No te rindas demasiado pronto, no te aferres demasiado tiempo

Raquel Lemos · 1 febrero, 2017
Hay que aprender a encontrar ese término medio que nos permita darnos cuenta de que no es momento de rendirse, pero que, a su vez, nos deje ver cuando no quede otra que abandonar

La vida es una carrera en la que no debe primar la velocidad, sino la resistencia, así que no te rindas demasiado pronto.

No obstante, al igual que la perseverancia puede verse premiada, también existe su otra cara, mucho más oscura y que te transportará al fracaso: aferrarse demasiado tiempo.

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Es necesario aprender y saber determinar cuándo debes apretar el paso, cuándo aminorarlo y cuándo tomar un nuevo camino.

El éxito no radica en los extremos a los que te ves impulsado debido a tus emociones, sino en el encuentro con ese equilibrio tan imprescindible.

No te rindas, lo mejor está por llegar

no te rindas

Conseguir lo que quieres no será una tarea fácil. Por el camino te darás de bruces con piedras llenas de errores, de dudas, de vergüenza y de falta de autoestima que tendrás que sortear.

Sin embargo, a veces te encontrarás sometiéndote a todas ellas y dando vuelta atrás. Creerás que tus conocimientos son insuficientes, que no estás hecho para llevar ese proyecto a buen término… Tirarás la toalla.

¿En cuántas ocasiones has dudado de la veracidad que estas piedras parecen tener? Das por supuesto todo eso que te gritan: “¡déjalo!”, “¡no vales para eso!”, “¡jamás lo conseguirás!”.

Todos estos bramidos son miedos que tu mente transforma en pensamientos autosaboteadores. Nadie está libre de temores. Todos albergamos inseguridades, dudamos ante lo desconocido, subestimamos nuestras capacidades…

No obstante, es el momento de llevarles la contraria, porque tú puedes, debes y llegarás hasta lo que te propongas.

Da igual lo mal que te sientas por esas ideas que te abruman. ¡Llévales la contraria! No te rindas ahora que has hecho lo más difícil, empezar a caminar hacia lo que deseas lograr.

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El primer paso es el más complicado, pero una vez dado, no te dejes vencer. Rendirse demasiado pronto no es algo que deba entrar dentro de tu posibilidades.

Inténtalo, a pesar de todo. Comprueba con hechos y poniéndote en acción si lo que todos esos pensamientos te dicen es cierto o no.

Aprende a soltar

El hecho de que no te rindas demasiado pronto no implica que debas aferrarte a algo equívoco durante mucho más tiempo.

Insistir, darte de cabezazos contra una pared, no te servirá de nada si no hay salida por mucho que te machaques. Tu cabezonería jamás será positiva.

Por eso, es imprescindible abrir los ojos y saber cuándo perseverar y cuándo soltar. Quizás sea el momento de buscar otros senderos por los que transitar.

Pero… ¿Cómo saber cuando debo dejar de perseverar y soltar?

No alcanzas los resultados esperados

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Estás dando lo mejor de ti. Has aprendido de tus errores, sigues hacia adelante luchando contra viento y marea. Pero, aún así, nada es lo esperado.

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Al final esto te causará un gran desgaste, porque no te estás dando cuenta de que no vas a llegar a ninguna parte. Al menos, no por este camino.

Tómate un tiempo para reflexionar sobre tu objetivo. Tal vez haya otras salidas, opciones que no has visto hasta ahora. Ver las cosas con perspectiva te ayudará a aclarar la mente.

Sufres un desgaste físico o emocional

Como bien hemos mencionado, seguir insistiendo en algo que no dará frutos te desgastará.

Cuando tus metas te están suponiendo un enorme sacrificio que te están costando tu salud y tu bienestar, es el momento de que te las replantees.

Hay objetivos que no merecen grandes sacrificios, pues estos traen consigo problemas en las relaciones interpersonales, falta de equilibrio y desgaste físico o emocional.

Las circunstancias han cambiado

Cuando te encuentras tan concentrado en alcanzar lo que quieres, te olvidas un poco de lo que ocurre a tu alrededor y de cómo han cambiado las cosas.

¿Tienes la misma disposición que antes? ¿Qué personas han dejado de apoyarte? ¿Sigues igual de motivado?

Estas preguntas son necesarias en determinados instantes en los que pierdes la perspectiva. Reflexiona y, en caso de ser preciso, rediseña tus metas. Ellas también son susceptibles de cambios.

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No te rindas demasiado pronto. Persigue tus metas hasta lo imposible, siempre y cuando sean realistas.

A su vez, debes estar preparado para dejar de aferrarte a ellas cuando no tengan salida y empiecen a afectar a tu bienestar.