cuando tu hijo que no quiere dejar los videojuegos pueden aparecer alguna de las siguiente señales. Entonces, es momento de tomar medidas antes de la situación escape de tu control y ponga en riesgo la estabilidad de tu hijo.

  • Muestra una preocupación inusual por el juego cuando está lejos de la consola o del computador. Solo habla del juego.
  • Cuando no está jugando tiene cambios de humor, desánimo, agresividad, tristeza o está a la defensiva.
  • Cada vez dedica más tiempo a la necesidad de jugar.
  • Pierde interés en jugar con otros niños, en sus aficiones o en relacionarse con los amigos. Se aísla.
  • Cuando intenta parar o reducir el tiempo que dedica a los videojuegos, no lo logra.
  • No reconoce o miente sobre las horas que dedica a jugar.
  • Es capaz de no dormir, no comer o de no asearse con tal de estar más minutos ante la pantalla.
  • Aparecen las malas calificaciones y el desinterés por los estudios. Jugar unos minutos antes de estudiar se convierte en horas de juego sin parar.
  • Ante un momento difícil, tu hijo vuelca toda su energía sobre el videojuego. Tampoco habla, ni quiere discutir. Utiliza el juego para escapar de la realidad.

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No quiere dejar los videojuegos: ¿qué hago?

amigos jugando a videojuegos

Cuando un niño o adolescente no quiere dejar los videojuegos, hay que tomar algunas medidas por su bienestar.

No obstante, ten en cuenta que las discusiones o imposiciones no tienen porqué ser más efectivas que un acuerdo mutuo. La negociación debería ser la herramienta para establecer límites y normas claras. Además, estas deberían hacerse valer con amor y firmeza.

  • Saca la consola o el computador de la habitación. Debe estar ubicado en un espacio común que puedas supervisar.
  • El tiempo para el videojuego viene después de haber cumplido con sus deberes escolares y responsabilidades en el hogar.
  • Acuerda con tu hijo cuántas horas de videojuegos va a tener al día. Puedes comenzar por un período más holgado que luego irás reduciendo poco a poco.
  • Avísale de que le quedan 15 minutos para jugar, luego 10 y ya solo 5 minutos, para que no le tome de sorpresa el fin del período acordado.
  • Enséñale como guardar las partidas. Para un niño que ha hecho un gran esfuerzo para pasar de un nivel a otro, es difícil dejar el juego.
  • Restringe el uso de juegos no acordes a su edad o con un alto contenido de violencia.
  • Fomenta otras actividades para sustituir el tiempo que dedicaba al videojuego. Puedes animarlo a practicar deportes o actividades artísticas o sociales que le permitan relacionarse con niños o adolescentes de su edad.
  • Implementa actividades en familia. Comparte tiempo de juego con tus hijos, desde un videojuego o juego de mesa, hasta salir a jugar a un parque.
  • Establece con tu hijo cuáles son las sanciones que aplican cuando incumple alguno de los acuerdos. Puede ser una hora menos de juego o un día sin jugar. Sé firme cuando te toque aplicar la sanción.

Reflexión final

Si después de haber acordado la fórmula para controlar el tiempo frente al videojuego, notas que no puede controlarse, quizás estés frente a una adicción. Lo mejor que puedes hacer es buscar el apoyo de un especialista.

Un niño o adolescente que no quiere dejar los videojuegos se expone a serias consecuencias. Estas pueden afectar tanto a su salud física, como emocional y mental. Como padres debemos ayudarlos a superar este problema. No dudemos: su seguridad depende de la adecuada supervisión de los padres.