Los niños aprenden a reír de sus padres

Los niños se ríen de cosas que a los adultos no les hace mayor gracia. Es que el sentido del humor de los niños es distinto al de sus padres.

Los niños aprenden a reír de sus padres. Para ser más exactos: aprenden del sentido del humor de sus padres, porque la sonrisa y la risa son comportamientos naturales de todo ser humano.

La sonrisa es el primer comportamiento social del bebé. A los pocos días de haber nacido, ya comienza a esbozar sus primeras sonrisas, ante las caras o las sonrisas de sus padres.

Reír es natural

Los niños se ríen diez veces más que los adultos. Se ríen de 300 a 400 veces al día, mientras que sus padres (si son muy alegres) se reirán unas 100 veces. Los niños alegres son felices.

Los bebés se ríen mucho antes de hablar o caminar. Comienzan a reírse a los 2 o 3 meses. Algunos bebés, pocos, no se ríen hasta que llegan a los 10 meses, según Caspar Addyman, investigador de la Universidad de Londres y líder del equipo de científicos que creó la primera canción diseñada para hacer reír a los bebés.

Bebé riéndose.

El sentido del humor, en cambio, es un largo proceso de aprendizaje que va por distintas etapas, de acuerdo con la maduración del niño. Cuando son bebés imitan a los padres, luego se dan cuenta en que hay situaciones graciosas que son formas de comunicación y acercamiento hacia los demás.

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Aprenden a reír por etapas

En el libro “¡Niños que se ríen! Cómo desarrollar el sentido del humor de su hijo”, del académico Louis Franzini, el sentido del humor de los niños va evolucionando de acuerdo a su edad. A continuación plantea las siguientes etapas en el proceso de que los niños aprenden a reír:

De 0 a 3 años

La risa es inducida o provocada por las cosquillas. Los bebés aprender a reír imitando, generalmente, a los padres. Hacen muecas, imitan lo que les parece chistoso, se ríen con fuerza, esperando que los padres responden con risas. Se le llama “humor pro social”, porque busca la aceptación social.

A partir del primer año, las incongruencias son sus favoritas. Decir que un gato vuela y hace “pío, pío”, les resultará muy divertido.  Al no dominar el lenguaje, emplean muchos gestos. Hacen payasadas a sus padres por puro placer. Hacer reír a sus padres es fundamental. Ya saben qué es divertido y qué no.

A los dos años, comienzan a entender el humor. Empiezan a comprender cuando alguien hace algo equivocado con la intención de hacer reír y responden riendo.

De 4 a 7 años

Como ya entienden las normas, lo más divertido es ir en contra de las normas. Se ríen de chistes y adivinanzas que no requieren de un desarrollo y un pensamiento excesivamente lógico o estructurado.

Risa de madre e hijo.

El humor es una forma de establecer vínculos en su vida escolar. Los niños se ríen entre ellos de las mismas cosas, ya que significa que pertenecen al mismo grupo de amigos. Se ríen solo porque están de buen humor.

La exageración es el recurso humorístico más exitoso en estas edades. “Me como un millón de trozos de pizza”, es una frase muy graciosa para un nniño en edad escolar. No entienden todavía los tabúes sexuales, pero intuyen que hay algo detrás de ciertos temas.

Los razonamientos absurdos que llevan a cabo, que pueden ser muy lógicos según su punto de vista, resultan muy divertidos para los padres. Un niño que se sube por primera vez a un avión dice: “quiero tocar las nubes”, lo piensa en serio; pero los padres se reirán a carcajadas.

De 8 a 10 años

La estructura de las bromas se complica. Los niños entienden (o creen entender) el doble sentido y las segundas intenciones. La sexualidad es percibida como un tabú, que les hace mucha gracia romper.

En estas edades, los chistes o hechos escatológicos (los gases, los eructos y parecidos) ganan popularidad. El humor sirve para desafiar reglas o convenciones sociales que conoce, tantear los límites y descubrir su personalidad. Por ejemplo, cuando escribe en una pared de la escuela “no he sido yo” o “tonto el que lee esto”.

Niño pícaro.

Aparecen las burlas, que pueden llegar a ser muy crueles, sobre todo si son contra otros niños. Es el momento en que deben aprender a reír con los demás, no de los demás. Los padres más que obsesionarse con reprimir, es mejor que expliquen que si el humor lastima a otras personas hay que evitarlo.

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De 11 a 12 años

Frente al humorismo físico y visual de los primeros años, empieza a tener más importancia el humor verbal. Los chistes, las adivinanzas, los juegos de palabras y los trabalenguas son típicos de la última etapa de la infancia.

Se acentúa la diferencia de género: los niños toman más la iniciativa de contar chistes para impresionar, mientras que las niñas están más dispuestas a reírse. Aprenden a reír de otra manera.

Educar el humor

Aunque como padres no entendamos la payasada o el chiste de nuestro niño, es bueno no desanimarlo. Los niños aprenden a reír con los padres, y nosotros nos reencontramos con un sentido del humor que habíamos olvidado. El humor infantil expresa alegría y creatividad.

Así como amamos a nuestros hijos, celebremos sus gestos, sus bufonadas, sus chistes. Es genial alentarlos a crear sus propios chistes y a hacer juntos cosas divertidas. La risa es una forma extraordinaria de disfrutar del amor familiar y es bueno para la salud.