¿Te has preguntado alguna vez para qué sirve llorar?

¿Sabías que llorar es algo necesario para mantener tu salud? Reprimir las lágrimas puede incluso derivar en problemas de ansiedad o en trastornos gástricos importantes

El llanto se suele asociar con la debilidad o la falta de carácter. Sin embargo, darnos la oportunidad de llorar cuando así lo sentimos o necesitamos es bueno para la salud.

En este artículo te contamos cómo pueden servirte las lágrimas y en qué momento merece la pena usarlas.

Llorar no es ser vulnerable

Los occidentales tenemos cierta reticencia a las lágrimas. Pensamos que si alguien nos ve llorando creerá que somos débiles, demasiado sensibles o incluso inestables.

Para algunos llorar es una señal de sumisión o de sentirnos vencidos. No obstante, también puede ser usada como una estrategia emocional y para lograr aquello que queremos.

Las lágrimas pueden hasta fortalecer las relaciones y crear vínculos. Si lloramos con alguien lograremos una conexión difícil de romper.

Sin embargo, este comportamiento emocional no es efectivo en ciertas áreas o ambientes como, por ejemplo, en el laboral.

En el trabajo si derramamos lágrimas cuando algo no nos sale bien, seremos “los débiles” a quienes no se les puede exigir más ni esperar nada extraordinario.

En un mundo (o parte de él) donde está mal visto expresar emociones, es comprensible que nos escondamos para llorar y que solo “invitemos” a personas del círculo íntimo para compartir ese momento con nosotros.

Según el doctor Juan Murube (Universidad de Alcalá de Henares) existen casi 500 emociones por las cuales un ser humano puede llorar.

Entre ellas las más “conocidas” están la ira, la angustia, la soledad y la admiración.

Se podría decir que todas se reducen a dos grandes grupos: el de pedir ayuda y el de ofrecer asistencia.

No olvides leer: Las lágrimas, también son buenas para tu salud

Llorar es liberador

Llorar y reír

Sigmund Freud fue el pionero en cuanto a estudios sobre el llanto. El padre del psicoanálisis dijo que llorar es un acto de liberación.

Luego se llegó a la conclusión de que reprimir las lágrimas puede desencadenar trastornos de ansiedad, asma o úlcera intestinal. No exteriorizar los sentimientos nos hace más propensos a deprimirnos o enfermarnos.

Desde un punto de vista emocional, llorar equilibra nuestro estado de ánimo, nos hace sentir apoyados y queridos, permite que nos expresemos y saquemos lo malo y lo que nos aqueja.

Si lo analizamos desde lo físico, podemos decir, por ejemplo, que controla la respiración y causa un efecto calmante en el organismo.

Cuando el llanto aparece por una situación desagradable conseguimos un período de calma incluso mayor que el experimentado antes del problema que nos llevó a las lágrimas.

Por ejemplo, llorar en la cama por un desengaño amoroso o pérdida nos conduce a un sueño reparador que quizás de otra manera no podríamos disfrutar.

También podemos llorar cuando vemos una película u oímos una canción triste… incluso si no tienen relación con nuestro presente o con el mensaje que ofrecen.

En estos casos existen factores que nos hacen brotar las lágrimas tales como ver llorar a los protagonistas, cuán triste es la historia, si tiene un mensaje positivo al final o si en algún punto lo podemos comparar con alguna situación propia del pasado.

Llorar gestiona las emociones

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Al igual que reír, se trata de una expresión emocional muy importante y es una de las maneras que tenemos los seres humanos para comunicarnos. A través de las lágrimas decimos qué nos pasa, qué sentimos y qué pensamos.

Llorar puede ser terapéutico, porque alivia las tensiones y aumenta la empatía con quienes nos rodean. Es más probable recibir ayuda si lloramos que si estamos enojados, por ejemplo.

El desahogo, el alivio y la relajación son otras de las consecuencias positivas del llanto.

Se trata de una actividad sana, aunque la veamos con malos ojos y pensemos que demuestran debilidad.

Sin embargo hay que saber diferenciar cuándo lloramos para eliminar la depresión o para conseguir algo.

  • En este último caso nos convertimos en seres dependientes de las lágrimas y no logramos nada sin ellas.
  • A diferencia del llanto de los bebés que avisan que tienen hambre, sueño o requieren cambio de pañal, los adultos tenemos otras formas de comunicarnos y alcanzar nuestros objetivos.

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¿Acaso llorar es cosa de mujeres?

Para finalizar, merece la pena destacar por qué los hombres y las mujeres lloran de diferente manera. Ellas lo hacen más seguido (entre 30 y 64 veces al año frente a 17 de ellos) a partir de los 13 años de edad (hasta ese momento no hay diferencias entre sexos).

Además, el sexo femenino lloran más tiempo cada vez: 6 minutos contra 3 entre los varones.

La herencia patriarcal y la cultura obliga a los hombres a mostrarse más fuertes y, como el llanto nos hace ver débiles, no pueden darse el lujo de mostrarlo en público.

Un esposo o un padre nunca puede ser menos que una mujer en ese sentido. Incluso a los niños se les indica que no pueden llorar porque “eso es de niñas”.

llorar

Cuestiones sociales aparte, hay una cuestión hormonal que lleva a las mujeres a mayores escenas con lágrimas incluidas. La expresión emocional femenina está muy relacionada al llanto y emplean esta técnica como una autoterapia.

La incapacidad de demostrar los sentimientos (alexitimia) es más frecuente en los hombres.