Nunca es tarde para darte cuenta de que mereces algo mejor

Nunca es tarde para darte cuenta de que mereces algo mejor

Cuando se trata de encontrar nuestra propia felicidad y procurarnos bienestar no existe el tiempo. Podemos equivocarnos mil veces, pero nunca es tarde para pensar en nosotros mismos

Nunca es tarde para hacer un cambio. El reloj siempre va a estar en la hora perfecta para ese instante en que nuestro corazón se dé cuenta de que merecemos algo mejor.

Algo que suele ocurrir es que mucha gente lamenta no haberse dado cuenta antes de que la suya era una situación insostenible. No entiende cómo pudo esperar tanto tiempo para reaccionar.

Ahora bien, es importante tener en cuenta que nuestro cerebro, y en especial esa área relacionada con las emociones y los afectos, suele ser muy reacio a los cambios. Nos decimos a nosotros mismos eso de “voy a aguantar un poco más”, “puede que las cosas mejoren”.

No obstante, si con el paso del tiempo nada cambia y la sensación de infelicidad es la misma, es momento de decirnos a nosotros mismos “que merecemos algo mejor”. Merecemos, por encima de todo, reencontrarnos con nuestra propia tranquilidad.

Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Nunca es tarde para ser felices de nuevo

Analicemos durante un instante la palabra “tarde”. Podemos aplicarla a esas citas en las que quedamos a una hora y, por motivos diversos, nos retrasamos y no llegamos a tiempo.

Tarde es cuando olvidamos apagar el fuego en su momento y se nos quema la comida.

Son dos ejemplos sencillos donde queda implícito un aspecto esencial: no hay vuelta atrás; por mucho que hagamos nada va a hacer que ese guiso esté en su punto o que no quedemos como “impuntuales” con nuestra cita.

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Ahora bien, en lo que respecta al ciclo vital de una persona y, ante todo, a la finalidad esencial y básica del ser humano por ser feliz, la palabra “tarde” no existe ni es apropiada. Siempre es un buen momento para luchar por nuestro bienestar.

Vale la pena entonces tener en cuenta estos aspectos.

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El factor miedo

  • El miedo es la barrera que, en muchas ocasiones, nos impide dar el paso para construir nuestra propia felicidad o, al menos, alcanzar aquello con lo que soñamos y que se encuentra más allá de la zona de confort.

Algo que solemos hacer y de lo que no somos del todo conscientes es lo siguiente: camuflamos el miedo con la resignación, con pensamientos como “es lo que hay, toca aguantar; lo más probable es que si dejara esto me encontrara con algo peor”.

  • Las personas racionalizamos el miedo hasta hacerlo tan cotidiano que quedamos completamente bajo sus redes porque nos hemos resignado.
  • Quien se resigna y deja de luchar acaba atrapado en una lenta infelicidad que puede muy bien derivar en una depresión encubierta.
  • Hemos de entender el miedo como lo que es en realidad: una emoción que nos pone en alerta sobre un peligro. Lejos de esconderlo o de no atender ese instinto natural del ser humano, hay que entenderlo, procesarlo y después actuar de la forma más adecuada.

No hay que “tener miedo al miedo”: es necesario saber escucharlo, porque es un claro indicador de nuestra inquietud o malestar interior.

mujer-con-hombre-diminuto-en-la-mano representando el nunca es tarde para algo mejor

Tu mejor momento es AHORA

Ya tenemos claro que la palabra tarde no es aplicable a la propia felicidad o a esa búsqueda incansable por nuestro bienestar. Sabemos también que el miedo es en realidad un indicador que nos avisa de que no estamos bien, de que la nuestra es una situación insostenible.

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  • Entonces… ¿Por qué no actuamos? El simple hecho de racionalizar los miedos, de dejar a un lado las actitudes limitantes y las inseguridades, nos permitirá quitarnos todas esas corazas que nos impiden avanzar como personas.
  • Es muy posible que en estos momentos estés viviendo un momento complicado. Temas laborales, familiares, afectivos, de insatisfacción personal…
  • A veces, pequeños cambios traen grandes resultados. Por ello, a esas dificultades, a esos grandes ovillos vitales que nos asfixian y que nos quitan el aire, la energía y el optimismo, hay que buscarles una solución.
  • La solución en muchos casos está precisamente en el movimiento: en cruzar la línea del miedo, la zona de confort, la inmovilidad y, ante todo, ir más allá de pensamientos como “mi tren ha pasado” o “ya es tarde para mí”.

Tu mejor momento es ahora. El ayer no existe, y el mañana no está escrito todavía, así que… ¿Por qué no intentarlo?

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El placer de dar el paso

Hay un aspecto que es necesario tener en cuenta. El miedo siempre nos va a acompañar, y más cuando demos el paso, cuando hagamos el cambio y dejemos unas cuantas cosas atrás.

No sabemos lo que vamos a encontrar, ni si lo que vamos a hacer saldrá bien o no. El miedo, por tanto, siempre va a ser ese compañero inseparable.

Sin embargo, es un miedo emocionante y lleno de ilusiones porque todo es nuevo, y porque tenemos el control, nuestro timón personal.

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El placer de dar el paso es algo enriquecedor y nunca es tarde para experimentarlo.

Todos merecemos lo mejor en cada instante, en cada momento de nuestra vida. Lejos de esperar que sean los demás quienes nos lo ofrezcan, vale la pena alzarnos como nuestros propios artífices.

¿Te atreves?