Mi pareja no me ayuda en casa

16 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la filósofa y sexóloga Isbelia Esther Farías López
Si mi pareja no me ayuda en casa puede deberse a múltiples factores, algunos de ellos, relacionados con su educación. Te contamos todo lo que debes saber para revertir esta situación en el próximo artículo.
 

La falta de colaboración es un problema de convivencia muy común en las parejas. Por ello, la frase de “mi pareja no me ayuda en casa” puede que a muchas no les resulte extraña. El cansancio y la frustración son características principales de esta situación.

Anteriormente, esto se justificaba porque el hombre era quien se encargaba de proveer los ingresos, mientras la mujer permanecía en el hogar. Sin embargo, hoy en día la mayoría de las mujeres se han incorporado al mercado laboral y ya no tienen por qué hacerse cargo del cuidado del marido, los niños y la casa de manera obligatoria.

Aunque en la actualidad se habla mucho de la igualdad de género, lo cierto es que aún hay puentes colgantes que cruzar. Y, por desgracia, aún hay hombres que consideran que no deben mover ni un dedo en lo que respecta a las tareas del hogar (por ejemplo) y que es ella, su pareja, quien debe hacerse cargo.

¿Por qué mi pareja no me ayuda?

¿Por qué mi pareja no me ayuda a limpiar?

Nuestra diferencia de percepción acerca de las responsabilidades está distorsionada por nuestra historia personal, la desigualdad entre hombres y mujeres y las expectativas con las que llegamos al matrimonio. Existen muchas razones por las que puedes asegurar que “mi pareja no me ayuda en casa”:

 
  • Crianza de dependencia: un hombre cuya madre se hacía cargo de absolutamente todas las tareas del hogar no asimila que deba colaborar en nada. No lo entiende porque sus perspectivas con respecto al matrimonio eran que su mujer hiciera lo mismo que su progenitora.
  • “Superesposa”: en ocasiones, el hombre no toma parte en las labores de la casa por culpa de la misma mujer, que se niega a recibir ayuda de su pareja. Esto puede deberse también a la causa anterior, pero a la inversa, ya que es ella la que reproduce el comportamiento servilista y dependiente que vio en su propia madre.
  • No sabe cómo hacerlo: esto puede sonar a excusa y quizás la mayoría de las veces sea así. Sin embargo, en muchos casos, el hombre no ayuda porque no sabe hacerlo. Cuando quiere poner de su parte termina provocando un caos peor que el que quería arreglar.
  • Machismo: aunque la sociedad haya avanzado en materia de roles de género, no lo ha hecho a la misma velocidad en la mente de algunos hombres. Hay quienes siguen aferrados a la idea de que lavar un plato les quita masculinidad. Otros se creen una especie de “reyes” que solo deben llegar a su casa para ser atendidos.

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¿Qué hacer?

Si estás cansada mental y físicamente por la falta de colaboración de tu pareja, es hora de que tomes medidas al respecto. Te presentamos algunos consejos:

  • Enfréntalo: pregúntale a tu pareja qué la detiene y por qué no pone empeño en sacar adelante a su familia en un aspecto tan importante como mantener orden en el hogar.
 
  • Busca el fuerte: cada persona es un mundo y a cada uno se le da bien una cosa distinta. Por ejemplo, algunas mujeres no suelen ser muy buenas en la cocina y algunos hombres no valen para poner una lavadora. Hay que buscar quién es el mejor en cada tarea.
  • Lista de quehaceres: realizar un listado de tareas en el hogar dividido por días podría resultar perfecto para que el más olvidadizo recuerde sus responsabilidades.

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Entrénalo para que te ayude

mi pareja no me ayuda

Como te explicamos, la causa no siempre puede ser la falta de interés por parte de tu pareja: su método de crianza y tu propia actitud dependiente quizás sean los motivos por los que él no tenga ni idea de cómo hacer absolutamente nada. Por ello, es hora de entrenarlo.

Asígnale tareas básicas, como barrer, lavar los platos, eliminar las telarañas de las partes más altas de la casa o sacar la basura todos los días. Es importante que no lo critiques. No le mires todo el tiempo para ver qué hace mal y reñirlo. En su lugar, enséñale a perfeccionar las cosas que no sepa hacer del todo bien.

 

Si quieres un cambio, tendrás que dar el primer paso. Si aún así su actitud no cambia, dale un ultimátum: no eres su criada ni su esclava. No permitas que te trate como tal ni dejes que pisotee tu dignidad y amor propio.

  • Wigdor, Gabriela Ward. (2016). AFERRARSE O SOLTAR PRIVILEGIOS DE GÉNERO: SOBRE MASCULINIDADES HEGEMÓNICAS Y DISIDENTES. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1870576616300058