No te partas en pedazos para mantener a los demás completos

Valeria Sabater · 13 octubre, 2015
Si bien no está mal entregarse a los demás, debemos procurar que este acto sea recíproco y, a su vez, aprender a no sentirnos mal si no podemos satisfacer sus necesidades

¿Cuántas veces te has partido en pedazos por los demás? Es algo muy común, en especial entre las mujeres. Deseamos llegar a todos los brazos, a todas las necesidades de los demás para ofrecer bienestar y felicidad.

Todo ello aporta nobleza, porque lo llevamos a cabo por libre voluntad y porque es así como entendemos el amor: querer a nuestras parejas, hijos o amistades. Y, más aún, lo hacemos sin esperar nada a cambio.

Ahora bien… ¿Eres de las que piensa de verdad que no mereces nada a cambio? Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello.

Cuando nuestro corazón se parte en pedazos por los demás

Nos partimos en pedazos casi cada día, y lo hacemos sin darnos cuenta. Llega un momento en el que nos hacemos conscientes de las carencias de nuestro propio corazón.

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Nos partimos en pedazos cuando:

  • Anteponemos los deseos de nuestra pareja a los nuestros. Es algo que podemos hacer una, dos, tres veces, pero, ¿qué ocurre cuando la otra persona da por sentado que siempre lo vamos a hacer?
  • Se usa el chantaje emocional o la victimización para obligarnos a ayudar , a hacer favores y tareas a alguien.
  • Nos dejamos llevar por amistades en ocasiones tóxicas, acostumbradas a contarnos sus penas cotidianas sin preocuparse en ningún momento por saber cómo estamos, por lo que pensamos o sentimos.
  • Retrasamos cada día aquello que nos gusta hacer porque los demás siempre tienen prioridad.

Si dejamos de priorizarnos, con el tiempo, llegará un instante en que perderemos nuestra identidad. Esa esencia que nos define en nuestros gustos, pasiones, sueños y autoestima.

No se trata de no hacer caso a los demás, sino de no hacer caso solo a los demás. La clave está en el equilibrio.

Tienes derecho a esperar reciprocidad

partirse en pedazos: reciprocidad

Darlo todo sin esperar nada a cambio nos puede hacer daño

Las relaciones no son solo una interacción monodireccional, sino un intercambio efectivo y satisfactorio donde ambas partes ofrecen afectos, información y energías por igual. Toda relación que se basa en una sola dirección, en el “yo doy, yo atiendo, yo cuido, yo ofrezco, …”  acaba herida y llena de carencias.

Como seres sociales y emocionales, también necesitamos ser reconocidas como personas que deben recibir atención y afecto. El reconocimiento nos sitúa en el mundo, algo que necesitan niños y adultos.

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En la psicología popular se llama síndrome de Wendy, a la situación donde una de las partes implicadas se desvive por la otra persona buscando siempre su felicidad, dejando a un lado su propia autoestima.

El derecho a la reciprocidad: nadie es egoísta por esperar algo a cambio

Esperar que los demás también nos tengan en cuenta no es ser egoísta. La reciprocidad es la base de las relaciones sociales y como tal debemos practicarla y, a su vez, recibirla.

Reciprocidad es dar y ofrecer, es reconocer y ser reconocidos

  • La reciprocidad es tener derecho a decir “no puedo”, “en este momento no me es posible” o “no quiero hacerlo”. Sabemos que la otra persona nos comprenderá, y entenderá que no siempre estaremos disponibles y que tenemos necesidades propias.
  • Tienes derecho a negarte, a decir no. Y no por ello eres mala persona o egoísta. Nadie tiene tampoco derecho a sentirse ofendido, porque si no entienden que necesitas también de tu espacio personal, ahí donde ser tú misma, es que no te aprecian ni te tienen en cuenta.
  • Si vamos cediendo día a día en todos estos aspectos, llegará un momento en que nos sentiremos frustrados. La frustración deriva en insatisfacción, y la insatisfacción en infelicidad.

En el momento en que somos conscientes de esta infelicidad, corremos el riesgo de que llegue la depresión. Si no disponemos de ese equilibrio interno, de ese bienestar que nos da fuerza e integridad, es muy difícil seguir ateniendo a los demás. Seguir ofreciendo felicidad.

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Recuerda siempre que para dar lo mejor de nosotros mismos necesitamos estar bien. Y para estar bien, necesitamos que se nos reconozca como personas, que se nos respete y que se nos tenga en cuenta.

Nadie es egoísta por ello. Se llama integridad, se llama quererse a uno mismo, algo que deberíamos cultivar cada día de nuestra vida.