No permitas que tus heridas emocionales te cambien

14 enero, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por Raquel Aldana
Nuestras heridas emocionales nos obligan a vivir en el pasado, limitando nuestro presente. Ha llegado la hora de deshacernos de lo que nos atormenta.

Es normal que revisemos nuestro pasado, que apliquemos sus enseñanzas y que sintamos su dolor. Sin embargo, a veces nos acostumbramos y vivimos permanentemente en él. Esto nos ocasiona heridas emocionales, que se enquistan e infectan a medida que la tocamos.

Puede que sea habitual y que estemos acostumbrados a ello, pero vivir con nuestras heridas emocionales permanentemente abiertas nos impide avanzar. No nos deja disfrutar de lo que tenemos ni amarrar con fuerza el presente.

El vértigo emocional: no poder decir adiós

Dolor por heridas emocionales

El temor a soltar, a decir adiós y a cerrar etapas tiene un nombre: vértigo emocional. Es uno de los miedos más puros que existen y consiste en el temor a enfrentarnos al vacío que genera la pérdida de alguien, de algo o de la simple cotidianidad que nos envuelve.

Un día, de pronto, te sientes vulnerable e irascible, te dan ganar de dejarlo todo y huir, pero no puedes. Sientes que vives en una montaña rusa emocional, que la inseguridad reina en ti y que no te sientes capaz de controlar la situación. Todas estas emociones te ahogan y no ves la salida a tu amargura.

Sientes que si te sales del guión que has establecido para tu vida, provocarás una catástrofe de inmensa magnitud. Para seguir hacia adelante hace falta trabajarse mucho, busca en tu interior e intenta completarte a ti mismo. No hay fórmulas mágicas, la solución está dentro de ti.

Desinfectar nuestras heridas emocionales

Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.
Bernardo Stamateas

Las heridas del alma están llenas de dolor, rabia, despecho, invalidez, soledad, traición, falta de apoyo, incomprensión, tristeza, anhelos, engaños, culpas, propias y ajenas que la han hecho cada vez más dolorosa. Por eso, este paso de uno de los más difíciles de llevar a cabo. Para curar nuestras heridas emocionales tenemos que:

1. Localizarlas

Nuestras heridas producen una tristeza característica que nos paraliza, bloqueando toda posibilidad de salir a flote. Así, tenemos indagar en nuestro interior y buscar ese dolor en el que no queremos pensar. Para encontrar las respuestas adecuadas hay que hacerse muchas preguntas como: ¿Dónde duele? ¿Desde cuándo? ¿Por qué puede ser?

2. Hablar sobre ellas

Hablar sobre las heridas emocionales ayuda a sanarlas

Se dice que, a veces, lo que una persona necesita no es una mente brillante que le hable sino un corazón paciente que le escuche. En este caso, además de estar dispuestos a hablar, necesitamos que alguien nos escuche.

Como hemos comentado, nuestras heridas no solo duelen, sino que también nos limitan. De hecho, cuanto más graves son, más lo hacen. No nos debe importar el tiempo que llevamos sufriéndolas, tenemos que vaciarlas y eliminar de nuestro interior todo lo que hemos callado.

Solemos aplicar la ley del silencio pensando que es lo mejor, pues decir en alto de nuestros sentimientos y pensamientos nos parece desacertado. Nada más lejos de la realidad, hablar y sacar lo que llevamos adentro actúa como un bálsamo reparador.

3. Drenarlas

Las heridas de nuestro pasado emocional supuran sentimientos, emociones y pensamientos que nos dañan. Por eso, tenemos que dejar de perpetuar su estancia en nuestro interior, pues viven a nuestra costa e inflaman las zonas dañadas hasta límites insospechados.

Para drenar tus heridas emocionales lo que tienes que hacer es llorar. Llorar siempre expulsa parte de nuestro dolor. Guarda silencio, haz locuras, rompe papeles. Haz lo que quieras, pero condena a muerte tu sufrimiento.

4. Dejar que escuezan

Al principio, hacer algo diferente siempre cuesta, pero todo hábito es costumbre. Hazte consciente de que la herida duele porque estás actuando sobre ella, evitando así que la lesión se enquiste y que tu dolor eche raíces.

Cicatrizar las heridas emocionales de nuestro pasado

Libertad al cicatrizar heridas emocionales

A veces esperamos que las cosas cambien solas y, como nada lo hace, no nos queda otro remedio que cambiar nosotros. Es importante que cierres tu herida y no permitas que nada más vaya a parar a su interior. No la cosas, zúrcela, que se note que algo se rasgó y recompusiste sus pedazos.

Utiliza una buena aguja y renueva tu interior. Recuerda siempre que hubo algo que se rompió dentro de ti, algo que supuso un antes y un después en tu vida. No te avergüences de portar el estandarte de la cicatriz, eso te hace una persona nueva y capaz de mucho más.

Haz como el arte jaónés Kintsukuroi. Cuando un objeto de rompe, se repara la zona estropeada rellenando las grietas con polvo de oro. Con este se pretende que la pieza dañada sea aún más fuerte que lo que era anteriormente. Es decir, los desperfectos que se originaron tras el accidente son ahora la parte más fuerte y bella de la pieza.

Esta es la mejor manera de sanar nuestras heridas, convirtiendo el dolor y la superación en un orgullo, en nuestra parte distintiva. Porque, al fin y al cabo, nuestras experiencias y nuestros aprendizajes conforman lo que somos hoy.

Cambiarás al sanar tus heridas emocionales, dejarás de ser quien no eres y te aceptarás. Ya no habrá heridas emocionales que te atrapen ni tristeza que suma en la negrura. Al fin y al cabo, se trata de afrontar, aceptar y seguir caminando por el sendero de la vida sin que las heridas te atrapen.