Objetivo: erradicar la violencia contra la mujer

Valeria Sabater 3 septiembre, 2015
Debemos replantearnos nuestra forma de ver las cosas y no permitir el desprecio hacia ninguna persona. Nadie es menos que nadie, y todos merecemos ser respetados

Cada día abrimos nuestros ojos a los medios de comunicación para descubrir, estremecidos, que ya existe una víctima más. Una mujer fallecida a manos de su pareja o expareja.

Feminicidios terribles que hubieran podido evitarse en muchos casos y que, a su vez, son reflejo de una sociedad donde algo está ocurriendo. La economía y la industria avanzan, pero parece que muchas mentalidades no van al mismo ritmo. 

¿Cómo se explican estos comportamientos? ¿Por qué se utiliza la violencia hacia quien, hasta no hace mucho, era la persona que decían amar? 

Actos incomprensibles que nos obligan a reflexionar sobre una realidad muy grave.

La violencia de género en nuestra sociedad

Si bien es cierto que la gran mayoría de víctimas son mujeres, somos conscientes de la existencia de muchos hombres que, a su vez, también son víctimas silenciosas de distintos tipos de manipulación por parte de sus compañeras o esposas.

Ahora bien, las estadísticas de mujeres fallecidas por la violencia de sus parejas o exparejas es ya en muchos países toda una alarma social que hace despertar conciencias. Es una realidad que nadie puede negar.

Es necesario que todos los organismos actúen de forma conjunta:

  • Esferas políticas
  • Organismos asistenciales
  • Servicios de seguridad
  • La propia población

Todos deben trabajar de forma armonizada para ofrecer un apoyo a toda mujer que esté en peligro de ser agredida de algún modo.

También somos conscientes de que este problema tiene su origen en una esencia más profunda y elemental: en la sensibilización humana, en la educación, en la trasmisión de valores, y en un respeto donde se entienda que amar no es poseer.

Que la violencia no es un lenguaje, ni un instrumento, ni aún menos un fin en sí mismo. La violencia es el acto más irracional y sancionable del ser humano, y una sombra que debemos erradicar de nuestra sociedad.

Es muy posible que ya hayas escuchado alguna vez la palabra “feminicidio”. Este término encierra en sí misma muchas de esas realidades que vivimos en nuestro día a día. Sin importar el país, la religión o el idioma.

Fue Diana Russell, feminista, activista y escritora, quien la utilizó por primera vez en 1976 ante el “Tribunal Internacional sobre los crímenes contra la mujer ” en Bruselas (Bélgica), para explicar las distintas formas de violencia contra el género femenino:

  • Es el asesinato de mujeres a manos de los hombres a causa del odio, el desprecio o por abusar de ellas sexualmente.
  • Hay un trasfondo de misoginia, de machismo y el uso de la violencia para conseguir un propósito.
  • La violencia se ejerce sobre la vida, la dignidad, y la integridad de la mujer.

También hemos de tener en cuenta que existen muchos tipos de agresiones, ahí donde no hace falta que exista una “muerte” para que siga ejerciéndose la violencia de género.

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Podríamos decir que muchas mujeres experimentan a día de hoy “una muerte en vida”, es decir, lejos de aparecer en las estadísticas como violencia de género, hay millones que habitan en cárceles de silencio sin atreverse a evidenciar su problema. A denunciar.

Estas son las realidades a las que deben hacer frente en el día a día:

  • El desprecio cotidiano.
  • La manipulación emocional y psicológica.
  • La anulación, el uso continuo de la ironía para infravalorar a la mujer.
  • El maltrato físico.
  • El control y manipulación de los hijos para aislar a la mujer.

La educación y la violencia contra la mujer: un factor clave

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Los expertos nos indican que el problema está en la raíz misma de la educación. Ahora bien, la educación no recae de forma única y exclusiva en la familia. Todos somos “organismos educadores”.

  • La propia sociedad también educa, y durante mucho tiempo hemos vivido en la esencia de una civilización marcada por el patriarcado, ahí donde está implícito el sexismo, la misoginia, el control por parte del hombre de la esfera pública.

Mientras, la mujer quedaba en ese plano privado orientado a tareas de crianza.

  • En muchos países la violencia contra la mujer está ratificada por un contexto legal: se acuerdan matrimonios con niñas, las mujeres tienen vetados derechos comunes como libertad de expresión, de vestir como deseen…

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Ahora bien ¿Qué ocurre en sociedades que, aparentemente, defienden la igualdad entre géneros?

  • La idea de que la mujer está sometida al hombre sigue implícita en muchas mentalidades.
  • Algunos hombres ejercen a nivel afectivo un papel donde el amor se confunde con la dominación, el control y los celos.
    • No saben gestionar la frustración.
    • Padecen un sentimiento de inferioridad que se traduce en rabia.
    • Una personalidad “encubierta” donde se halla la ira más irracional, o la incapacidad de mostrar empatía.
  • En ocasiones, existe un vacío legal o una falta de medios para ofrecer una ayuda segura a la mujer.

Los expertos nos indican que, en ocasiones, la violencia doméstica se lleva a cabo porque alguno de los dos miembros vivió dichos maltratos en su infancia, o lo vio reflejado en sus padres.

Ahora bien, es verdad que muchas de estas cosas no siempre se cumplen al 100%, y que nos es muy difícil entender o llegar a predecir en qué momento un hombre puede reaccionar de forma tan desmesurada e incomprensible contra la mujer “que dice amar”.

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Pareja

¿Qué necesitaríamos a grandes rasgos para erradicar la violencia contra la mujer?

La unión de todos los poderes de la sociedad:

Debemos concentrar esfuerzos tanto en la educación como en leyes que articulen la protección de toda víctima, y ofrecer una buena asistencia social.

Concienciación

Es preciso que, tanto familia como vecinos o compañeros de trabajo apoyen e identifiquen cualquier situación que haga sospechar el maltrato. “Un maltratador puede ser nuestro vecino, o ese amigo que de vez en cuando, trata mal a su novia”.

Debemos educar a nuestros niños en igualdad, en inteligencia emocional

Es vital que desarrollemos en ellos la capacidad de sentir empatía, de gestionar la frustración, que un “no” debe aceptarse y no enfrentarse con la rabia, que amar es respetar en armonía sin someter, y aceptando a la vez la libertad personal de la persona amada.

Erradicar la violencia contra la mujer es responsabilidad de todos nosotros.

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