Necrosis avascular de la cadera

Andrea Flores · 27 julio, 2018
La necrosis avascular es un infarto óseo donde el tejido no recibe aporte sanguíneo y las células mueren. Su lugar más frecuente de aparición es la cabeza del fémur.

La necrosis avascular es un concepto utilizado para designar el infarto óseo. Lo más frecuente es que aparezca en la articulación de la cadera, en concreto en la inserción de la cabeza del fémur. Por otra parte, también puede encontrarse como necrosis aséptica, isquémica o incluso osteonecrosis.

Se produce por una insuficiencia sanguínea (isquemia). De este modo, aparece tras una situación donde el tejido óseo no recibe los nutrientes del torrente sanguíneo.

Por otra parte, tiende a aparecer en la cabeza del fémur. Sin embargo, aparece con menos frecuencia en zonas como el húmero, la mandíbula o la tibia (en la región cercana a la rodilla).

¿Cuáles son las causas de la necrosis avascular de la cadera?

Las causas más frecuentes son:

  • Ciertos fármacos o medicamentos. Existen compuestos como los corticoides (utilizados para reducir la inflamación en algunas enfermedades) que aumentan el riesgo de padecer el problema. También se pueden incluir otros medicamentos que sirven como terapia en enfermedades autoinmunes.
  • Traumatismos. Por norma general, se incluyen luxaciones y fracturas que impiden el riego sanguíneo a los huesos.
  • También, el abuso del alcohol.
  • Trastornos de carácter sanguíneo.
  • Insuficiencia renal crónica.
  • Además, exposición a radioactividad. Tal es el caso de la terapia mediante radioterapia en el cáncer.
  • En algunos casos, determinadas enfermedades raras.

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¿Cuáles son los síntomas?

Asimismo, en las primeras etapas de la enfermedad los pacientes no suelen mostrar síntomas. Por eso, un porcentaje elevado de casos son diagnosticados casi casualmente a través de otras pruebas médicas.

cadera

Sin embargo, a medida que avanza la necrosis avascular, es posible que los sujetos presenten:

  • Molestias que suelen aparecer en la zona de la cadera y/o en la ingle. Más tarde, el dolor puede extenderse hasta a los glúteos y los muslos. Normalmente, aparece cuando el paciente realiza una actividad física con la cadera. En los casos con evolución avanzada, las molestias pueden presentarse incluso en reposo.
  • Cojera o dificultad para caminar con normalidad utilizando la pierna afectada.
  • Limitación al realizar otros movimientos corporales que impliquen la extremidad problemática.

¿Cómo se realiza el diagnóstico?

Suele realizarse distintas pruebas médicas a fin de identificar esta alteración y descartar otras con características similares. Así, el diagnóstico se lleva a cabo a través de:

  • Examen físico. De esta manera, los especialistas intentan deducir el origen de las molestias. Además, se realizará una comprobación del historial clínico y de los antecedentes del paciente.
  • Obtención de imágenes internas. Se pueden realizar mediante radiografía, gammagrafía ósea, resonancia magnética (o RM), tomografía axial computerizada (o TAC).
  • Realización de otras pruebas rutinarias. Por ejemplo, análisis de sangre y de orina.

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¿Cuál es el tratamiento?

Tras el diagnóstico, los especialistas aconsejarán al paciente las mejores opciones de tratamiento.

Qué es y cómo tratar una luxación de cadera

En primer lugar, se realizarán pruebas para cuantificar la lesión y concretar los planos afectados. Así, ante una necrosis avascular leve puede evitarse la intervención quirúrgica. En estos casos, solo sería necesario guardar reposo y realizar ejercicios bajo supervisión para facilitar la consolidación del hueso.

No obstante, lo más frecuente es que sea necesario recurrir a la cirugía. Es típico de esta patología que se realice una descompresión de la zona infartada quirúrgicamente. De este modo, el núcleo activa el proceso de osteogénesis, donde se produce un nuevo hueso que progresivamente irá sustituyendo al tejido necrosado.

En los casos más extremos, donde la necrosis es muy extensa y hay signos de degeneración de la articulación (normalmente artrosis al ser una zona de carga de peso), no es posible realizar la osteotomía.  Por tanto, no se puede extirpar la parte de hueso infartada. En este caso, la técnica de elección es la artroplastia total de cadera.

La artroplastia de cadera consiste en sustituir los huesos que componen la articulación por prótesis artificiales. De este modo, la calidad de vida del paciente mejora, porque se recupera la capacidad funcional. No obstante, el único inconveniente es el riesgo de infección protésica. Sin embargo, si se realiza una buena profilaxis antibiótica, hay claros beneficios de la intervención.

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