Por qué no es sano buscar siempre la aprobación de los demás

Buscar la aprobación de los demás continuamente hace que dejemos nuestra felicidad en manos ajenas, por lo que es fundamental aprender a tomar las riendas de nuestra vida

Para llegar a un lugar donde nunca hemos estado, tenemos que ir por caminos que nunca hemos pisado. Buscar siempre la aprobación de los demás nos impide recorrer con libertad nuestro propio destino. De hecho, nos hace esclavos de ideas o consejos ajenos. 

Es necesario exponerse, tomar el riesgo, escuchar nuestra propia voz interior y blindarse ante quien nos pretenda guiar. Todo el mundo parece saber, mejor que nosotros, lo que nos conviene. En nuestra mano está abrirles esa puerta o seguir a nuestro corazón.

En busca de la felicidad

La finalidad última de nuestra existencia es el desarrollo personal con la base de la felicidad como medio para conseguirlo. Cada persona es feliz con diferentes situaciones. Lo que para unos es válido, para otros puede ser insuficiente. Por este motivo, no es sano buscar siempre la aprobación de los demás en nuestro recorrido. 

Cada camino es personal. Nadie lo puede andar por nosotros y nadie debería tomar nuestras propias decisiones. No necesitamos el beneplácito de los demás. Además, no es aconsejable depender, en cada decisión, del consejo de otras personas. Aunque sean de nuestra confianza. 

Consejos tengo que para mí no quiero

Si seguimos con fe ciega los consejos y las opiniones de los demás, jamás podremos aprender a ser independientes. Las caídas y los errores nos aportan experiencia y son imprescindibles para consolidar nuestra autosuficiencia. 

Es muy común que quien nos da consejos no los aplique para sí mismo. Por este motivo, es mejor guiarnos por nuestras capacidades, por nuestro instinto o por nuestro corazón. No nos dejemos deslumbrar por la aparente elocuencia de los demás. Mejor confiemos en nosotros mismos y pongamos nuestra tenacidad y pasión para lograr un objetivo.

 fuentes motivacionales para no buscar la aprobación de los demás

Aprobación de los demás y miedo al qué dirán

En primer lugar, no podemos depender de los demás. De hecho, no es sano. Limitarse a vivir bajo el ala protectora de otra persona nos inutiliza. Además, nos hace seres dependientes e incapaces de desenvolvernos por nosotros mismos. Debemos educarnos en la ley del esfuerzo y la superación personal. Salir de la zona de confort y tomar riesgos. El que nada hace, nada teme. 

Por otro lado, cargar con el miedo al qué dirán es un peso innecesario. Si nuestras decisiones no perjudican a otros, no hay nada que temer. No tenemos que rendir cuentas a ninguna autoridad moral. Somos seres libres. Y por muy políticamente incorrecto que sea lo que hacemos, recordemos que los nuevos caminos se construyen rompiendo algunas normas. 

El miedo a tomar decisiones nos paraliza

Si dejamos de hacer algo por no tener la aprobación de los demás vamos a llenarnos de rencores y frustraciones. En realidad, acabaremos pagando con los otros el propio miedo que nos impide tomar una decisión. Si es nuestra la indecisión o la falta de empuje, dejemos de culpar a otros. 

El miedo es una opción individual. Y superarlo solamente depende de uno mismo. Basta con observar en un grupo de personas cómo la misma situación causa diferentes reacciones para saber lo arbitraria que es la psicología de cada uno. El miedo al fracaso nos hace buscar la aprobación de una acción en los demás. Y eso no es sano.

Los miedos y la aprobación de los demás 

¿Cómo detectar cuándo seguimos la inercia de otros?

Al comenzar una nueva actividad es lógico tener cierto grado de duda. Es habitual compararnos y medirnos con otras personas para tener una perspectiva de nuestra situación. ¿Lo estaremos haciendo bien? ¿Será esto lo normal?

A continuación, exponemos algunos puntos para detectar si nuestra indecisión puede llegar a ser patológica:

  • Debemos aprender a decir “no”.
  • Si tenemos una opinión diferente, debemos exponerla y no callarnos.
  • No podemos cambiar de opinión porque lo diga la mayoría.
  • Debemos ser naturales y espontáneos.
  • Nadie conoce nuestras luchas o sufrimientos. Por lo tanto, no nos dejemos avasallar.
  • Se debe asumir la propia responsabilidad.
  • Nadie es más ni menos que otro.
  • El éxito o el fracaso solo tiene un responsable: uno mismo.

Si uno quiere vivir con plenitud y siendo el capitán de su propio barco, debe aprender a tomar las riendas de su vida. No obstante, no debemos caer en el error de la arrogancia o de la soberbia. De este modo, podemos desarrollar nuestro proyecto de vida sin la necesidad de la aprobación de los demás.