Nuestros miedos no evitan la muerte, frenan la vida

La vida tiene baches, altos y bajos, que forman parte de nuestro crecimiento personal. Al aceptar nuestros miedos y limitaciones conseguiremos avanzar, porque nuestros peores enemigos se habrán convertido en nuestros aliados

Son demasiadas las veces en las que somos nosotros mismos los que le ponemos la zancadilla a nuestra vida. “No haré nunca esto”, “No podré con ello”, “Este camino está muy oscuro”, “Hay cosas que no están hechas para mí y debo resignarme”.

Tras todas estas frases se esconden excusas, miedos y puntos finales. Somos nosotros los que no nos permitimos seguir, los que le ponemos el freno a nuestra vida. Son nuestros ojos los que se cierran y nos bloquean el paso.

No nos comprometemos más allá de las pastillas de nuestros frenos y, como consecuencia, nos atamos de por vida a nuestros miedos. De este modo nos volvemos mucho más locos e irracionales de lo que queríamos evitar y, entonces, perdemos el control…

Señor destapando el cielo oscuro

El camino más largo es quedarse quieto

Cuando sientes que quieres algo primero tienes que visualizarlo, verte y quererte ahí, consiguiéndolo, palpándolo. Pero esto son solo palabras que hay que convertir de pensamientos a emociones; o sea, trasladar de la mente al corazón.

Si contemplas tu camino siendo pesimista, envolverás el recorrido de negrura, te dará miedo, te paralizará. Por eso, el sendero más largo es aquel que tememos transitar. Son pasos que no nos atrevemos a dar, que se quedan en nuestra mente y que nos cansan.

Nos agota estar de pie, porque el movimiento solo se demuestra andando y eso nosotros, en el fondo, lo sabemos. Podemos creer que estamos haciéndolo todo, pero solo nos hemos preocupado de disponer nuestra inmovilidad, nuestro fracaso.

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Pero lo humano es moverse. Quedarse quieto es para las piedras. Si te desilusionas y te rindes antes de tiempo, pierdes. Es así de sencillo.

Anciana sosteniendo una flor

Tememos a la incertidumbre porque estamos enfermos de certeza. Necesitamos tenerlo todo atado y reatado. Planeado, muerto. Muerto porque la vida no existiría sin casualidades, sin serendipias, sin azar.

Lo cierto es que como “todo” nos da tanto miedo, no nos logramos enfrentar a lo que nos da la vida y nos llena de ganas y energía. Y lo cierto es que lo único que tenemos que superar es un cruce de caminos.

A un lado todo lo que anhelamos, al otro todo aquello que tenemos. Y, en el medio, nuestros miedos.

Dos caminos divergían en un bosque y yo tomé el menos transitado de los dos; eso fue lo que cambió todo…

 -Robert Frost-

La cima del mundo

El lugar más alto del mundo comienza a liberarse de la niebla espesa una vez que comprendemos que estábamos equivocados y que todo lo que tenemos hoy no es aquello que puede sostener nuestra vida.

Hombre mayor montado en una cigüeña

Alguien dijo una vez que todo lo bueno de la vida nace de un salto al vacío. De un momento de inconsciencia consciente, de un impulso, de un “ya no puedo más”. Pero este solo es el modo choque y no a todos se nos llegan a mover las entrañas de esa forma.

Así que lo normal es que nos quedemos mirándonos al espejo y contemplando la vida pasar mientras pensamos aquello de “si me atreviera…”. De esta forma acabamos desconociendo la vida y refrenando nuestros impulsos: por el qué dirán y por el qué diré.

A veces no se tiene el viento a favor, pero hay que seguir remando

Meter en una caja nuestros sueños no funciona para nada. Los sueños no son algo que haya que saborear poco a poco. Hay que entregarse a ellos, hacerlos propios y mantenerlos dentro.

Ya hemos perdido la cuenta de las veces que las cosas se nos han ido de las manos, de los miedos que nos frenan, de las injusticias y de las penas. Conocemos el dolor y el sufrimiento de no lograr aquello que anhelábamos, pero también sabemos que, en el fondo, no hay nada que justifique no haberlo intentado.

Bien es cierto que los extremos no están hechos para aquellos que viven a medias, pero vivir sin límites embruja. Sentirse libre es pura magia, la única droga que no rompe sueños y que, a la vez, arrastra con ella el sinsentido del sentido común.

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Mujer con barcos de papel

Cuando menos te lo esperas todo sale bien

Tarde o temprano la vida siempre nos acaba dando una explicación, un porqué sobre aquello que no nos salió bien, que no nos llegó. Acabamos aprendiendo que, aunque no hay que esperar sentados a que todo ocurra, la paciencia es una fuente infinita de resultados cuando las circunstancias no acompañan.

Es decir, que al final podremos alcanzar la esperanza de que todo llega, aunque no sea en el momento que lo esperábamos o de la forma en la que queríamos que sucediera. Porque tropezar no es ser humanos, tropezar es solo recorrer nuestro sendero.

Solo estamos listos para seguir adelante cuando comprendemos que la única forma de avanzar es dejar de mirar hacia el suelo y hacia atrás.

 Superar nuestros miedos no es arriesgarse, pero en la vida hay que sembrar para que algo crezca y permanezca. Con cada paso llega la incertidumbre y con la ausencia de certeza asoma el mismo abismo que nos dio vértigo un día.

mujer feliz

Pero necesitamos del dolor y del desgaste para poder tener un motivo, para dejar de oxidar nuestros sueños y para aprender a digerir todo aquello que en otro tiempo llamaríamos fracaso. Entonces, cuando todo llegue comprenderemos que el éxito no solo lleva el nombre del afortunado, sino que también lleva el del valiente que se deja la piel cada mañana.

Y es que el esfuerzo a veces es así, injusto; pero insisto en que el éxito lleva su nombre tatuado en la piel. Porque a veces no es posible forzar la realidad y eso mismo hace que nos sintamos estancados y nos reprochemos que cada día el amanecer viene acompañado por la incertidumbre.

En definitiva, que todo sigue si tú sigues. Es la única manera de salir adelante. Tú y tus miedos, juntos, en amor y compañía. Ellos son retos que ya conoces y que aún tienes que explorar.

Ahora ya sabes, ignóralos, déjalos ir y no te escudes en que te falta el aire.

Tú eres quien decide contar hasta tres, recargar tus pulmones y sentir cómo el oxígeno recorre tu cuerpo. Recoge la gota que iba a colmar el vaso y mueve tu barco todo a estribor. Haz lo que quieras, pero no te permitas ahogarte.