Un niño feliz es ruidoso, inquieto, alegre y revoltoso

Valeria Sabater·
24 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña al
22 Abril, 2020
Debemos entender que el hecho de que los niños no paren quietos es normal. Están en la edad de descubrir y experimentar y no deberíamos coartarles.

Un niño feliz, que disfruta interactuando y descubriendo el mundo, es ruidoso y revoltoso. Ahora bien, en los últimos tiempos está apareciendo un movimiento que nos llama mucho la atención y que nos preocupa: la ‘niñofobia’.

¿Se nos ha olvidado ya lo que es la infancia? ¿Tan poca empatía tenemos que somos incapaces de conectar con esos años maravillosos, ruidosos y revoltosos que definen la niñez? Invitamos a reflexionar sobre ello a continuación.

Cuando los niños molestan en nuestros espacios públicos

Recientemente ha aumentado un tipo oferta hotelera muy concreta, la que ofrece hospedaje ‘libre de niños’. Es decir, durante la estancia no nos encontraremos con bebés o menores que nos molesten por la noche con sus llantos, o que nos incordien en la piscina con sus juegos.

Lo mismo ocurre en ciertos bares y restaurantes. Se trata de una oferta distinta para todos aquellos que deseen pasar un instante de paz alejados de la presencia infantil. Este movimiento está teniendo mucha repercusión en Estados Unidos y Reino Unido. Y esto nos invita a reflexionar sobre una cuestión algo compleja.

Empezaremos explicando el caso de la cantante canadiense Sarah Blackwood. En el año 2015 experimentó una situación que la marcó y que decidió contarla para hacer un llamado a la reflexión.

bebe

Sarah debía hacer un viaje en avión junto a su niño de 23 meses. Estaba embarazada de 7 meses y, aunque no era la primera vez que hacía ese trayecto desde San Francisco a Vancouver, pero en aquella ocasión la experiencia fue distinta.

Cuando el avión aún no había despegado, su hijo empezó a llorar. No tardó en acudir la azafata, advirtiéndole que debía calmar a su hijo. De no hacerlo, podrían hacerla bajar del avión. Ante este comentario, se quedó sin palabras.

Los lloros de su bebé apenas duraron 10 minutos. Pasado ese tiempo, volvió a dormirse, pero ya era demasiado tarde. La tripulación le pidió que bajase del avión porque “el personal no se sentía seguro en el avión con su hijo”. ¿Es que la gente ha olvidado lo que es la crianza? ¿Nadie recuerda que los bebés lloran, ríen, gritan y chillan?

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La niñofobia o pensar que un niño que llora es el resultado de una mala crianza

Lo que le ocurrió a Sarah Blackwood es solo un pequeño ejemplo de lo que sufren día a día muchos padres. Ir a comprar, a pasar un rato a un teatro, a comer a un restaurante…

Si un niño grita, llora o llama la atención de otras personas es porque sus padres ‘no están haciendo algo bien’. Sin embargo, esta es una idea incorrecta y estigmatizada.

  • Cada niño tiene su personalidad y su forma de interactuar en sus contextos más cercanos. Los hay más inquietos y los hay más tranquilos. Pero ello no es siempre el resultado de la educación que les dan sus padres.
  • Pareciera que hoy en día cualquier comportamiento por parte del niño o niña se asociara con un defecto en su educación. Los niños y niñas también pueden tener días malos. Además, cuando son más pequeños suelen tener más dificultades para expresar sus emociones verbalmente, por lo que recurren a gestos o sonidos. Eso no implica que sean ‘maleducados’.
  • Los bebés lloran y es el llanto ese lenguaje esencial para pedir algo, para comunicarse. Es algo natural que toda madre entiende.

Por eso, deberíamos ser más empáticos y respetuosos cuando en un tren o un avión vemos a esos padres que intentan calmar a su bebé durante el viaje.

La niñofobia eha hecho que en muchos espacios de ocio de Estados Unidos y Reino Unido haya vetado ya la entrada a menores. No obstante, con ello, se prohíbe la entrada también a sus padres. Es algo sobre lo que reflexionar.

Sin embargo, queda claro que en materia turística cada empresa puede ofrecer el servicio que desee. Por ello, si una persona desea pasar sus vacaciones sin ver ni escuchar a un niño, merece respeto.

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Un niño feliz es un niño que corre, grita y llama la atención

Un niño feliz corriendo por su casa.

Cualquier niño desea tocarlo todo, experimentar, sentir, reír, aprender… Si le obligamos a callar, a no llorar, a hablar bajito y a no moverse de la silla, lo que tendremos es una criatura temerosa que no se atreverán a explorar, no un niño feliz.

  • Los lloros se atienden, no se censuran ni tampoco se obvian. Si un niño quiere tocar algo lo protegeremos de que no se haga daño. Es necesario fomentar su conducta de exploración, de curiosidad, de interacción con su medio.
  • La infancia es ruidosa por naturaleza. No hace falta más que pasar por una guardería o un centro de primaria a la hora del recreo para recordar lo que es ser un niño feliz, en medio de un juego.

Tiempo tendrán de crecer y de guardar silencio, de quedarse quietos en los asientos de un avión, sin molestar. Mientras, respetemos a sus progenitores en su tarea de educar y seamos más empáticos con los niños. Porque un niño feliz es un niño inquieto, curioso y alegre.