Mujeres besadoras de sapos, la trampa del “te voy a cambiar”

Raquel Lemos Rodríguez · 20 abril, 2017
Si tu pareja te dijera aquello de “te voy a cambiar” seguro que te enfadarías y querrías mantener tu esencia. ¿Por qué no respetamos la misma cuando es el caso contrario?.

“Te voy a cambiar”. ¿Te suena esta afirmación? Seguro que sí, ya que muchas más veces de las que pensamos intentamos hacer esto con los demás.

Pero, sin duda, es en la pareja donde más nos empecinamos en llevarlo a cabo. No obstante, si lo conseguimos, mal, y si no lo logramos, peor.

¿Quieres descubrir el por qué de esta incoherencia?.

Te voy a cambiar, pero el resultado no me gusta

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Las mujeres besadoras de sapos se encuentran con personas que, por ejemplo, pueden tener una adicción al alcohol o al tabaco, están muy apegadas a sus padres, son personas vagas, etc.

Estos son algunos perfiles con los que este tipo de mujeres, y hombres, se tropiezan una y otra vez con el fin de conseguir una gran hazaña: te voy a cambiar.

Para ellas este es un gran objetivo, todo un reto. Si lo logran piensan que se van a sentir muy bien.

¿Qué ocurre cuándo la persona se resiste al cambio? Hay malentendidos, muchas discusiones, pero sigue existiendo una esperanza de que todo esto cambie.

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Por eso, la relación puede mantenerse durante un largo periodo de tiempo, al menos, lo que “el sapo” aguante. Porque la mujer besadora de sapos no se cansará hasta que consiga lo que quiere.

No se dará por vencida.

Sin embargo, si consigue cambiar al sapo sucederá algo imprevisto y es que, en algunos casos, la mujer le echará en cara que siempre tiene que decirle lo que tiene que hacer, que si no es por ella él no cambia, que no tiene capacidad de decisión… .

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Entonces, la mujer besadora de sapos se cansa del sapo y lo deja. Ha cumplido su cometido, pero no la ha llenado y su frustración la proyecta sobre ese sapo tan manipulable.

En realidad, a esta mujer le gusta la resistencia y vivir en esa esperanza del “te voy a cambiar”.

Modelar a nuestro gusto

Todos nos encontramos con sapos a los que deseamos cambiar. De hecho, es una constante en nuestra vida.

Si queremos a alguien, si empezamos a sentirnos atraídos, en vez de soltar, si hay cosas que no nos gustan o que no compartimos con el otro, nos aferramos y luchamos con el fin de que todo funcione, aún a costa de cambiar.

¿De verdad crees justo que alguien intente modificar a otra persona para que puedan encajar bien?.

Piensa en un rompecabezas, seguro que alguna vez has hecho alguno. ¿Qué ocurre cuándo una pieza no encaja?, ¿La cortas? ¿La metes a la fuerza?, ¿La recortas para que coincida?.

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La verdad es que no. Optas por seguir buscando la que mejor coincida en ese hueco. Pues así deberíamos proceder con las personas.

Si tú fumas y eso no me gusta y es un límite infranqueable que yo tengo para estar con alguien, punto final. No hay necesidad de atarse para intentar cambiar y que todo funcione como a ti te gustaría.

Porque esto no logrará satisfacerte.

El miedo a soltar, a perder

El motivo por el que intentamos cambiar al otro no es más que el miedo. Miedo a no encontrar a otra persona o a dejar escapar esta oportunidad en la que sentimos atracción por alguien.

Hay muchos temores bajo esta insistencia de esforzarse, sufrir y luchar por un amor pleno y feliz. Pero el amor no es sufrir, el amor no es algo tedioso y cansado.

El amor o está o no está, es aceptación, es comprensión y libertad.

Hay muchas más piezas de puzzle que seguro que encajarán mejor.

¿Por qué nos empeñamos en meter a la fuerza aquellas que, por mucho que deseemos o tengamos la esperanza, nunca adoptarán la forma que buscamos?.

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Las mujeres besadoras de sapos con el “te voy a cambiar” intentan ajustar cada pieza a su medida. No obstante, esto jamás se produce, solo será una ilusión y, cuando la ilusión se cae, la decepción aparece.

Aprendamos a aceptar, a soltar y a no aferrarnos a algo intentándolo cambiar.

Porque nadie cambia, porque nadie merece ser manipulado de esta manera y porque, al igual que nosotros, los demás merecen ser tal y como son.