No quiero ni puedo volver al pasado, soy una persona diferente

Aunque no lo creamos, somos una persona diferente a la que éramos ayer. El pasado nos ha enseñado, con sus alegrías y tristezas, y nos ha hecho más sabios

El pasado no se puede editar. Nadie puede cambiar ni un ápice de lo hecho, de lo dicho o de lo ocurrido. Sin embargo, lo ocurrido en el ayer define también lo que somos ahora.

Hay quien no puede asumir su propio pasado. Los errores en los que hemos incurrido, los fracasos sufridos o las decepciones sentidas son heridas aún abiertas que les impide poder integrarse de forma saludable en el hoy, en el aquí y ahora.

A pesar de no ser nada fácil asumir cada hecho cometido o cada cosa o persona perdida a lo largo de nuestros senderos vitales, hemos de entender que uno de nuestros peores errores es, sin duda, arruinar nuestro presente recordando un pasado que ya no tiene futuro.

Te proponemos reflexionar sobre ello.

El pasado no tiene nada nuevo que ofrecerte

El pasado llama de vez en cuando a nuestra puerta. Puede hacerlo en forma de recuerdos, de personas que golpean de nuevo los cristales de nuestras ventanas pidiéndonos que volvamos a ser los mismos de ayer, los mismos que un día derramaron tantas lágrimas por quien nunca lo mereció.

No lo permitas. Cada vez que el pasado llame a tu puerta de nuevo, entiende que no tiene nada nuevo que darte, porque las auténticas oportunidades de ser feliz se abren en este mismo instante.

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Es hora de empezar a caminar de nuevo

Vivir es tener que desprendernos continuamente de cosas y de personas, y lo hacemos para seguir avanzando.

Has dejado amistades que resultaron ser falsas, has dejado a familiares que no supieron qué era la felicidad, has dejado lugares, trabajos, costumbres y cosas para subirte a nuevos trenes llenos de oportunidades.

  • Es hora de empezar a caminar de nuevo, cerrando puertas. Es algo que haremos con una mezcla de tristeza. Ahora bien, una emoción que no debemos alimentar cuando “cerramos círculos” es el rencor, el odio o la frustración.
  • Entiende que quien desea de verdad superar su pasado debe hacerlo libre de cargas, y el odio es, sin duda, la carga más pesada, esa que nos hará cautivos de quien nos hizo daño, de quien no nos quiso bien.
  • Da el paso hacia tu futuro libre de resentimientos y de esas emociones negativas que erosionan tu oportunidad de ser feliz.

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Ama tu presente integrando tu pasado

Eres una persona completa. Cada una de tus experiencias pasadas y presentes conforman una totalidad que debes amar, entender y respetar.

  • Desde la terapia Gestalt, desde este enfoque integrado dentro de la psicología humanista nos recuerdan que somos organismos unitarios que hemos de tomar consciencia del aquí y ahora, integrando pasado y presente.
  • Quien vive únicamente evocando el ayer y respirando sus propias nostalgias se olvida del “yo presente”. Favorecemos una desconexión de la realidad y de nuestras propias necesidades.
  • Todo ello, lo creamos o no, puede enfermarnos, porque la depresión tiene muchas veces como origen esa fijación desesperada en un momento del ayer, en esa falta o en esa carencia que nos “desarraiga” por completo del presente.

Debemos ser capaces de querernos por todo lo que somos, incluso por los errores cometidos en el pasado porque nos han permitido aprender y configurar lo que somos ahora.

Por mirar a un pasado que ya no va a volver te pierdes mil caminos que recorrer

A pesar de que todos hemos perdido muchas cosas en el océano de nuestros pasados, la única forma de reparar esas brechas y de configurar nuevas oportunidades de futuro es centrarnos en el aquí y ahora, y en todos esos caminos que podemos recorrer de forma más sabia, con valentía.

Algo curioso que puede invitarnos a la reflexión es pensar en una técnica ancestral que tienen los japoneses a la hora de reparar piezas rotas de porcelana.

Kitsungi y el pasado

  • Cuando se rompe una taza, por ejemplo, la cultura japonesa entiende que nada puede ser como antes. El pasado es pasado y nos define tal y como somos ahora.

No obstante, también nos abre la oportunidad de ser más fuertes, más hermosos.

  • Es por ello por lo que a esas fracturas y a esas piezas rotas se las une mediante una técnica llamada Kintsugi. Se utiliza un tipo de pegamento con el que unir los fragmentos rotos para, después, recubrir esas vetas con polvo de oro o plata.
  • Cada grieta se decora con dicha pintura dorada, de forma que esa taza o ese plato luce ahora más hermoso y, además, cuenta una historia excepcional.
  • También nosotros deberíamos poner en práctica esta técnica. Lejos de rehuir o de lamentar nuestro pasado, debemos integrarlo en nuestro presente con fortaleza, con resiliencia.

Atrévete a pintar tus heridas de dorado, no las escondas, no te avergüences…

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No eres la misma persona del ayer; eres alguien mejor, alguien más valiente y capaz. Alguien digno de seguir avanzando en busca de más oportunidades.

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