Nunca es tarde para darte cuenta de que mereces algo mejor

Valeria Sabater·
12 Julio, 2020
Cuando se trata de encontrar la propia felicidad y procurarnos bienestar, no existe el tiempo. Podemos equivocarnos mil veces, pero nunca es tarde para pensar en nosotros mismos.

Nunca es tarde para hacer un cambio. El reloj siempre va a estar en la hora perfecta para ese instante en que el corazón se dé cuenta de que merecemos algo mejor.

Algo que suele ocurrir es que mucha gente lamenta no haberse dado cuenta antes de que la suya era una situación insostenible. No entiende cómo pudo esperar tanto tiempo para reaccionar.

Ahora bien, es importante tener en cuenta que el cerebro, en especial esa área relacionada con las emociones y los afectos, suele ser muy reacio a los cambios. Nos decimos a nosotros mismos eso de “voy a aguantar un poco más, puede que las cosas mejoren”.

No obstante, si con el paso del tiempo nada cambia y la sensación de infelicidad es la misma, es momento de decirnos a nosotros mismos que merecemos algo mejor. Merecemos, por encima de todo, reencontrarnos con nuestra propia tranquilidad. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Nunca es tarde para ser felices de nuevo

Analicemos durante un instante la palabra “tarde”. Podemos aplicarla a esas citas en las que quedamos a una hora y, por motivos diversos, nos retrasamos y no llegamos a tiempo. Tarde es cuando olvidamos apagar el fuego en su momento y se nos quema la comida.

Son dos ejemplos sencillos en los que queda implícito un aspecto esencial: no hay vuelta atrás. Por mucho que hagamos, nada va a hacer que ese guiso esté en su punto o que no quedemos como impuntuales con nuestra cita.

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Ahora bien, en lo que respecta al ciclo vital de una persona y, ante todo, a la finalidad esencial y básica del ser humano por ser feliz, la palabra “tarde” no existe ni es apropiada. Siempre es un buen momento para luchar por el propio bienestar. Vale la pena, entonces, tener en cuenta estos aspectos.

Así pues, un artículo publicado en la Revista interuniversitaria de formación del profesorado señala que unas buenas habilidades emocionales se relacionan con la felicidad y el bienestar. En definitiva, se evidencian los beneficios de ser emocionalmente inteligente para el bienestar psicológico.

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El factor miedo

El miedo es la barrera que, en muchas ocasiones, nos impide dar el paso para construir la propia felicidad. De esta manera, podremos alcanzar aquello con lo que soñamos y que se encuentra más allá de la zona de confort.

Algo que solemos hacer y de lo que no somos del todo conscientes es que camuflamos el miedo con la resignación, con pensamientos como: “es lo que hay, toca aguantar; lo más probable es que, si dejo esto, me voy a encontrar con algo peor”.

Las personas racionalizamos el miedo hasta hacerlo tan cotidiano que quedamos completamente bajo sus redes porque nos hemos resignado. Quien se resigna y deja de luchar acaba atrapado en una lenta infelicidad que puede muy bien derivar en una depresión encubierta.

Hemos de entender el miedo como lo que es en realidad, una emoción que nos pone en alerta sobre un peligro. Lejos de esconderlo o de no atender ese instinto natural del ser humano, hay que entenderlo, procesarlo y, después, actuar de la forma más adecuada.

No hay que tenerle miedo al miedo; es necesario saber escucharlo, porque es un claro indicador de nuestra inquietud o malestar interior.

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Tu mejor momento es ahora

Ya tenemos claro que la palabra tarde no es aplicable a la propia felicidad. Sabemos, también, que el miedo es, en realidad, un indicador que nos avisa de que no estamos bien. Entonces, ¿por qué no actuamos? El simple hecho de racionalizar los miedos, de dejar a un lado las actitudes limitantes y las inseguridades nos permitirá quitarnos todas esas corazas que nos impiden avanzar como personas.

Es muy posible que en estos momentos estés viviendo un momento complicado, ya sea por temas laborales, familiares, afectivos, de insatisfacción personal… Pero, a veces, pequeños cambios traen grandes resultados. Por ello, hay que buscar una solución para esas dificultades. Esto es así porque esos grandes ovillos vitales nos asfixian y nos quitan el aire, la energía y el optimismo.

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La solución, en muchos casos, está, precisamente, en el movimiento, en cruzar la línea del miedo, la zona de confort, la inmovilidad y, ante todo, ir más allá de pensamientos como “mi tren ha pasado” o “ya es tarde para mí”.

En este sentido, el psicólogo Abraham Maslow, en una de sus investigaciones, afirma que el miedo es una de las necesidades que precisa el ser humano, por lo que debemos afrontarlo y superarlo si queremos avanzar para sentirnos realizados. Por ello, tu mejor momento es ahora. El ayer no existe y el mañana no está escrito todavía, así que, ¿por qué no intentarlo?

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Nunca es tarde para dar el paso

Hay un aspecto que es necesario tener en cuenta, y es que el miedo siempre nos va a acompañar, y más cuando demos el paso, cuando hagamos el cambio y dejemos unas cuantas cosas atrás.

No sabemos lo que vamos a encontrar ni si lo que vamos a hacer saldrá bien o no. El miedo, por tanto, siempre va a ser ese compañero inseparable. Sin embargo, es un miedo emocionante y lleno de ilusiones, porque todo es nuevo y porque tenemos el control, nuestro timón personal.

El placer de dar el paso es algo enriquecedor y nunca es tarde para experimentarlo. Todos merecemos lo mejor en cada instante, en cada momento de nuestra vida. Lejos de esperar que sean los demás quienes nos lo ofrezcan, vale la pena alzarnos como nuestros propios artífices. ¿Te atreves?