La oxitocina, la hormona del amor, esconde un lado oscuro que debes conocer

Valeria Sabater·
11 Agosto, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña al
08 Enero, 2019
Al favorecer la liberación de otras sustancias, la oxitocina puede llegar a actuar como una droga para el cerebro e incluso hacernos perder el norte debido a ese cóctel de sensaciones que nos genera.
 

Pocas palabras representan algo tan intenso, puro y mágico a la vez que biológico y emocional como la oxitocina. Se le conoce como la “hormona del amor”, la molécula de los abrazos, la química de la felicidad y también de la crianza.

No podemos olvidar  la importancia que tiene la oxitocina a la hora de dar a luz o de iniciar la lactancia. Construye ese vínculo de apego tan intenso entre madre e hijo que, sin duda, es clave en los seres humanos y muchos animales mamíferos.

Todo ello ha hecho que esta hormona producida en el hipotálamo y secretada por la glándula pituitaria posterior se alce como una de las favoritas. En sí misma, es la esencia química del amor.

¿Y si la oxitocina esconde un lado no tan bueno, no tan saludable e incluso inadecuado para nuestra integridad emocional?

A continuación, te ofrecemos más datos sobre esta hormona para que tengas una visión más completa sobre ella.

La hormona del amor y las relaciones dependientes

 

Si has vivido una relación afectiva basada en la dependencia, con en esa pasión que emborrona identidades y prioridades, que te hace cautivo del otro (y viceversa) y además te hace olvidar aspectos esenciales de la vida, debes saber que estabas bajo los efectos más oscuros de la oxitocina.

Puede parecer una metáfora fácil, una similitud algo “simplona”, pero los neuropsicólogos comparan este tipo de enamoramiento con una borrachera.

Y es que es casi como quedar ebrios de una “sobredosis” de oxitocina. Nos volvemos dependientes de un amor que duele, pero del que no podemos liberarnos.

La oxitocina y las relaciones sociales

  • Esta sustancia química se clasifica en realidad como un nonapéptido (un péptido que contiene nueve aminoácidos).
  • Actúa como hormona y como neurotransmisor cerebral. Gracias a ella, orquestamos gran parte de las decisiones en las interacciones sociales. Además, influye en las conductas prosociales, tales como la generosidad, la empatía o el altruismo.
 
  • Hasta no hace mucho, se pensaba que la oxitocina era un “remedio” clave. Se creía capaz de reducir las respuestas de estrés y ansiedad cuando era generada, por ejemplo, en el trato cotidiano con las personas que amamos.
  • Ahora bien, años después y gracias a diversos estudios, pudo demostrarse que la oxitocina escondía también un lado oscuro. Su lado B, media en esos vínculos menos saludables donde la obsesión mutua nos puede llevar a una lenta autodestrucción. 

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Los excesos en la oxitocina y el alcohol

El hecho de que el amor sea, a veces, un auténtico naufragio químico no tiene nada de poético, es una realidad evidente. Por ello, se han estudiado sus similitudes con los efectos del alcohol.

 
  • El alcohol y la oxitocina son compuestos que tienen varias semejanzas a nivel cerebral.
  • Ambos median en la transmisión GABA en la corteza prefrontal y en las estructuras límbicas. Son capaces de incrementar el efecto de ansiedad o el estrés, y ambos, por ejemplo, hacen que se reduzca la sensación de miedo a la hora de iniciar determinadas conductas.
  • Nos notamos seguros, sentimos más coraje, arrojo y ganas por experimentar. De ahí que esos amores basados en una euforia pasional y en una obsesión casi enfermiza, sean casi como estar ebrios. Nos transformamos en seres incapaces de hallar un adecuado equilibrio o una lucidez objetiva.

Los neurólogos y psicólogos están fascinados ante este efecto tan intenso que la oxitocina puede tener en muchas personas. No es que se piense, por ejemplo, crear una nueva bebida en la que la oxitocina llegue a sustituir al alcohol.

No obstante, sí se baraja la posibilidad de hacer uso de ella para tratar determinados estados de depresión. Así, muchos pacientes podrían beneficiarse de esa motivación para asomarse nuevamente a la vida.

 

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Cuando el amor se vuelve una droga muy potente

Pareja dándose un beso en la orilla de la playa.

Sabemos que cuando estamos enamorados, el cerebro libera una combinación de dopamina, serotonina, noradrenalina, gracias a estos neurotransmisores sentimos más energía, pasión y ganas de experimentar.

Sin embargo, es la oxitocina la que favorece la liberación de estas sustancias químicas. Además, aparece otra aún más intensa: la feniletilamina. Este compuesto químico endógeno pertenece a la familia de las anfetaminas. Suele durar con gran intensidad en el cerebro alrededor de unos 4 años.

Ello podría explicar porque a veces la pasión en las relaciones dura un tiempo determinado. Esos años en los que somos como satélites dando vueltas alrededor de un planeta, incapaces de ver nada más.

 

Es algo normal, un estado donde, eso sí, jamás deberemos perder esa brújula interna para recordar dónde está el norte.

Nunca deberemos olvidarnos de nuestra integridad, a pesar de sentirnos “ebrios” por esta sustancia llamada oxitocina.