No llorar te hará más daño

Aunque nos parezca que no llorar es un signo de fortaleza, lo cierto es que hay que ser más valiente para llorar y dejar salir nuestras preocupaciones que para evitarlo

No llorar te hace sentir valiente, capaz de contener esas lágrimas que intentan salir sea como sea. Crees que, dándoles la espalda, todo se solucionará. No obstante, ahí reside el verdadero problema.

Cuando somos pequeños lloramos por casi todo. Si nos caemos rompemos, en llanto, si nos hacen daño, igual.

Sin embargo, a medida que crecemos, estos momentos de desaliento son mucho menos frecuentes.

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Muchas personas consideran que llorar es una acción de la que tendríamos que avergonzarnos.

No solo porque provocamos que los que se encuentran a nuestro alrededor se sientan incómodos, sino porque nos dejamos en evidencia.

Llorar te muestra como alguien débil, una persona que no sabe contenerse, que no es capaz de doblegar sus sentimientos. Esta sucesión de creencias son terriblemente dañinas.

No llorar lo empeorará todo

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Aunque no permitas que esa reacción física natural salga, tu alma estará llorando. Ella clamará que, por favor, saques todo ese dolor que está dentro de ti.

Al igual que cuando nos hacemos una herida esta sangra, cuando nuestro corazón está dolido, lloramos. Evitarlo provocará que aprisionemos todo eso que tendríamos que haber soltado.

Imagina que la persona que más querías te ha hecho daño, y te lo sigue haciendo porque no eres capaz de decirle nada.

Sigues callado frente a cada decepción que continúa sucediéndose. Mientras, en tu interior, se está labrando una batalla a la que no quieres mirar a la cara.

Todo ese dolor, esos pensamientos que se han convertido en un círculo vicioso, esas emociones negativas que te ahogan, irán convirtiéndose en algo malo.

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Al principio, tu cuerpo intentará alertarte por medio de dolores físicos. Una terrible jaqueca, malestar estomacal, molestia en algún miembro…

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Después, empezarás a apagarte, como si de una vela te tratases. Te volverás una persona gris y todo ese sufrimiento que has intentado contener se enquistará dentro de ti para ya nunca más salir.

Es cierto que esto tiene retorno, pero será mucho más difícil llegados a este punto. Por eso es importante no esperar tanto.

No llorar no es beneficioso. Hazlo y verás cómo lo percibirás todo de forma más clara.

Reconoce y exterioriza tus sentimientos

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Las emociones positivas y negativas son necesarias. No tenemos por qué sentirnos desdichados por el hecho de estar tristes. Esta emoción nos permite valorar su antagónica, la alegría.

Cometemos un error al no llorar pero, sobre todo, al no intentar reconocer nuestras emociones.

Queremos negarlas con tal fuerza que procuramos darles la espalda. ¿Verdad que cuando algo te hace sentir alegre lo revives en tu mente, lo observas bien? ¿Por qué no hacer eso con lo negativo?

Las emociones más oscuras intentan alertarnos de que no estamos haciendo las cosas bien, de que las personas que nos rodean no son las más adecuadas o de que ese no es el camino por el que tenemos que seguir caminando.

Ten en cuenta: Una emoción no dicha es un dolor que padecemos

No obstante, preferimos esconder la cabeza, meter todo lo que sentimos en una caja fuerte y retenerla dentro de nosotros, sin posibilidad alguna de dejarla salir.

¿No es esto una forma de autodestruirnos?

Todo es más fácil, mucho más sencillo. Somos nosotros los que lo hacemos difícil por creencias que no nos hacen bien y que no son ciertas.

Es imprescindible observar las emociones, ya nos hagan sentir bien o mal, y expresarlas. Puedes hacerlo hablando, llorando, gritando, corriendo… Lo que sea, pero sácalas al exterior.

El mejor analgésico

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No llorar evitará que descubras el mejor analgésico para todo tu sufrimiento. No son necesarias pastillas, tampoco ningún tipo de medicamento para aliviar ese dolor de cabeza que ahora tienes.

Las lágrimas permiten que el estrés que retenemos salga al exterior, se libere y nos deje. Esto nos hará sentir mucho mejor.

No importa cuán difícil sea la situación por la que estás pasando. Sea cual sea, llora. Saca toda la frustración, rencor, enfado, ansiedad, pensamientos tormentosos… ¡Déjalos que fluyan!

Después de hacerlo, tras llorar largo y tendido con ganas, sin contenerte, te darás cuenta de que parece que has corrido una maratón.

Antes de irte no te olvides de: Madurar es sonreírle a aquello que te hizo llorar

Estarás agotado, pero muy relajado. Tendrás la cara colorada y los ojos hinchados, pero tu alma estará en paz.

Ese bienestar te ayudará a empezar de nuevo. A tomar las mejores decisiones y a seguir adelante.

Porque no llorar evita que tengas la oportunidad de solucionar lo que hoy te ha borrado la sonrisa.