Recuerda: tú no perdiste a nadie, los demás te perdieron a ti

Aprende a cambiar tu forma de ver las cosas y a darte cuenta de que lo que perdiste fue a alguien que no sabía valorarte, por lo que él perdió más que tú

Estamos seguros de que, en algún instante de tu ciclo vital, perdiste a alguien que te era muy significativo. Puede que fuese un amor, una amistad, el vínculo con un familiar determinado…

Hablamos de pérdidas emocionales, no físicas. Nos referimos a esas rupturas que se arrancan de raíz casi sin saber cómo y que nos dejan heridas, además de muchas preguntas.

Lo más complejo del final de una relación, sea del tipo que sea, es que no resulta nada fácil afrontarla de un modo que nos sea positivo, es decir, que favorezca nuestro crecimiento personal.

Por eso, es común que, ante una ruptura, nuestra autoestima se venga a bajo.

Son muchos los que se responsabilizan de un final. Así, inician un ciclo de pensamientos y atribuciones autodestructivas. Estas suelen tener como hilo conductor el “pude haberlo hecho de otro modo”, “no merezco ser amado”, “yo no era lo bastante bueno para esa persona”…

Hemos de tenerlo claro: superar el duelo por una pérdida afectiva implica controlar el tipo de pensamientos que emite nuestra mente.

No hay peor enemigo que uno mismo, y en lo que se refiere a las pérdidas emocionales, a veces, actuamos como verdaderos verdugos.

Sin embargo, esto no es lo adecuado. Por eso, te proponemos una serie de estrategias para que te ayuden en la gestión emocional de estas rupturas.

Lo que perdiste, lo que quedó atrás y lo que te empuja a avanzar

Las personas somos más frágiles de lo que pensamos. En nuestro día a día logramos mantener una aparente capacidad de control. Esta nos ayuda a pensar que podemos con todo, que nada puede hacernos daño.

Lo creemos en ciertas épocas de nuestra vida porque disponemos de vínculos fuertes con personas a las que queremos. Las buenas amistades, los buenos vínculos familiares y una relación de pareja satisfactoria y feliz nos confiere alas, fortaleza y optimismo.

Ahora bien, en ocasiones, basta que un solo eslabón de esta cadena perfecta se suelte para que dicho equilibrio se venga abajo.

Al instante, solemos quedar desbordados por las emociones negativas. Así, es común permanecer bloqueados, sin saber qué hacer, qué pensar y cómo reaccionar.

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Nuestros cimientos existenciales parecen haberse derrumbado y nuestra mente no hace más que incidir una y otra vez en la pérdida, en esa persona que nos ha dejado sin que entendamos muy bien la razón.

No mendigues amor, no pidas lo que ya no pueden darte

mujer con flores

En primer lugar, es necesario entender que toda emoción negativa, es decir, la rabia, la desesperación, la tristeza y el miedo tienen un fin muy concreto en nuestro cerebro. Estas nos obligan a ver la realidad para emitir una respuesta en función de un “peligro”.

  • Las emociones negativas son instintivas y nos ponen en aviso de algo: hay que reaccionar.
  • Si tienes claro que la otra persona ya no te quiere y la perdiste, nada puede ser más destructivo que seguir implorando una nueva oportunidad.
  • Un final duele, es necesario sentir la tristeza, llorarla y pasar un tiempo con nuestros propios pensamientos.
  • Más tarde, daremos paso a una aceptación digna de lo sucedido y echaremos a andar de nuevo.

No debemos focalizar la mente en el pasado y en esas frases condicionales de “si hubiese hecho esto puede que”, “si le hubiese dicho es posible que”. Estas no hacen más que cronificar la propia desesperación.

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Son los demás los que te han perdido a ti

Tú no perdiste a nadie, los demás te perdieron a ti. Enfocar las cosas de este modo no es un acto de egoísmo, sino de fortaleza emocional.

  • Si alguien no encajó en tus sueños, si no comprendió la grandeza de tus valores, si no armonizó en tu amor sabio, en tu cariño y tu buen hacer, quien ha perdido de verdad es esa persona, no tú.
  • No te culpabilices por esa pérdida. Tampoco debes humillarte o maltratarte, ni pensar que debes cambiar para encajar en los planes de otra persona.
  • Jamás pierdas tu identidad ni tus grandezas. Si a alguien no le agradaron, es problema suyo. Si una persona no las comprendió no hay razón para torturarse.

Alimenta tu amor propio y cuida de tu autoestima. Evita prender fuego a esas virtudes que tanto te ha costado alcanzar solo porque alguien era miope al verte, solo porque una persona te dejó porque no calzabas la talla de su corazón.

No te pierdas a ti mismo solo porque perdiste a alguien

mujer de espaldas con flores

No merece la pena perderse a uno mismo. Dejar de quererse solo porque alguien ha optado poner distancia cuando nosotros ansiábamos la cercanía no es saludable.

  • Si eliges descuidarte, si optas por poner distancia de tu propio corazón, serás un triste cautivo de quien un día te dijo no, de quien cerró la puerta de tu casa para sembrar tristezas en tu mente.
  • Cierra esa etapa, da fin a ese círculo de sufrimiento y sal a encontrarte de nuevo contigo mismo.
  • No busques un amor a modo de analgésico con el que saciar penas y hallar olvido.

Lo más adecuado en estos casos es pasar un tiempo con el que sanarnos a nosotros mismos. Además, debemos recordar, una vez más, cuáles eran nuestras alegrías, nuestras ilusiones y nuestros valores.

Lo que perdiste ya no existe, ha quedado atrás, pero lo que está por llegar viste felicidades y nuevas esperanzas. Está a tu alcance si tú lo quieres.

Imágenes cortesía de Stasia Burrington