La persona pasivo-agresiva, una gran manipuladora: 3 cosas que debes saber

Si en nuestro entorno hay alguna persona pasivo-agresiva debemos procurar ayudarla. En lugar de alejarnos, intentaremos que encuentre una solución para esa frustración que tiene en su interior

La persona pasivo-agresiva padece en realidad un trastorno de la personalidad.

Sus principales características comportamentales residen en la obstinación continua, en reaccionar de forma desafiante ante las demandas de los demás y en mostrar siempre una actitud tan negativa como derrotista.

Convivir con ellas es tan complejo como desgastante.

Como siempre ocurre en los trastornos de personalidad, hay quien muestra menos características y hay quien las acumula todas.

No obstante, lo que está claro es que su capacidad de manipulación es tan hábil que construye relaciones marcadas siempre por un gran sufrimiento e infelicidad.

Es posible que en la actualidad estés conviviendo con una de estas personas. Puede incluso que tengas un familiar o un compañero de trabajo con este tipo de trastorno.

Si es así, es recomendable saber que existen estrategias de afrontamiento y adecuadas terapias psicológicas con las que reducir este comportamiento negativo y hostil causado casi siempre por dos dimensiones muy básicas: la ira y la frustración.

Hoy en nuestro espacio te proponemos saber un poco más sobre este tipo de trastorno.

1. ¿Qué características presenta la persona pasivo-agresiva?

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Para empezar, algo que debemos tener claro es que no todas las personas con este tipo de trastorno evidencian cada uno de los comportamientos que detallaremos a continuación.

Sin embargo, lo que sí evidencia la persona pasivo-agresiva es un arte muy hábil a la hora de poner en práctica una marcada hostilidad recubierta con “terrones de azúcar.

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Es decir, son capaces de hacernos daños de forma compasiva simulando cariño cuando lo que hay en el trasfondo es un deseo expreso por humillar, controlar o ridiculizarnos.

Estas serían por tanto las características más básicas.

  • Pasión por criticar a los demás. No hay realidad, persona o matiz cotidiano que se libre de una buena crítica.
  • Cuando los conocemos de verdad, descubrimos que siempre se muestran desagradables e irritados por algo.
  • No obstante, cuando deseen algo de nosotros no dudarán en mostrarse amables, detallistas y tan cálidos como les sea posible.
  • Se olvidan de las cosas expresamente para no asumir responsabilidades.
  • Todo lo que empiezan lo dejan a medias.
  • Son cínicos.
  • Muestran una curiosa habilidad para echar la culpa a los demás, aunque la responsabilidad sea de ellos.
  • Suelen ir de víctimas, son los menos valorados, los menos respetados, los menos felices
  • Odian la autoridad.
  • Rechazan las sugerencias de otros.

2. ¿Qué hay detrás de este tipo de personalidades?

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Esto es lo primero que pensamos. ¿Por qué actúan de este modo si, a largo plazo, lo que consiguen es mayor frustración y relaciones sociales disfuncionales?

Estas serían algunas explicaciones:

  • Por lo general, son personas criadas en familias donde no se practica una adecuada gestión emocional.
  • No se les enseñó a canalizar la ira, ni a desahogar el enfado.
  • Cuentan con una baja autoestima.
  • Poco a poco se han dado cuenta de que, controlando a los demás y asumiendo una posición de poder, sus carencias quedan disimuladas.
  • A su vez, en algún momento de su vida, percibieron que, a menudo, al desplegar conductas amables y cariñosas logran conseguir aquello que quieren.
  • No saben gestionar sus emociones negativas. Al no lograrlo se intensifica su rabia y la sensación de que el mundo es injusto y nadie les entiende. 

3. Cómo tratar a la persona pasivo-agresiva

mujer con colores en el rostro representando la depresión mayor

Es muy posible que la primera idea que se nos venga a la cabeza sobre cómo “lidiar” con una persona pasivo-agresiva sea huir de ella.

Bien, cabe decir que no es lo adecuado. No lo es por varias razones.

La primera es que puede que seamos nosotros mismos quienes lo suframos, y la segunda es que no siempre podemos o debemos huir de aquello que nos enturbia o nos es muy complejo.

Comprender

  • Así, lo primero que debemos hacer es COMPRENDER. Entender las bases de este trastorno nos ayudará mucho.
  • Lo segundo es no ceder a su control. Es necesario que pongamos sobre la mesa las consecuencias de sus actos y nuestra negativa a ceder ante lo que no nos gusta o no es lógico.
  • No podemos olvidar que lo que nutre las raíces de la persona pasivo-agresiva es la baja autoestima. Por tanto, algo que teme más que nada es quedarse sola.

Recuerda que no debes ceder ante ellos

Debemos ser asertivos con ellos, poner límites, ser razonables y sugerirles opciones correctas a su comportamiento.

  • Si me hablas con cinismo no confiaré en ti, respétame.
  • Si eres tan negativo lo único que conseguirás es aislarte en tus propios miedos.
  • En lugar de buscar siempre mis defectos y criticarme demuéstrame que eres capaz de ver algo bueno en mí.

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Propón que busque ayuda profesional

La persona pasivo-agresiva sufre un acusado síndrome de inferioridad, una gestión inmadura de sus emociones y una autoestima muy baja.

Nadie puede ser competente ni social ni afectivamente con estas carencias, con estas limitaciones. Por tanto, es prioritario que aúne valentía para pedir ayuda profesional.

La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, es muy recomendable en estos casos.

Es necesario recordar que el pasivo-agresivo no es un enfermo, solo es alguien que, tras su antipática armadura y su conducta manipuladora, esconde un ser frágil que debe ser ayudado.

Intentemos, por tanto, que dé el paso hacia el bienestar, hacia la clara voluntad de querer mejorar mediante una buena terapia.