Por qué no podemos comer una sola galleta o patata frita

Debido a todos los aditivos que llevan los aperitivos como las patatas o las galletas se nos hace casi imposible parar de comerlos. Procura mantener la cabeza fría y aprende a decir no

El plan es perfecto: tumbarte en el sofá a mirar tu serie favorita con una bolsa de patatas fritas o de galletas. Te has propuesto comer sólo un puñado, para luego cenar lo que has preparado con tanto esmero.

Sin embargo, cuando quieres acordar… ¡El paquete está vacío! ¿Por qué no podemos comer solo un puñado de estos alimentos?

En este artículo te lo contamos.

Somos adictos a la comida basura

El ejemplo del inicio es muy frecuente, pero no el único. También podemos volvernos dependientes de los aperitivos mientras trabajamos, cuando estamos reunidos con nuestros amigos o en la soledad de un viernes por la noche

Ya sea dulce o salada, la comida “basura” es muy adictiva. Por ello nos es tan difícil detenernos y seguimos comiendo hasta que se termina.

La industria alimentaria nos ha convertido en sus servidores y fanáticos debido a los componentes que incluye en sus productos.

Los consumidores compulsivos no son solamente aquellos con sobrepeso que vemos en la televisión. ¡Nosotros también formamos parte de ese grupo!

FritosLa obesidad, la hipertensión, la diabetes y los problemas cardíacos van en aumento y no nos damos cuenta de que se debe, en gran parte, a lo que comemos (o nos están “obligando” a ingerir).

Las empresas dedicadas a producir “alimentos” (que no nos alimentan en lo absoluto) invierten mucho dinero en manipular sus productos para que sean apetecibles y se vuelvan una adicción.

¿Te has puesto a pensar por qué nadie es comedor compulsivo de manzanas, de zanahorias o de almendras? ¡Porque su función es alimentarnos, no volvernos adictos!

La composición de frutas, verduras y frutos secos no ha sido modificada y por ello no caemos en la gula cuando los tenemos enfrente.

Grasa, azúcar y sal: los principales adictivos

Las multinacionales de la comida procesada (que surgieron en Estados Unidos y se expandieron a todo el mundo) no se hacen responsables de lo que cada cliente come.

Por supuesto, tampoco revelan qué les añaden a sus productos para hacerlos tan ricos y que realmente los necesitemos.

Junto con los mercados forman una unión poderosamente dañina: la distribución de la comida en una tienda está pensada para que llegar a lo sano cueste más que alcanzar lo dañino.

¿Te has fijado en que los sectores de frutería y verdulería suelen estar al fondo del salón y los snacks y aperitivos cerca de las cajas?

Chica comiendo del frigoríficoLos alimentos manufacturados cuentan con muchos elementos para volvernos adictos a ellos, pero sobre todo a tres: el azúcar, la sal y la grasa.

Estos tienen efectos directos en el cerebro el cual lo relaciona al placer y al disfrute. Tal y como sucede con las drogas y el cigarrillo, el cerebro necesita cada vez más dosis de estos productos.

Incluso la persona con mayor voluntad del mundo sucumbirá a la tentación de probar una patata frita nueva que ha salido al mercado o un aderezo para su comida sana.

Nada de lo que venden estas empresas es vital aunque creamos (o nos hagan creer) lo contrario.

Es verdad que para cocinar nosotros también usamos sal, azúcar o grasas, pero la diferencia radica en las cantidades y proporciones. La industria alimentaria utiliza mucho más y lo combina con otros aditivos.

La mayoría de los productos preparados del mercado tiene azúcares. Lo suelen “esconder” o diluir, pero está presente incluso en los alimentos que no son dulces.

amigosEn el caso de la grasa, es una droga adictiva muy usada en la gastronomía que nos atrae como si fuésemos moscas y estuviéramos frente a una cucharada de miel.

La sal intensifica los sabores y forma parte esencial de las recetas de los snacks (que, de lo contrario, no comeríamos).

¿Cómo evitar engullir todo un paquete de patatas fritas?

Hasta aquí la explicación científica de la situación, pero es preciso también tomar cartas en el asunto como consumidores y, sobre todo, como defensores de la salud.

Quizás creas que es imposible combatir esa “necesidad” de comer una patata frita y otra más y otra hasta terminar la bolsa, pero las buenas acciones comienzan por casa y, si bien al principio será difícil, podrás salir airoso.

Vale aclarar que la causa de estos males no es la comida en sí, sino la cantidad que ingerimos. ¡Por ello es vital controlar nuestros impulsos!

Algunos consejos que podemos tener en cuenta para ganarle la guerra a la industria alimenticia:

Ir al supermercado con el estómago lleno

Si vamos a hacer la compra con apetito es más probable que terminemos adquiriendo productos que no queremos, no nos gustan o nos hacen mal.

En cambio, si acabamos de comer esa ansiedad se verá apaciguada y no tomaremos tantas bolsas de patatas o paquetes de galletas.

mujer comprando verduras

Tener en casa opciones saludables

¡Y a la vista! Cuando estamos a punto de ver una película y lo primero que encontramos son aperitivos poco saludables, es obvio que los llevaremos frente a la televisión.

No obstante, si, en cambio, nuestros ojos ven unos bastones de zanahoria con una pasta de garbanzos o de berenjenas, eso elegirán.

Servir en un plato

No lleves a la mesa o al sofá el paquete entero. Mejor sirve en un plato o bandeja una porción pequeña. Si estás entusiasmado con la charla o la película no querrás levantarte a buscar más.

¡Y evitarás terminarte todo la bolsa!

aperitivo poco sanoEn definitiva, necesitas tener a la mano opciones sanas y caseras para comer y evitar la compra de productos procesados repletos de azúcar, grasa o sal, así como también ser inteligente al momento de servir la comida en la mesa.

REFERENCIAS

http://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2016/06/09/articulo/1465470420_761896.html

http://www.correryfitness.com/nutricion/que-hay-comidas-como-patatas-fritas-que-puedes-parar-comer_2016080100269.html

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