No hay peor respeto que el que se basa en el miedo

No hay peor respeto que el que se basa en el miedo

El respeto que se basa en el miedo tiene los días contados, porque tarde o temprano se transformará en resentimiento. Lo más adecuado es inculcar el respeto desde la lealtad
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El respeto es una pieza muy importante en nuestras vidas. Gracias a él entablamos relaciones sanas con los demás, con nosotros mismos, aprendemos a convivir con otros en armonía y el gran valor de la tolerancia.

Sin embargo, hay personas que buscan el respeto a través del miedo. Algo injusto, forzado y poco real que tendrá consecuencias devastadoras.

Sobre todo, cuando es sinónimo de sumisión, de acatamiento, de obediencia.

El respeto basado en el temor

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El respeto basado en el miedo puede producirse en cualquier tipo de relación, aunque hoy abordaremos dos de las más conocidas para ejemplificar esta triste realidad.

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La primera de ellas es la que se hace presente en el entorno familiar, sobre todo cuando un progenitor quiere ganarse, de la manera que sea, el respeto de sus hijos.

No obstante, por mucho que seas padre, el respeto siempre se tiene que conseguir de forma honesta, sin trampas de ningún tipo.

Los malos tratos y las amenazas son hechos muy negativos. Así como castigar o premiar en función de lo que se le exija a los hijos y estos cumplan.

Aunque en la superficie esto pueda hacer que se muestren más respetuosos, lo cierto es que esto no será del todo real. Es un respeto falso que, quizás, termine derivando en resentimiento.

La segunda de las relaciones en las que todo esto puede estar presente es en las parejas.

Mediante intimidaciones, desafíos, amenazas e incluso violencia se obtiene lo que tanto se busca: respeto.

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No obstante, esta consideración nada tiene que ver con estas malas acciones.

¿Cómo se debería ganar el respeto si no es con estos despreciables actos? Muy sencillo. Con amor, convirtiéndonos o siendo personas dignas de admirar.

Con estos ingredientes, no tendrás que forzar el respeto o buscarlo. Vendrá por sí solo.

Un ejemplo para los demás

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Tanto en el caso de la familia como en el de la pareja, la forma en la que tienen de ganarse el respeto se convierte en un ejemplo que imitar, no solo por parte de los demás, sino de las propias víctimas.

En un futuro, los hijos tenderán a lograr el respeto por medio de la violencia y las amenazas.

Quizás ni siquiera sean plenamente conscientes de que esto está mal, pues es lo que han estado experimentado durante años.

Asimismo, una persona sometida a su pareja puede actuar de igual manera en futuras relaciones o con otros para sentir que ella también tiene el control.

No olvidemos que cuando alguien infunde temor, su objetivo es controlar la situación y, sobre todo, a la persona que tiene delante.

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De esta manera, le corta las alas, intenta tenerla a su merced y que sea y se comporte tal y como uno quiere.

La lealtad olvidada

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El respeto que se origina desde el temor tiene los días contados. No perdura en el tiempo, pues no es sano ni natural, sino algo obligado, impuesto.

Sin embargo, en todo esto, nos hemos olvidado de algo que va de la mano del respeto y que es la verdadera esencia del mismo: la lealtad.

La lealtad que unos hijos tendrán hacia sus padres o que una persona tiene hacia su pareja jamás morirá. Pues parte de lo bueno, de lo que se ha ganado con actos sustentados en amor.

Sin embargo, no es fácil de conseguir, por eso muchos recurren a técnicas perversas que aseguren un éxito rotundo.

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Los buenos actos no siempre son recompensados. No obstante, esto no quiere decir que no haya que dar siempre lo mejor de nosotros mismos sin esperar nada a cambio.

Solo haciendo esto, actuando así, descubriremos lo que los demás nos ofrecen. Su respeto, su lealtad, pero no porque les hayamos obligado, sino por ser nosotros mismos, actuando bien, de manera honesta.

Nos sentiremos muy bien así. La dicha que nos embriagará no se podrá comparar con nada. Seremos ejemplos para los que nos rodean.

Recordemos que los mejores frutos se recogen cuando sembramos semillas sanas. Si estas se encuentran contaminadas, nos envenenaremos, seremos infelices y haremos daño, mucho daño.