No hay que confundir la verdad con la opinión de la mayoría

Cada persona asume la verdad desde su posición y en función de sus creencias y circunstancias. Es importante ser objetivos y no dejarse llevar por la opinión popular

Vivimos en una sociedad donde es complicado separar la verdad del simple rumor. La información se transmite de forma muy rápida, ya sea por las redes sociales o por el peso del boca a boca, siempre tan veloz como peligroso.

Estamos programados para pensar por nosotros mismos. Pero en ocasiones el factor emocional o la presión de un contexto social como la familia o el entorno de trabajo hacen que nos dejemos llevar por la opinión de la mayoría antes que por nuestras corazonadas, nuestro instinto o nuestros valores.

Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Mi verdad no tiene por qué ser igual a la tuya

No existe una verdad universal sobre todas las cosas. Un mismo hecho observado por varias personas puede tener a su vez muchas interpretaciones.

Ahora bien, está claro que hay aspectos de la realidad que solo admiten una cara. Lo vemos diariamente en las noticias, en los periódicos. Hay verdades objetivas y rotundas que no admiten discusión.

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El problema de todo esto reside en algo que todos vivimos diariamente: en ocasiones, el peso de un falso rumor o la verdad que parte de una sola persona es la que influye al resto.

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No tengas miedo de llevar la contraria a quienes te rodean

Pongamos por caso que decides irte a otro país en busca de trabajo. Tu familia y tus amigos te señalan que no debes hacerlo, porque en esa ciudad a la que vas no hay demanda laboral, y será para ti una pérdida de dinero y de ilusiones.

Antes de tomar una decisión, piensa que a menudo asumimos como cierta una información por el peso emocional de quien nos la aporta. Si es un familiar, un amigo o nuestra pareja, muchas veces, nos dejamos llevar por la opinión sin buscar “nuestra verdad”.

Ten en cuenta que, a veces, las personas que nos rodean tienen ciertos intereses (en el ejemplo ofrecido, podría ocurrir simplemente que nuestros familiares no desean que nos vayamos).

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De ahí que sea adecuado dejar a un lado ese peso emocional para ser capaces de actuar de acuerdo con nuestras necesidades e intereses, sin miedo a dar una negativa cuando sabemos que los datos que nos ofrecen no son ciertos.

Las corazonadas, en ocasiones, encierran una gran verdad

Aunque parezca curioso, las corazonadas son un fenómeno muy estudiado por el campo de la psicología. Lejos de verlas desde una dimensión sobrenatural, encierran procesos mentales y experimentales muy interesantes.

Imagina que en tu trabajo surge una mañana un rumor que empieza a transmitirse entre los empleados, pero tú tienes la corazonada de que esa información es falsa.

¿Debemos confiar en nuestras corazonadas?

  • Las corazonadas deben escucharse y tenerse en cuenta para después tomar una decisión lógica y razonable basándonos a ellas.
  • Las corazonadas son en realidad razonamientos que nuestro cerebro nos ofrece de forma automática en función de nuestras experiencias previas.
  • No se trata de información llegada del azar o “del influjo universal”.

Cada acto vivido, cada conversación experimentada, cada cosa leída, vista o sentida se almacena en nuestro cerebro para que, en un momento dado, nos pueda proporcionar una información rápida basada en nuestro pasado y nuestro sentido común.

Mujer ante una ventana suspendida en el aire

La importancia de la objetividad

Cada vez que nos llegue un rumor, o escuchemos la opinión de alguien cercano, debemos seguir los siguientes pasos:

  • Escuchar con respeto e interés.
  • Debemos evitar dejarnos llevar por las emociones o por la presión social de “mi verdad es la única”, “mi opinión es la que cuenta”.
  • Atiende a tus instintos, a esas corazonadas que en poco más de un segundo te hacen dudar o estar de acuerdo.

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Debemos ser capaces de aplicar la objetividad en cada dato leído, en cada comentario que recibimos de nuestro entorno. No se trata de ser desconfiados, sino de permitirnos ser libres e impedir así manipulaciones externas que pueden vulnerar nuestros valores.