Osteonecrosis o necrosis avascular: causas, síntomas y tratamiento

La osteonecrosis es un infarto óseo, también se conoce como necrosis avascular. Se produce por la falta de riego sanguíneo de los huesos.

Por norma general el término osteonecrosis o necrosis avascular se utiliza para hacer referencia a un infarto óseo. Asimismo, se produce por la falta de riego sanguíneo a alguna región de los huesos. Por tanto, se produce una osteonecrosis, es decir, se produce la muerte celular del área afectada. Otras denominaciones que también son comunes son la necrosis aséptica y la necrosis isquémica.

Por otra parte, los estudios han comprobado que esta alteración médica suele afectar más a ciertas estructuras óseas. Por ejemplo, podemos destacar la cabeza del fémur y del húmero, la mandíbula o la región tibial, entre otros.

¿Cuáles son las causas de la osteonecrosis o necrosis avascular?

De esta manera, incluimos factores que pueden provocar la interrupción del riego sanguíneo hasta la zona. Entre las causas más comunes podemos encontrar:

  • Fracturas y luxaciones. Se denomina fractura a la rotura de un hueso y luxación al desplazamiento de un hueso fuera de su articulación. Así, estos trastornos pueden impedir la actividad de las arterias en la zona.
  • Práctica de hábitos insalubres o perjudiciales. En especial, el abuso de alcohol se relaciona directamente con un mayor riesgo de desarrollar osteonecrosis. Sin embargo, todavía se desconoce el mecanismo o de qué forma influye este factor.
  • El uso de cierto tipo de medicamentos. Sobre todo, el tratamiento crónico con corticoides representa un factor de riesgo de esta patología. Por norma general, son fármacos utilizados como terapia en sujetos con enfermedades de carácter autoinmune.
  • Otras condiciones médicas. Por ejemplo, podemos destacar algunas enfermedades sanguíneas, insuficiencia renal crónica, tratamientos contra el cáncer como la radioterapia y determinadas enfermedades raras, entre otros.

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¿Cuáles son los síntomas de la osteonecrosis o necrosis avascular?

Generalmente, los pacientes con necrosis avascular no desarrollan o presentan ningún síntoma en las primeras fases de la enfermedad. De esta manera, una gran cantidad de casos clínicos han sido diagnosticados de manera casual gracias a la obtención de imágenes internas por otra causa.

Asimismo, la identificación de la enfermedad suele llevarse a cabo a través de pruebas como la radiografía, la gammagrafía ósea, la resonancia magnética (o RM) o la tomografía axial computarizada (TAC). También el equipo médico realizará un examen físico para comprobar los síntomas y un estudio de la historia clínica del sujeto.

Por otra parte, existen una serie de síntomas o señales que pueden ser asociadas a este trastorno médico. Entre ellos, se encuentran:

  • Dolor o molestias. Pueden variar en cuanto a localización e intensidad según las características del paciente. Suele aparecer en la zona de la cadera, la ingle o en áreas cercanas como los glúteos. Aparece al cargar con peso o realizar actividades físicas intensas. Sin embargo, el dolor puede presentarse incluso en reposo.
  • Desarrollo de cojera debido a las molestias que pueda presentar el paciente. Se encuentra estrechamente relacionada con las primeras fases de la necrosis de la cabeza del fémur.
  • Pérdida de funcionalidad de ciertas regiones corporales.

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¿Cuál es el tratamiento para la osteonecrosis o necrosis avascular?

Finalmente, los especialistas recomendarán al paciente las mejores opciones para el tratamiento. Sin embargo, el sujeto siempre deberá dar su consentimiento antes de llevar a cabo ningún tipo de terapia. Así, las pautas dentro del tratamiento para la necrosis avascular normalmente incluyen:

  • Administración de medicamentos. Encontramos fármacos para calmar las molestias (analgésicos) pero también se pueden utilizar bifosfonatos. En el último caso, se trata de medicamentos que deben ser controlados puesto que pueden provocar efectos secundarios muy dañinos.
  • Deshabituarse a la ingesta de alcohol y otros hábitos insalubres.
  • Reposo moderado: se debe evitar que el paciente descanse en posiciones no fisiológicas, aunque le resulten más cómodas para evitar agravar la lesión.
  • Uso de muletas para evitar sobrecargar a las articulaciones afectadas.
  • Práctica de intervenciones quirúrgicas. En este caso, la cirugía puede dividirse en:
    • Descompresión o extirpación de parte de la cabeza del fémur.
    • Injerto de hueso sano en la región problemática.
    • Colocación de prótesis articular. Se realiza en los casos donde la destrucción ósea es grave y sobre todo en la cadera.
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