Miles de personas están deprimidas sin saberlo: descubre si es tu caso

Si nada de lo que hacemos nos llena, si sentimos una apatía constante y, de un día para otro, nuestros problemas comienzan a derivar en dolores físicos es posible que estemos deprimidos

El dato, sin duda, puede parecernos algo contradictorio: hay personas profundamente deprimidas que no son conscientes de su realidad interna.

No perciben el peso de sus emociones negativas ni esa contradicción psicológica que se arremolina como un ovillo en sus mentes.

Sin embargo, es una realidad evidente a la que se enfrentan muchos psicólogos y médicos de atención primaria cuando deben tratar síntomas secundarios asociados.

El dolor muscular, el mal humor, la rabia, el odio hacia uno mismo, los cambios de humor o el desprecio hacia todo lo que les envuelve son síntomas relacionados con la depresión.

Las personas intuyen que algo ocurre, que la vida parece a instantes desafinada y extraña, que todo discurre en la dirección opuesta a lo que uno espera.

Sin embargo, seguimos avanzando. Lo hacemos porque las personas disponemos de adecuados mecanismos de defensa mediante los cuales, adaptarnos a la fuerza.

Así, silenciamos emociones, ahogamos amarguras, disolvemos el estrés con la ansiedad, y la ansiedad, a su vez, con múltiples dolores psicosomáticos.

Nos puede sorprender pero es un hecho: la depresión encubierta existe y la sufren en silencio miles de personas sin saberlo.

A continuación, te explicamos cuáles son las principales características de esta compleja situación.

Las personas deprimidas desarrollan su indefensión y su malestar de forma lenta y progresiva

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Gran parte de las depresiones no tienen un desencadenante puntual y objetivo, como puede ser una pérdida, una ruptura afectiva o el hecho de tener que vivir con una situación de desempleo.

  • Lo más complejo es que las personas más deprimidas son las que, a simple vista, lo tienen “casi” todo para estar felices: una familia, un techo, un empleo…
  • Los psicólogos nos indican a menudo que los sentimientos depresivos crecen como la mala hierba en un jardín hermoso: llega un día en el que lo cubre todo con su maleza espesa, con sus espinas y feos arbustos.
  • Es una combinación sutil donde se entremezcla la insatisfacción, la letargia emocional, la sensación de estar perdiendo el control sobre nuestra vida.

Notamos que apenas hacemos nada de lo que nos gusta porque las obligaciones nos superan un día sí y otro también…

Casi sin darnos cuenta, hemos normalizado tanto estas sensaciones negativas que esa otra que nos es ya cotidiana y esperable, por lo que dejamos de reaccionar ante ella.

Ahí surge el problema…

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La mayoría de los síntomas no los relacionamos con una depresión

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Vamos a los centros de atención primaria porque estamos agotados, sin energía.

El médico, como es normal, nos hará un análisis de sangre y, tras ver los resultados, nos dirá que no tenemos nada malo, y que basta con mejorar la dieta, descansar y tomar vitaminas.

  • A los pocos meses volvemos porque nos duelen mucho la espalda. El médico, entonces, nos recomienda acudir a un fisioterapeuta.
  • Sin embargo, al poco pedimos cita de nuevo porque padecemos insomnio y mucho nerviosismo. Es entonces cuando nos recetan benzodiacepinas.
  • Finalmente, y ante la recomendación de dejar el tratamiento de estos psicofármacos para evitar la dependencia, el médico nos envía a un psiquiatra que hará el diagnóstico final: depresión.

Lo más probable es que, hasta que llegamos hasta ese diagnóstico final y acertado, suelan pasar entre 1 y 2 años de media sin que la persona sepa realmente qué le ocurre.

Una realidad muy compleja a la que le deberíamos prestar más atención.

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Las personas deprimidas no aceptan su estado

La palabra depresión no asusta. Lo que genera ante todo es rechazo, tanto por la persona que la parece como por parte de la sociedad y del propio entorno.

  • Somos ese mundo que aún sigue pensando aquello de que “las personas deprimidas están tristes, y que no es más que una actitud débil y derrotista al no saber encarar las cosas de otro modo”.
  • Pensar esto es un error. La depresión, en cualquiera de sus formas, es una enfermedad que debe tratarse de forma multidisciplinar, es decir, mediante fármacos, psicoterapia y un adecuado apoyo social.
  • Sin embargo, cuando una persona recibe su diagnóstico, siente cómo el mundo de pronto se detiene y todo cambia.
  • Asumir el problema real les obliga a tener que afrontar esos demonios internos, esos vacíos, ese tejido roto del corazón y a poner orden en esa mente obsesionada en esconder emociones.

Deben hacer como si nada ocurriera para seguir siendo funcionales.

Asumir la depresión no es fácil para nadie; no obstante, llegará un instante en que nos seguirá imposible seguir avanzando.

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¿Cómo reconocer que estoy sufriendo una depresión?

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Los psicólogos tienen unos puntos clave que les orientan a la hora de poder establecer un posible diagnóstico.

Estas son las señales principales:

  • Insomnio
  • Apatía
  • Cambios constantes de humor
  • Indefensión, sensación de que, haga lo que se haga, nada va salir bien.
  • Sensación de que no se tiene el control sobre nada.

Estos son, sin duda, los factores más recurrentes. A ellos se les sumarían otros más graves que no suelen pasar desapercibidos para el propio paciente, como son las autolesiones o los pensamientos relacionados con el suicidio.

Aprendamos por tanto a identificarlos lo antes posible y a pedir ayuda.

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