Las palabras que no van seguidas de hechos no valen nada

Las palabras deben ir acompañadas de acciones que demuestren que de verdad sentimos aquello que pronunciamos. Si solo lo hacemos por cumplir y quedar bien, mejor que permanezcamos en silencio.

Si no van seguidas de hechos, las palabras no cuentan, no sirven, no valen. Estamos seguros de que en tu círculo más cercano tienes a alguna persona que suele actuar de esta manera. ¿Qué actitud tomar frente a ellos?

A menudo, el ser humano se caracteriza por este tipo de comportamientos. Hacemos promesas, construimos proyectos y nuestro discurso se adorna de grandes esperanzas y hermosas palabras. Sin embargo, cuando llega la hora de la verdad y surge el instante en el que necesitamos de esa persona, no está.

Todo lo dicho y reafirmado hasta la saciedad se queda en humo. Un humo frágil que desaparece por una ventana abierta. Tras esto, aparece, sin duda, la decepción, el vacío y la falta de confianza.

Puesto que nosotros mismos exigimos coherencia, respeto y responsabilidad hacia nuestra persona, también hemos de demostrar estas mismas dimensiones a los demás. Si haces una promesa, cúmplela. Te proponemos reflexionar sobre este tema.

Las palabras que no van seguidas de hechos y la responsabilidad

Factores como una buena crianza, una autoestima apropiada y el respeto hacia los semejantes hacen que apliquemos, casi sin darnos cuenta, la responsabilidad personal.

Ahora bien, ya desde niños todos empezamos a vislumbrar el poder que tienen las palabras. Hay frases que hieren y hay discursos que nos ayudan a crecer en madurez y confianza.

Sin embargo, un aspecto de vital importancia en la educación de nuestros hijos es el demostrar con hechos lo que dicen nuestras palabras. Si amas a un niño, demuéstraselo apoyándolo, haciéndole creer que puede ser capaz de aquello que se proponga.

Desde luego, si le haces una promesa a tu hijo, debes cumplirla. Porque, de no hacerlo, lo que conseguimos no es solo crear un vacío, sino que además hacemos que ese niño deje de confiar en nosotros.

Las palabras no solo sirven para comunicar mensajes; nos ayudan a ser congruentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Es necesario, pues, mantener un adecuado equilibrio.

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Si me quieres, demuéstralo

Al amor no le valen solo las palabras. Las relaciones personales no se alimentan únicamente de promesas o frases llenas de afecto.

Una relación es, principalmente, llevar a cabo una serie de actos cotidianos que enhebran un todo. Se trata de un universo de fortalezas en el que todas las palabras se traducen en actos, donde los dos miembros son valientes y se arriesgan el uno por el otro.

Si amas, actúa. Si quieres, defiende. En caso de que formes parte de la vida de alguien a quien quieres de algún modo, ya sea por un vínculo de amistad o de familia, debes demostrarlo a través de la confianza y el apoyo incondicional.

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Cómo actuar ante los rompedores de promesas

Todos lo sabemos: hay auténticos rompedores de promesas profesionales. Son personas habituadas al arte de las palabras huecas, falsas y llenas de frívola fantasía.

Puede que los hayas conocido en tu familia o que, a día de hoy, tu propia pareja tenga este mismo perfil. Nos hacen creer cosas que luego no demuestran. Tanto es así que, durante un tiempo, incluso nos creemos sus justificaciones, hasta que, poco a poco, nos damos cuenta de que solo se priorizan a sí mismos. Este tipo de vínculos es muy dañino.

Nos abocan a una larga espera, a una falsa esperanza. Aguantamos un poco más porque existe el cariño o el amor. Sin embargo, al final, lo que más pesa es el vacío y la soledad.

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¿De qué manera debemos actuar en estas situaciones?

Una persona te puede fallar una, dos o tres veces. Sin embargo, cuando las decepciones se convierten en rutina, es necesario reaccionar.

Entonces, exige congruencia. Si alguien te dice cada día cuánto te respeta, te aprecia y te quiere, pero cuando lo necesitas nunca está a tu lado, desconfía. Quien te quiere estará junto a ti “a las duras y a las maduras”.

Por otra parte, intenta, ante todo, practicar tú mismo aquello que exiges. Apoya a quien aprecias, demuestra afecto a quienes amas, de forma cotidiana y sin esperar momentos especiales.

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Si quienes están a tu alrededor son unos “rompedores” profesionales de promesas y unos artesanos de las falsas palabras, pon distancia. El precio que se paga por este tipo de vínculos dañinos es muy alto y destructivo.

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No obstante, como todos bien sabemos, este tipo de dinámicas y de perfiles siempre van a habitar nuestros contextos cotidianos. Tanto es así que, al final y de algún modo, desarrollamos una especie de “radar intuitivo” con el que captar al instante al fabulador, al vendedor de humo y al embaucador de las falsas palabras. Sea como sea, defiéndete siempre de ellos.

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