Lo que no han visto tus ojos que no lo invente el chisme

Valeria Sabater 31 julio, 2016
Siempre que llegue un chisme a nuestros oídos, en lugar de expandir el rumor, debemos aplicar una serie de filtros para pararlo, aunque no nos afecte personalmente

El chisme infundado, malicioso y falso habita de forma habitual en la mayoría de nuestros contextos sociales.

Más allá del daño que busca provocar, el responsable de crear el chisme consigue a su vez, con hábiles artimañas, adquirir una posición de poder en esos entornos.

Al fin y al cabo, el hipócrita es quien crea el rumor, el chismoso quien lo difunde y el ingenuo quien lo asume sin poner resistencia.

Todos estos movimientos dañinos llegan a ser tan armónicos y perfectos que, al cabo de poco tiempo, todo un grupo social acaba asumiendo un tipo de información completamente falsa.

Si además tenemos en cuenta que, a día de hoy, todo chisme encuentra su espacio perfecto a través de las redes sociales, entendemos también el increíble impacto que pueden tener estas complejas realidades en nuestra sociedad.

Ahora bien, nunca hemos de olvidar que el chisme muere cuando llega a oídos de la persona inteligente.

Así pues, es necesario que siempre seamos críticos con la información recibida y que actuemos con contundencia ante esos “rumorólogos” oficiales que siempre existen en nuestros espacios más cercanos.

La curiosa anatomía del chisme y el rumor

Lo creamos o no, al ser humano le fascinan los rumores. Tanto es así que este tipo de fenómenos sociológicos suelen tener un fin muy concreto en nuestra psicología.

Gordon Allport fue uno de los psicólogos más notables en el estudio de la personalidad del siglo XX. Con libros como “La psicología de los rumores”, publicado en 1947, nos reveló conceptos claros y contundentes sobre estas conductas tan comunes en el ser humano.

Te los explicamos a continuación.

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El chisme nos sirve para combatir el estrés

Pensemos, por ejemplo, en el notable éxito de todos los programas dedicados al tema del corazón, de la vida de los famosos y de esa prensa rosa que, de momento, no parece tener fecha de caducidad.

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  • Por término medio, la gente encuentra un grato y secreto placer escuchando chismes y rumores alrededor de terceras personas que le son conocidas.
  • Nos sirve para hablar con otras personas, para reír, sorprendernos, criticar y establecer una serie de interacciones con las cuales nuestro cerebro libera endorfinas y nos ayuda incluso a combatir el estrés.
  • No tenemos más que recordar esos instantes en nuestros trabajos cuando en un descanso, alguien empieza a comentar un chisme. Al poco, todos nos reunimos a su alrededor para escuchar. En ocasiones, es algo catártico.

El chisme confiere poder a quien lo escampa

A veces, un chisme tiene una finalidad muy concreta: hacer daño a alguien, desacreditarlo y adquirir con ello cierta notoriedad.

  • El problema de todos estos fenómenos es que, entre quien crea el chisme y quien lo sufre al sentirse agraviado, existe toda una serie de personas que, lejos de actuar como “dique de contención” a través de unos oídos sabios y una mente crítica, prefiere dejarse llevar y asumir lo falso.
  • Pensemos lo que sucede en ocasiones cuando en nuestras redes sociales llega un fake o engaño.
  • Lo más probable es que esa información esté revestida de cierto impacto emocional, algo que nos sensibiliza de inmediato y que no nos da tiempo a verla con un sentido más crítico.
  • Compartimos esa información al instante con nuestros amigos de las redes sociales, y al hacerlo, sentimos a su vez cierta gratificación, cierto placer al “impactar” también a nuestros conocidos con ese dato.
criticones difundiendo chisme

Cómo hacer frente a los chismes o rumores

Hay que tenerlo claro: los chismes son para las personas ingenuas. Las personas sabias, por su parte, aplicarán un filtro adecuado y preciso con el cual valorar una información antes de darla por cierta.

  • Si somos nosotros mismos el objeto de ese chisme, no hay que perder la calma ni llegar a situaciones desesperadas. A palabras necias, oídos sabios.
  • Lo que haremos será actuar con normalidad, a la vez que con asertividad, siendo congruentes con nosotros mismos.

Los chismes infundados caen por sí mismos, pero si reaccionamos con rabia o desdén, ofrecemos una carga emocional que alimenta aún más el chisme.

  • Nos defenderemos con naturalidad e intentaremos apoyarnos en esas personas cercanas con las que tenemos confianza para que sirvan a su vez de filtro ante lo que no tiene sentido, ante lo que no sirve y solo busca hacer daño.
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A su vez, vale la pena recordar aquí lo que en una ocasión nos dejó el propio Sócrates en sus diálogos al respecto de los chismes y rumores.

Cada vez que nos vengan con una información sobre alguien, debemos aplicar 3 filtros, tres tipos de preguntas que nos permitirán “desmontar” el rumor.

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Son los siguientes:

  • ¿Estás seguro de lo que vas a decirme es cierto? (filtro de la verdad)
  • ¿Lo que vas a decirme es algo bueno? (filtro de la bondad)
  • ¿Lo que vas a decirme es algo útil? (filtro de la utilidad)
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