No hay que confundir la verdad con la opinión de la mayoría

Valeria Sabater · 18 marzo, 2016
Cada persona asume la verdad desde su posición y en función de sus creencias y conveniencias. Es importante ser objetivos y no dejarse llevar por las opiniones generalizadas

Vivimos en una sociedad donde es muy complicado separar la verdad del simple rumor. La información se transmite de forma muy rápida, ya sea por las redes sociales o por el peso del boca a boca, siempre tan “ágil” como peligroso.

Algo curioso que debemos tener en cuenta es que nuestro cerebro está programado para que seamos capaces de obtener nuestra propia verdad, de discernir la claridad entre el ruido.

Ahora bien, en ocasiones, el factor emocional o la presión de un contexto social como la familia o un entorno de trabajo, hacen que nos dejemos llevar por la opinión de la mayoría antes que por nuestras corazonadas, nuestros instintos o nuestros valores.

Te invitamos a reflexionar sobre ello, seguro que te resulta interesante.

Mi verdad no tiene por qué ser igual a “tu verdad”

Si profundizamos un poco en esta idea, nos daremos cuenta de que, en realidad, no existe una verdad universal sobre todas las cosas. Un hecho observado por varias personas puede tener a su vez muchos enfoques.

No obstante, lo más importante de todo ello es que seamos capaces de obtener nuestra propia verdad, la que nos es útil, la que nos define y la que se ajusta a lo que percibimos.

Ahora bien, queda claro también que hay aspectos que solo tienen una cara. Lo vemos diariamente en las noticias, en los periódicos. Hay verdades objetivas y rotundas que no admiten discusión.

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El problema de todo esto reside en algo que todos vivimos diariamente: en ocasiones, el peso de un falso rumor o la verdad que parte de una sola persona es la que obtiene más poder. La que influye al resto.

Es necesario pues que pensemos unos instantes en estas dimensiones.

niña-asomandose-a-una-puerta buscando la verdadNo tengas miedo de llevar la contraria a quienes te rodean

Pongamos por caso que decides irte a otro país en busca de trabajo. Tu familia y tus amigos te señalan que no debes hacerlo, porque esa ciudad a la que vas no hay demanda laboral, y será para ti una pérdida de dinero y de ilusiones.

  • Ante cualquier indicación, opinión o sugerencia recibida por parte de nuestro entorno, nuestra obligación es, sin duda, atender y escuchar.
  • Más tarde, una vez recibida la información, la analizaremos con objetividad para buscar nuestra propia verdad.
  • En ocasiones, asumimos como cierta una información por el peso emocional de quien nos la aporta. Si es un familiar, un amigo o nuestra pareja, muchas veces, nos dejamos llevar por la opinión sin buscar “nuestra verdad”.

Hemos de tener en cuenta que, a veces, las personas que nos rodean tienen ciertos intereses (en el ejemplo ofrecido, podría ocurrir simplemente que nuestros familiares no desean que nos vayamos).

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De ahí, que sea adecuado dejar a un lado ese peso emocional para ser capaces de actuar de acuerdo con nuestras necesidades e intereses, sin miedo a dar una negativa cuando sabemos que los datos que nos ofrecen no son ciertos.

Las corazonadas, en ocasiones, encierran una gran verdad

Aunque te parezca curioso, el tema de las corazonadas es un aspecto muy estudiado por el campo de la psicología. Lejos de verlo como una dimensión “algo sobrenatural”, en realidad, encierra procesos mentales y experimentales muy interesantes.

Imagina que, en tu trabajo, aparece una mañana un rumor que empieza a transmitirse en toda la empresa y entre los empleados. Sin embargo, tú tienes la corazonada de que esa información es falsa.

¿Debemos confiar en nuestras corazonadas?

  • Las corazonadas deben escucharse y tenerse en cuenta para después tomar una decisión lógica y razonable basándonos a ellas.
  • Las corazonadas son en realidad razonamientos que nuestro cerebro nos ofrece de forma automática con base en nuestras experiencias previas.
  • No se trata de información llegada del azar o “del influjo universal”.

Cada acto vivido, cada conversación experimentada, cada cosa leída, vista o sentida se almacena en nuestro cerebro para que, en un momento dado, nos pueda proporcionar una información rápida basada en nuestro pasado y nuestro sentido común.

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Cada vez que nos llegue un rumor, o escuchemos la opinión de alguien cercano, debemos seguir los siguientes pasos:

  • Escuchar con respeto e interés.
  • Debemos evitar dejarnos llevar por las emociones o por la presión social de “mi verdad es la única”, “mi opinión es la que cuenta”.
  • Atiende a tus instintos, a esas corazonadas que, en poco más de un segundo, te hacen dudar o coincidir con el dato recibido.

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Día a día, debemos ser capaces de aplicar la objetividad en cada dato leído, en cada comentario que recibimos de nuestro entorno. No se trata de ser desconfiados, sino de permitirnos ser libres e impedir así manipulaciones externas que pueden vulnerar nuestros valores.

Vale la pena tenerlo en cuenta.