No me gusta mi cuerpo, pero lo acepto

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Bernardo Peña el 17 febrero, 2019
Raquel Lemos Rodríguez · 8 noviembre, 2016 · Última actualización: 17 febrero, 2019 17 febrero, 2019
Mi cuerpo no es perfecto, es único. He aprendido a aceptarlo alejándome de los trastornos alimenticios y de los cánones de belleza que impone la sociedad.

Mi cuerpo no es perfecto, pero tampoco lo es el de mis amigos, hermanos, conocidos… Incluso, aquellos que yo considero impecables tienen algún defecto, alguna imperfección.

Vivimos en una sociedad en la que el cuerpo es endiosado. En la televisión, en las redes sociales, en la publicidad, nos venden cuerpos, rostors, pieles perfectas a los 50 años, que parecen reales. Sin embargo, sabemos que son manipulados para parecer perfectos. A esto se suman consejos y fotos que nos animan a seguir cánones de belleza inalcanzables y subjetivos.

Incluso, en ocasiones, las redes sociales incitan a llevar a cabo retos sinsentido. Quizás recuerdas el reto que incitaba a que el ancho de tu barriga no superara el de un folio, o que tus clavículas pudiesen sostener monedas sin ningún problema. Lejos de ser una broma, estos retos pueden inducir a muchos jóvenes a desarrollar trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia.

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Mi cuerpo no es perfecto, ¿y qué?

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Apartarse del canon de belleza socialmente establecido quizás implica no formar parte de un grupo que supuestamente tienen lo que nosotros anhelamos.

Intentamos que no nos rechacen, ser aceptados, ser incluídos y, para eso, en ocasiones, hasta dejamos de lado nuestra auténtica forma de ser. Solamente, para poder encasillarnos dentro de un conjunto.

Pero, mira a tu alrededor. ¿Quién es realmente perfecto? Curiosamente, ese prototipo que tienes en mente no se ve a menudo por la calle. Solo en revistas, fotografías o videos publicitarios.

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Cuando una persona tiene un trastorno alimenticio quiere lograr lo que está viendo. Sin embargo, lo que se refleja en el espejo les parece totalmente distinto. Al final, deja de querer pertenecer a ese grupo de personas “perfectas” y opta por entrar en otro: individuos que comparten sus mismas aspiraciones físicas.

En internet hay muchos foros que fomentan la bulimia y la anorexia. Ahí descubres cómo las personas se animan unas a otras para pasar otro día más sin comer, para vomitar y no dejar nada en su interior, para seguir adelante hacia una muerte certera.

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La aceptación sirve para sanar

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No tienes por qué ser como el resto. De hecho, en muchos ámbitos se premia ser diferente, ser único, ser original. Muchas personas han logrado el éxito llevando a cabo sus ideas que para muchos eran sinónimo de locura.

Quieres tener una cintura más fina, pero tu constitución no es así. Deseas unas caderas menos voluptuosas, pero tus huesos no se reducirán dejando de ingerir alimentos. Por mucho que lo quieras, hay cosas que no podrás cambiar y que no te quedará otra salida que aceptar. Así que deberías reflexionar sobre qué es lo que te hace feliz.

Tal vez no te hayas dado cuenta, pero preocuparte tanto por la perfección de tu cuerpo ha hecho que te prives de lo que antes te gustaban. Es más, cuando no te obsesionabas tanto con la comida, eras más feliz. Ahora no lo eres porque te has obsesionado con un imposible. Consigues perder peso, sin embargo, te encuentras con huesos y un cuerpo que no se parece en nada al que deseabas tener. Para salir de esto, acéptalo. Seguramente, hay muchas cosas que te gustan de tu cuerpo. Sin embargo, en tu afán por parecerte a otros, te olvidas de tus virtudes, de tu belleza única.

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Finalmente….

Quiérete tal y como eres, sin compararte, sin desear ser quien no eres. No hagas que tu cuerpo sea una válvula de escape para tus miedos, frustraciones e inseguridades. Él no tiene la culpa de que tú no lo aceptes tal y como es. Perfectamente imperfecto. Recuerda, la belleza es una actitud.