No busques cuentos con final feliz: sé feliz sin tanto cuento

Valeria Sabater·
17 Julio, 2020
A diferencia de los cuentos infantiles, en la vida las historias no siempre terminan bien. La clave está en saber disfrutar de los pequeños instantes de felicidad.

La literatura infantil está repleta de cuentos con final feliz. Es como si en su última página el mundo recobrara su armonía. Como por arte de magia, todo sus desenlaces son satisfactorios e ideales.

Pues bien, esto es lo contrario de lo que sucede tantas veces en la realidad. En ella, parece no haber una sola pareja que disfrute de la felicidad eterna. Lejos de resolverse, los problemas se multiplican. Y, los malvados, por injusto que nos parezca, suelen ganar la partida.

No obstante, ni los relatos de Charles Perrault ni los de Hans Christian Andersen eran tan inocuos como nos lo ha hecho creer Walt Disney. Las princesas de los cuentos originales no siempre se casaban, eran felices y comían perdices.

Sin embargo, tanto los adultos como los niños precisan de cierta esperanza e ilusión para vivir. Es decir, a menudo necesitamos creer que todo va a salir bien justo para que el resultado sea favorable. Qué duda cabe de que pensar en positivo implica una mejor actitud para afrontar las adversidades.

Ahora bien, tampoco se trata de maquillar cualquier suceso o de caer en la tentación de idealizar, por ejemplo, las relaciones afectivas. En este artículo, te invitamos a reflexionar sobre ellas y otras cuestiones afines.

¿Todos son cuentos con final feliz?

Es probable que tengas algún recuerdo sobre un acontecimiento que no tuvo un final precisamente agradable o idílico. Pese a ello, acaso consideres que mereció la pena pasar por esa experiencia.

Quizás estés pensando en esa relación que tanto te hizo sufrir en la adolescencia y que tanto te costó superar. Pero, al mismo tiempo, reconoces todo lo que te enseñó… Aún a día de hoy, la evocas de vez en cuando como algo que, incluso, te gusta repasar.

Este es solo uno de los ejemplos posibles. De modo que, aunque no saliera todo como esperábamos, son vivencias que forman parte de la propia identidad e historia personal.

Por ello, ‘los mejores cuentos’ no tienen por qué ser siempre aquellos con final feliz para ser grandes historias. De todas aprendemos, en especial de aquellas que nos suponen importantes desafíos.

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Ser feliz sin tanto cuento

Tal Ben-Shahar es psicólogo, profesor de Harvard y un exitoso escritor gracias a los numerosos libros que nos enseñan cómo ser felices.

A pesar de que es un tema que con frecuencia ha suscitado interés, parece que dar instrumentos a las personas para alcanzar un mayor bienestar emocional es algo más o menos reciente. Sí, puede que suene extraño, pero es así.

  • Libros como La búsqueda de la felicidad de Ben Shahar destacan cómo el ser humano busca respuestas a sus propios vacíos existenciales. En este sentido, las aportaciones de la Psicología Positiva resultan reveladoras.
  • El doctor Ben-Shahar insiste en que la vida es bastante distinta de esos cuentos con final feliz. De hecho, anima a sus lectores a deshacerse de la falsa aspiración a una alegría permanente, porque, entre otros aspectos, esta no existe.
  • Así, lejos de alimentar grandes expectativas o desear la perfección, apreciar lo que tenemos en el presente se plantea como una alternativa más saludable.
  • Por ejemplo, un error habitual es el de condicionar toda satisfacción a la consecución de unas metas determinadas. Estas por lo común se refieren a tener una pareja eterna, una casa maravillosa y un trabajo ideal.
  • Aunque soñar y marcarse objetivos es necesario para progresar, también lo es hacerlo en su justa medida. ¿Cómo? Pues siendo prudentes y buscando el equilibrio.

Los cuentos o, lo que es lo mismo, las altas expectativas, las fantasías y los falsos ideales son cárceles para el crecimiento personal. Por ello, cuando uno no logra lo que se ha propuesto, llega la sombra de la infelicidad. Pero, ¿y si nos conformamos con un poco menos?

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Tu mejor momento es el presente

Otro fallo que solemos cometer es el de centrar todas las ilusiones en el futuro. Es decir, pensar que cuando tengamos esto, podremos hacer lo otro. O que cuando encontremos a la persona idónea, nos sentiremos completos. Incluso llegamos a creer que cuando por fin tengamos vacaciones, estaremos dichosos y tranquilos.

  • Con este tipo de razonamientos lo único que conseguimos es posponer el propio bienestar emocional. Tal vez sea más sano retrasar tareas, actividades y citas y empezar a disfrutar antes.
  • La mejor oportunidad es esta, el ahora. ¿Para qué aferrarse a la idea de que solo estaremos bien cuando tengan lugar unas circunstancias concretas?
  • ¿Qué tal si damos valor a las personas que están cerca y que nos demuestran que nos quieren?

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¿Qué cuentos con final feliz escribirás?

Con todo, vemos que ser feliz es algo bien distinto de esa perfección mágica que nos transmiten los relatos infantiles. A pesar de que estos fomenten la imaginación de los niños, como adultos sabemos que los desenlaces en la realidad discurren por otros cauces.

Es decir, los grandes momentos no siempre acaban bien. Sin embargo, a menudo nos dejan algún mensaje o aprendizaje que nos hace crecer. ¿Cómo escribirás los próximos capítulos de tu cuento?

  • Bandura, A. (1997). Self-efficacy: The exercise of control. London: Worth.
  • Ben-Shahar, T. (2011). La búsqueda de la felicidad. Barcelona: Alienta.
  • Maslow, A. (2003). A theory of human motivation. Psychological Review, 50, 370-396.