Nadie debe ser lo bastante importante como para amargar tu vida

Para que el resto del mundo pueda amargarnos la vida debe tener nuestro permiso. Si no se lo damos, no tendrán poder sobre esta, ya que somos nosotros los artífices de nuestra felicidad

Las personas nos solemos amargar la vida con mucha facilidad. Por miedo, por actitudes negativas, inseguridades, por preocuparnos por cosas que no valen la pena…

Es una facultad humana tan común como incómoda que provoca que, casi sin saber cómo, caigamos en un abismo de color gris, de apatía y malestar.

Es necesario enfocar las cosas de otro modo. Asimismo, un hecho muy común es permitir que sean otros quienes, con su actitud, puedan también amargar nuestros días.

Algo que deberíamos tener muy en cuenta es que la amargura, por encima de todo, es la incapacidad de ser feliz.

Antes de criticar o echar a alguien en cara aquello de “es que lo único que haces es amargarme la vida”, sé paciente y receptivo para intuir si esa persona padece algún tipo de problema como una depresión.

Ahora bien, si lo que existe únicamente es la clara voluntad de hacer daño, de controlar y de hacer chantajes emocionales, entonces no lo permitas.

Nadie debe ser lo bastante importante como para robar tu felicidad a cambio de nada. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Prohibido amargar la vida de los demás

A partir de hoy, vamos a poner en práctica un nuevo propósito: queda prohibido amargar la vida a nadie y, aún menos, que lo hagan con nosotros.

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Vamos a abrir nuestros paraguas emocionales para poder protegernos de los comentarios dañinos, de quienes intentan quitarnos las alas cuando queremos volar, de quienes apagan con fuego nuestros sueños, o de quienes nos repiten cada día un “tú no puedes” cuando lo que sentimos es un “yo quiero hacerlo”.

Para conseguir este propósito podemos seguir estas sencillas estrategias.

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Te escucho, te entiendo, pero me protejo de ti

Tal y como te hemos señalado al inicio del artículo, en ocasiones, un comportamiento caracterizado siempre por la amargura, la irritabilidad o la apatía pueden ser pistas de una depresión encubierta.

  • Reaccionar con rabia o desinterés podría intensificar las emociones negativas de la otra persona.
  • Lo más recomendable es escuchar a quien siempre nos trae amarguras y confrontar sus argumentos con calma, asertividad y paciencia.
  • Si esa persona necesita ayuda, dale estrategias para que la consiga y se dé cuenta de lo que ocurre en su interior.
  • Si lo que existe es, simplemente, una rotunda falta de empatía y respeto hacia nosotros, abre tu paraguas defensivo y pon distancia.

La amargura no se soluciona con más amargura

Un reproche no se soluciona con un insulto. Los miedos no se apagan con miedos más grandes, y las amarguras no desaparecen acumulando más emociones negativas.

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  • Si alguno de tus familiares, pareja o amigos es esa persona acostumbrada a traerte “días grises” en momentos despejados, a poner zancadillas a cada uno de tus sueños o ilusiones, no intensifiques aún más la situación con la rabia, con reacciones cargadas de hostilidad.
  • Hemos de ser asertivos, pero también inteligentes. A veces, no podemos cambiar la forma de ser de quienes nos rodean. Hay patrones de personalidad habituados a desprestigiar a los demás, a ofender y menospreciar.

Cuanto antes lo aceptemos, mejor, porque de este modo podremos actuar de una forma más lógica: con distancia o con muros defensivos.

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Claves contra la amargura

Rafael Santandreu es un psicólogo que, gracias a libros como El arte de no amargarse la vida, nos ha demostrado que esa mala calidad de vida que experimentamos en algún momento es el resultado de una filosofía equivocada que aplicamos, casi sin saber cómo, a nuestros actos, a nuestros pensamientos.

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Una forma de gestionar estos enfoques erróneos sería, sin duda, aprender a amargarnos la vida un poco menos. Para saber cómo hacerlo, basta con tener en cuenta estas sencillas estrategias:

  • No hay que quejarse tanto. En lugar de lamentar lo malo o lo que no tenemos, intenta apreciar lo que ya tienes o solucionar aquello que te preocupa.
  • Para utilizar la terminología de este psicólogo, no “terribilices” tu vida. Las personas solemos decirnos a nosotras misma aquello de “si me echan del trabajo será terrible, será el fin”, “si mi pareja me deja me moriré será terrible”.
  • Aunque no lo sepas, necesitas muy poco para ser feliz. Intenta apreciar las cosas pequeñas que te envuelven.
  • Cuida tu diálogo interno. A veces, nosotros mismos somos nuestros peores enemigos.
  • No exijas nada a nadie, no lo esperes todo de los demás.
  • Ámate incondicionalmente y, a su vez, sé capaz de aceptar a quienes te rodean por lo que son. Quiérelos con respeto, al igual que te respetas a ti mismo.
  • Haz uso de la risa frente al caos de quienes te rodean. Si alguien está empeñado en amargar tu vida, respóndele con humor.

No vale la pena, porque cada una de sus “malas artes” no tienen poder sobre ti.

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