No es quién te quiere, es quién te lo demuestra

Es importante que prestemos a los demás la atención que querríamos para nosotros. Si apreciamos a una persona debemos hacer lo posible por demostrárselo y hacerla feliz

Seguro que, a estas alturas de la vida, sabes muy bien que no es lo mismo sentir afecto que saberlo demostrar. Hay personas que no disponen de estrategias afectivas y que, aun albergando cariño y amor, son incapaces de demostrarlo. O, peor aún, lo demuestran mal.

El sentir que no te corresponden,  no ver muestra alguna de afecto en el día a día aún existiendo, crea grandes vacíos y malestar.

Y, lo creamos o no, son muchas las parejas que se acaban distanciando no porque falle el amor, sino porque se acaba la paciencia. ¿Te ha ocurrido alguna vez? Reflexionemos hoy sobre ello en nuestro espacio.

Quien te quiere, lo debe demostrar

No es necesario que se vean obligados a decirnos en cada momento cuánto nos quieren. En realidad, lo curioso de esta situación es que nos pueden amar sin expresarlo, y al contrario: nos pueden expresar cuánto nos desean sin querernos en realidad.

  • La clave está en la sinceridad y, sobre todo, en que nosotros la percibamos como auténtica.
  • Recibir y expresar cariño es parte de nuestra salud afectiva y, por tanto, también tiene su implicación en la salud física.
  • No podemos obligar a nadie a que nos demuestre “a la fuerza” cuánto nos quiere. Las personas necesitamos esa espontaneidad que surge de los pequeños detalles. Sentir esa reciprocidad auténtica que tanto nos nutre, y nos tranquiliza.

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El cariño, el afecto y el amor pueden demostrarse de muchas formas. No obstante, todas ellas deben ser significativas para nosotros y sernos útiles. Hay quien cae en el error de pensar que su forma de querer es la única que existe, sin tener en cuenta lo que la otra persona necesita.

frasco con corazones

Hay quien no se siente bien dando abrazos, acariciando, y quien ni siquiera hace uso de las palabras amables. Su forma de demostrar amor puede ser para ellos o ellas el acudir a dormir a casa, el hacer regalos o “simplemente estar”.

Ahora bien, no basta solo con estar presente. En ocasiones, no hay peor soledad que la de tener a una persona al lado que, aun queriéndonos, es incapaz de demostrarlo.

Y cada uno de nosotros tenemos unas necesidades de cuidado, reconocimiento, intimidad y pasión que son la base de una pareja saludable, estable y feliz. Si no hay reconocimiento, si no hay muestras cotidianas de afecto, la relación se enfría.

La importancia de la expresión emocional

Quien quiere algo suele desplegar una serie de estrategias para alcanzar su objetivo. Ahora bien… ¿Qué ocurre en el momento en que se consigue lo que uno soñaba? Ahí está la auténtica cuestión.

Cuando alcanzamos un bien muy preciado, hay que cuidarlo.

No todo el mundo sabe cuidar, atender, crear vínculos, ni ofrecer espacios de crecimiento personal y de pareja. Nadie lo sabe todo sobre las relaciones humanas pero, en lo que respecta al amor, deberíamos saber que es necesario ofrecer lo que uno mismo necesita.

  • Empieza valorando tú mismo a los demás si deseas que te valoren a ti.
  • Si te gusta ser reconocido por las personas que quieres, reconócelas tú primero.
  • Tienes que amar a las personas de tu alrededor si deseas ser amado.

Lo complejo de esta realidad es que muchas personas carecen de un auténtico conocimiento de sí mismas. Las personas inmaduras, que no disponen de una adecuada gestión emocional o que no tienen claros cuáles son sus valores o sus necesidades, tienden a proyectar en los demás sus propias carencias no reconocidas.

Algunos pilares básicos:

noche con estrellas

La admiración

Nuestro compañero, nuestra compañera, debe ser esa persona que, además de nuestro cómplice, amigo y amante, se alce como un ser al que admiramos y respetamos. A su vez, también él o ella debe demostrarnos lo mismo.

Admiramos a nuestras parejas porque son personas capaces de enriquecer nuestras vidas y por ello las hemos elegido.

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El cariño sincero que se inscribe en los pequeños detalles

Quien te quiere debe demostrarlo cada día de una forma sencilla, sin artificios y de forma libre. También nosotros debemos preocuparnos por esos pequeños detalles que edifican la vida, de lo que de verdad importa.

Es necesario no solo “estar”, sino demostrar nuestras presencias con caricias, con las palabras adecuadas, con miradas sinceras que atienden y arropan. No es tan difícil. Nadie pierde nada por demostrar afecto.

Al contrario. Todo amor que se ofrece nos hace más grandes, más plenos, más íntegros con nosotros mismos y con el propio mundo.

Vale la pena ponerlo en práctica.