Perdona a tus padres, lo hicieron lo mejor que pudieron

Raquel Lemos Rodríguez · 5 diciembre, 2018
Para poder crecer como personas debemos aprender a perdonar aquellos posibles errores que cometieron nuestros padres, ya que ni la paternidad ni la maternidad vienen con libro de instrucciones

Si desgraciadamente este es tu caso, debes perdonar a tus padres por las carencias afectivas que te han provocado, por el tiempo de mala calidad que te han brindado o por todo el dolor en forma de maltrato que te han dedicado.

Puede que hayas tenido una infancia plena y que tus padres te hayan sabido dar toda la felicidad que podían, pero desgraciadamente esto no siempre ocurre y hay muchas personas que no tuvieron esa suerte.

Sabemos que hoy estás sufriendo todas las consecuencias de estos actos que juzgas, que te duelen y que provocan que les guardes cierto rencor a tus progenitores.

Sin embargo, si lo piensas bien, seguramente ellos lo hicieron lo mejor que pudieron y tú, en su lugar, con sus experiencias y su situación, quizás hubieses acabado haciendo lo mismo.

Perdona a tus padres, no lo han sabido hacer mejor

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Perdona a tus padres porque no han sabido hacerlo mejor, porque nadie les ha enseñado a cumplir este importante papel que han decidido tomar.

Somos conscientes de que muchas veces por tu mente asoma esa frase que muchas personas dicen: “¡Pues que no me hubiesen tenido!”.

No obstante, esto es injusto, esto es algo que tus padres no se merecen oír. Ponte en su lugar, ¿cómo te sentirías tú si tu hijo te dijese eso? Y todo por el simple hecho de no haber sabido hacerlo mejor.

Perdona además a tus padres para perdonarte también a ti mismo cuando te encuentres cometiendo errores similares o que puedan surgir en cualquier otro ámbito.

Nadie está libre de equivocarse y menos aún cuando tiene entre sus manos la educación y la responsabilidad de criar a otro ser humano.

Perdona a tus padres porque, aunque no lo creas, sus equivocaciones y errores han tenido algo positivo.

¿Sabes qué es? Que tú, al ser consciente de esto, puedes tomar otro camino, hacerlo mucho mejor.

Sin embargo, si el rencor continúa habitando en tu corazón, terminarás haciendo lo mismo, aunque no te percates de ello, e incluso mucho peor.

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Libérate de esa losa

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En ocasiones, esta rabia hacia una infancia desastrosa provocada por unos padres que no han sabido hacerlo mejor provoca que durante años carguemos a nuestras espaldas una losa llena de amargura.

No sabemos por qué, pero no podemos encontrar la verdadera felicidad. Y es que hay algo que no queremos ver ni sanar.

Nuestro orgullo a veces es el que no perdona, y nos quedamos esperando que sea el otro quien venga a pedirnos disculpas.

No obstante, ¿por qué extender más nuestro sufrimiento?.

Es nuestra felicidad la que está en juego, es nuestra responsabilidad escoger ahora el camino que queremos seguir. Ya no somos niños pequeños, ya no estamos a merced de nuestros padres.

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Ahora somos adultos que deben dar ese primer paso, sin esperar a que otros lo hagan. Esto no significa arrastrarse, no implica humillarse ni darle la razón a nadie.

Esta es una de las mejores decisiones que podemos tomar, porque nos liberará de una pesada carga que tiñe todo nuestro mundo de una tupida oscuridad.

De todo se puede aprender

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El daño provocado te hace sentir muy dolido y no te inspira para sentir confianza sobre el hecho de que haya algo bueno en todo esto. Sin embargo, así es, aunque no lo creas.

Como bien mencionamos, tú decides si darle la vuelta a todo lo vivido o seguir cargando con esa losa que te instará a dar los mismos pasos que una vez juzgaste malos.

Si todo en la vida nos fuese bien, jamás podríamos aprender.

Curiosamente, es de aquellas experiencias más negativas y que más nos marcan de las que conseguimos sacar los mejores aprendizajes. Esos que nos ayudan a crecer, a madurar y a ser mejores personas.

Antes eras un niño pequeño que no tenía poder para cambiar las cosas, pero ahora eres ya un adulto que puede hacer variar su rumbo.

Tú decides si perdonar a tus padres y soltar ese angustiante anclaje a un pasado ya lejano o seguir viviendo con rencor y odio hacia esos progenitores que no lo han sabido hacer mejor.

  • María Martina Casullo. (2005). La capacidad para perdonar desde una perspectiva psicológica. Revista de Psicologia de La PUCP.
  • García, J. A. (2013). Perdonar y pedir perdón.