Niños pasivos: cómo estimularlos y activar su potencial

Los niños ruidosos, desafiantes y extrovertidos suelen llamar la atención de maestros y padres. Pero también hay niños pasivos, dulces, dóciles y amorosos, que como no se hacen notar, pueden quedar desatendidos.

Mientras los niños desafiantes, inquietos o demandantes captan toda la atención de la familia y en la escuela, los niños pasivos pueden pasar desapercibidos. Estos niños suelen ser cariñosos, obedientes, poco exigentes. Básicamente no les gusta reaccionar con violencia ni llamar la atención. En la tranquilidad en que les gusta vivir, suelen ser desatendidos por sus padres o maestros porque no dan problemas.

A los padres y maestros de estos niños les corresponde no solo identificar cuáles de los hijos o alumnos que presentan estas características, sino también estimularlos para que logren tener las mejores herramientas para vivir la vida tranquila que desean, sin ser ignorados ni poniendo en riesgo su paz.

¿Cómo reconocer a los niños pasivos?

  • Son dóciles, prudentes y les gusta cooperar. Aceptan fácilmente lo que se les pide y las normas. Les cuesta protestar.
  • A los niños pasivos les reconforta la repetición. Se entretienen con facilidad y no requieren de cambios de actividad constante.
  • Se sienten vulnerables con las situaciones desconocidas. Su prudencia los lleva a privarse de vivir experiencias nuevas y interesantes.
  • A estos niños no les interesan el liderazgo ni la competencia.
  • Si no conocen bien a otros niños, prefieren mantenerse al margen. Pueden ser introvertidos y poco sociables.
  • Se toman su tiempo para hacer cualquier cosa y no les gusta sentirse presionados.
  • No reaccionan de manera exagerada o violenta cuando se les llama la atención. Asienten y aceptan el punto de vista de sus padres o maestros.

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¿Cómo estimular y activar el potencial de los niños pasivos?

Niños en la escuela.

El hecho de que los niños pasivos no se quejen no significa que todo esté en orden con ellos. Ya sea por parte de sus padres o maestros, la falta de atención los puede llevar a aislarse o desmotivarse.

Así pues, es importante estar pendientes de sus sentimientos y emociones, ya que los niños pasivos pueden ser poco expresivos sobre lo que les acontece o les perturba. Si entre tus hijos hay niños pasivos, te dejamos estas recomendaciones básicas para estimular y activar su potencial.

Fomenta el contacto con otros niños

Procura que esté en contacto permanente con otros niños. Visitar regularmente parques o asistir a actividades grupales lo ayuda a relacionarse mejor. Quizás al principio solo observe a los demás niños: con solo mirar ya siente bien.

Sin embargo, con el tiempo, tendrá la suficiente confianza para integrarse con otros niños y participar en el juego. Evita forzarlo a participar. Solo extiende la invitación. “Es tu turno” o “ahora te toca” son fórmulas preferibles a preguntarle “¿quieres jugar?”.

Ayúdale a expresar y reconocer sus sentimientos

Para animar a los niños pasivos a contar sus propias experiencias o sentimientos, hay que hacerle entender que es normal enfadarse o estar tristes. A todos nos ha pasado y no por ello nos decepcionamos o dejamos de amar.

Estos niños necesitan distinguir entre lo que le gusta y lo que no le gusta. Es importante que entienda que no tiene que agradar a todo mundo. Cuando algo le disguste o moleste, no solo está bien expresarlo, sino que es necesario que lo haga.

Motívale a ampliar sus intereses

Aunque los niños pasivos prefieran quedarse en casa o con sus rutinas favoritas, insiste en ofrecerle oportunidades que le permitan ampliar sus intereses y actividades. Estos niños necesitan desafíos.

Como las rutinas les generan seguridad, estos niños necesitan que la incorporación de una nueva tarea o actividad esté asociada a sus intereses. A su vez, hay que evitar que las rutinas frecuentes se conviertan en hábitos nocivos. Si por ejemplo, pasar muchas horas frente al televisor o el computador lo hace ser sedentario, con los perjuicios que ello tiene.

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Fortalece su autoestima

Vínculos entre padres e hijos.

Cuando estos niños tengan buena autoestima reconocerán su propio valor. Un niño con autoestima expresa lo que piensa y siente, confía en sus habilidades para lograr lo que se propone y aprenderá a defenderse.

Cuando estos niños son capaces de ponerle nombre a los sentimientos que presentan son capaces de respetarse a sí mismos. Ello les ayuda a hacer valer el respeto que necesitan de los demás, a protegerse y a pedir ayuda cuando se sientan vulnerados o agredidos.

Reflexión final

Como a estos niños les gusta evitar los problemas, pueden ceder fácilmente ante las demandas de los demás, lo que los hace víctimas fácil de bullying o acoso escolar. Igualmente, pueden ser presas fáciles de depredadores sexuales.

En cuanto estos niños consiguen su ritmo y su seguridad, desarrollan su fuerza y su potencial. Serán capaces de impedir que otros les maltraten o se metan con ellos. No obstante, para lograrlo, padres y maestros debemos estar atentos a que no queden desatendidos o ignorados frente a otros niños que demandan mucha atención.