No tomar decisiones es peor que cometer errores

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 7 marzo, 2019
Si no tomamos decisiones habrá quien lo haga por nosotros y perderemos el control de nuestra propia vida. Debemos ser los que llevemos el timón de nuestra felicidad

Las personas nos pasamos el día tomando decisiones, no hay que tener miedo a los errores sino a una vida no vivida. Por ello, es necesario entender que tomar decisiones es algo primordial para ser felices.

Todos esos pequeños actos cotidianos definen parte de nuestra personalidad. No obstante, lo que de verdad caracteriza lo que somos, son esas grandes decisiones que nos permiten encaminar nuestra vida en un dirección u otra.

Hay que tener claro que: quien no decide por sí mismo deja su destino en manos de los demás o de esa casualidad donde perder por completo el control de nuestra vida.

Si bien es cierto que cualquier decisión viene acompañada por un componente de miedo o incertidumbre, siempre será mejor cometer errores de los que aprender que no hacer nada.

Las decisiones que nos permiten vivir con más armonía

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En nuestro día a día, más que aspirar a esa felicidad donde poder alcanzar todos nuestros sueños, lo que más deseamos es estar en armonía. Estar en armonía significa actuar de acuerdo a nuestros valores encontrando el respeto de los demás.

También significa, mantener relaciones personales basadas en la reciprocidad y el reconocimiento. Algunas de las pautas que podemos seguir para ser capaces de tomar decisiones son:

Aprender a discernir

Discernir es una capacidad psicológica que todos poseemos y que deberíamos aprender a poner más en práctica. En ocasiones, nos dejamos llevar por la rutina, por ese día a día donde caer en una monotonía psicológica donde dejamos de actuar.

Esta dejadez hace que nuestros pensamientos se vuelvan algo más rígidos, hasta el punto de ver cualquier alteración o cambio como un peligro. Ir más allá de nuestra zona de confort es algo que nos produce miedo e inseguridad.

Cuando nos veamos en estas situaciones lo más recomendable es aprender a discernir. Esté término significa «darse cuenta de algo, descubrir una verdad». Esto es, precisamente, lo que debemos hacer: descubrir esa realidad tan poco satisfactoria en la que estamos.

Antes de tomar una decisión adecuada es recomendable que sepamos discernir en qué punto de nuestra vida nos encontramos, y para ello, es necesario hacernos pequeñas preguntas que nos revelarán una realidad ante la que actuar.

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Para tomar decisiones hay que saber a dónde queremos ir

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Cuando tomamos plena conciencia de que necesitamos un cambio, hay que saber hacia dónde queremos dirigirnos y qué deseamos conseguir.

Cambiar por cambiar, sin un propósito claro, no tiene sentido. Debemos ser responsables de cada uno de nuestros actos y para ello, hay que fijarse metas.

Ante de tomar una gran decisión, lo más adecuado es empezar tomando «pequeñas decisiones». A su vez, reflejadas en metas sencillas que podemos ir alcanzando día a día.

Un ejemplo sería: ponerse el propósito de que, a partir de hoy, vamos a ser más asertivos. Daremos  «no» cuando de verdad lo sentimos, y un «sí» cuando realmente nos apetezca.

Los pequeños cambios traen consigo una mejora de la autoestima. De este modo, vamos «acumulando» fortalezas y valentía.

Incluso podremos poner en marcha decisiones mayores como buscar otro trabajo, cambiarnos de lugar de residencia…

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No hay que tener miedo a los errores

corazones de piedra representando la dificultad de las decisiones

En ocasiones, buscamos culpables a la infelicidad que ahora mismo nos asfixia, cuando, en realidad, somos nosotros quienes nos permitimos alargar situaciones que por sí mismas, ya deberían haber «caducado».

Cada uno de nosotros somos creadores de lo que ocurre en nuestra mente. Si entendemos que un error es un fracaso que lamentar, jamás nos permitiremos avanzar.

Un error es una oportunidad para aprender, y quien se limita a quedarse quieto sin decidir por simple miedo a equivocarse de nuevo, estará poniendo muros a su felicidad. Todos disponemos de esa brújula interna que nos dice cuándo algo debe finalizar o cuándo debemos empezar de nuevo.

Atrévete a vivir la vida que de verdad te susurra tu corazón. Racionaliza tus miedos, da fuerza a tu autoestima y aprende de cada piedra que encuentres en tu camino.

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