Mononucleosis en niños

19 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto
La mononucleosis en niños puede presentarse desde los 6 meses de edad, aunque esto es poco frecuente. En la mayoría de los casos no reviste peligros o complicaciones.
 

La mononucleosis en niños menores de 15 años no es muy frecuente, pero puede ocurrir de manera ocasional. Lo usual es que esta enfermedad se presente en personas que están en un rango de entre 15 y 25 años, aunque no se descarta apariciones fuera de ese intervalo.

Puesto que se trata de una enfermedad infecciosa, no es fácil detener el contagio de la mononucleosis en niños, en especial si son pequeños. Esta patología puede aparecer desde los 6 meses de edad, aunque resulta más graves si es contraída por un adolescente o un adulto.

¿Qué es la mononucleosis en niños?

Se trata de una enfermedad infecciosa, casi siempre benigna, que se resuelve por sí sola. Afecta, por lo general, a niños en edad escolar, adolescentes y adultos jóvenes. La mononucleosis en niños preescolares no es muy común, y si tiene lugar, rara vez presenta síntomas.

Se estima que el 95 % de los adultos entre los 35 y los 40 años ya han sido contagiados de esta enfermedad en algún momento de su vida. Algunos ni siquiera lo saben, ya que las formas asintomáticas existen y pasan desapercibidas. Sin embargo, el virus se queda en el cuerpo en estado de latencia.

La mononucleosis en niños tiene mayor prevalencia en regiones donde las condiciones de higiene son deficientes, lo que favorece la propagación del agente infeccioso. Lo habitual es que se padezca una sola vez en la vida. A pesar de ello, el virus puede reactivarse, en particular en pacientes que se someten a un trasplante.

 
Niña con placas en la garganta
La mononucleosis es una enfermedad infecciosa que puede pasar desapercibida o generar un cuadro gripal fuerte

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¿Cómo se contrae?

A la mononucleosis también se le conoce como la enfermedad del beso. Si bien un beso puede ser una vía de contagio, no siempre se transmite de este modo. Al igual que otras patologías virales, se difunde a través de la saliva.

Esto quiere decir que la tos, los estornudos, y en general, un contacto estrecho, facilitan la transmisión. Los objetos que contengan saliva también pueden contagiar. Los niños tienden a compartir pajillas, botellas de agua y comida, lo cual es un factor de riesgo.

La mononucleosis es provocada, en el 90 % de los casos, por el virus de Epstein-Barr. Un 7 % de las infecciones son causadas por el citomegalovirus. El origen, en el porcentaje restante, es el Toxoplasma gondii.

El virus de Epstein-Barr (VEB) pertenece a la misma familia del herpes, y como suele ocurrir con este tipo de microorganismos, pueden permanecer mucho tiempo en el organismo en estado de latencia, sin ocasionar ningún síntoma. Sin embargo, una persona asintomática sí puede contagiar la enfermedad.

Manifestaciones de la mononucleosis en niños

 

Es muy raro que un niño pequeños presente síntomas de la enfermedad, o que estos sean severos. Si hay manifestaciones, las más comunes son las siguientes:

  • Fiebre.
  • Dolor de garganta.
  • Parches blancos en la parte posterior de la faringe.
  • Inflamación de los ganglios linfáticos en cuello, ingle y axila.
  • Sensación de cansancio o fatiga.

En algunas ocasiones, tales síntomas pueden ir acompañados de otros como escalofríos, dolor de cabeza, párpados hinchados, inflamación del hígado y del bazo. A largo plazo, la anemia es una complicación sintomática más derivada de la infección.

La mononucleosis en niños puede llevar a complicaciones muy severas, pero esto ocurre rara vez. Podría provocar meningitis, síndrome de Guillain-Barré, miocarditis, trombocitopenia y orquitis. En muy contadas ocasiones genera insuficiencia hepática.

Niña en la cama con gripe
La fiebre y los ganglios inflamados son característicos de la mononucleosis en la edad pediátrica

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¿Qué hacer ante el diagnóstico?

No existen vacunas ni medicamentos específicos para tratar la mononucleosis. Por lo tanto, el tratamiento se orienta a paliar los síntomas.

Lo usual es que la enfermedad remita por sí sola en un período de tres a cuatro semanas. Algunos síntomas como la fatiga y la fiebre podrían permanecer por una semana más.

 

El médico indicará cuáles fármacos se le deben dar al niño. Se suelen administrar analgésicos y antiinflamatorios. Si surgen complicaciones, es posible que también se receten corticoides, según el caso.

Lo más indicado es aplicar medidas de aislamiento para el niño, mantenerlo bien hidratado y en reposo, en especial en la fase aguda de la enfermedad. Se deben evitar los deportes de contacto y la actividad física durante al menos tres semanas.

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