¿Por qué los bebés no pueden comer miel?

Virginia Martínez · 6 julio, 2019
En la miel puede encontrarse la bacteria Clostridium botulinum, cuya proliferación en el aún inmaduro sistema digestivo del bebé puede provocar la liberación de peligrosas toxinas, responsables de la afección conocida como botulismo infantil.

¿Te estás preguntando por qué los bebés no pueden comer miel? La miel es uno de los alimentos más sanos y nutritivos, cuyo sabor inconfundible la convierte en un dulce natural.

Por esa razón, nuestros padres y abuelos acostumbraban a humedecer la chupeta de los bebés en un poco de miel, con el fin de tranquilizarlos. Sin embargo, la ciencia nos explica hoy que es una práctica peligrosa, pues nunca, bajo ningún concepto, debe darse miel a menores de doce meses.

Miel y botulismo: la razón por la que los bebés no pueden comer miel

El ser humano consume miel desde hace miles de años. Es considerado uno de los alimentos más naturales y nobles, y sus beneficios son múltiples y conocidos. Desde el antiguo Egipto hasta nuestros días, la miel ha sido siempre un ingrediente en todo tipo de recetas, aportando nutrientes y endulzándonos naturalmente.

No obstante, como producto natural, la miel también contiene una bacteria, la Clostridium botulinum, que puede llegar a ser altamente peligrosa para bebés menores de un año.

La razón es sencilla: la flora intestinal de los más pequeños aún no ha alcanzado la madurez adecuada, de forma que las esporas de esta bacteria pueden proliferar en sus intestinos, liberando toxinas botulínicas, consideradas unas de las sustancias más mortales que se conocen.

Se trata del denominado botulismo infantil, un tipo de botulismo que afecta especialmente a menores de doce meses y que puede llegar a ser mortal. No obstante, no afecta de la misma manera a mayores de un año, cuyas defensas naturales ya se han desarrollado y son capaces de impedir la proliferación de la bacteria.

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El botulismo infantil

El botulismo, la razón por la que los bebés no deben comer miel
El botulismo está causado por la bacteria Clostridium botulinum. En los bebés puede atacar fácilmente, ya que su sistema inmunitario no está desarrollado del todo.

El Clostridium botilum es un vacilo presente en la naturaleza, en la tierra. Por tanto, puede encontrarse en prácticamente todo tipo de alimentos, tanto de origen vegetal como animal.

Esta bacteria se organiza en esporas y puede permanecer en estado latente hasta encontrar las condiciones ideales para multiplicarse y crecer. Especialmente presente en conservas caseras, prefiere ambientes con poco oxígeno y no tolera, por lo general, los medios ácidos.

Pero, además, tampoco puede crecer en soluciones con altas concentraciones de azúcares. Por esta razón, especialmente en la miel, suele permanecer en estado latente, esperando a que se den las condiciones idóneas para su crecimiento.

De este modo, cuando la miel es ingerida por un infante menor de doce meses, el azúcar de este néctar se diluye en su  jugo gástrico, que es un ambiente todavía poco ácido y donde hay poca presencia de oxígeno.

Por tanto, en este medio, el vacilo encuentra las condiciones idóneas para comenzar a proliferar y crecer, liberando las toxinas botulínicas. Posteriormente, a través del flujo sanguíneo, llegan a las terminaciones neuromusculares, pudiendo provocar botulismo infantil, una afección altamente peligrosa que requiere de hospitalización inmediata.

Síntomas, diagnóstico y tratamiento

El botulismo infantil afecta al sistema nervioso, de forma que puede presentar una gran variedad de síntomas. A menudo, suelen aparecer de 12 a 48 horas después de tener contacto con la bacteria. Los más frecuentes abarcan:

  • Respiración lenta o dificultad para respirar
  • Estreñimiento
  • Debilidad general
  • Llanto débil
  • Letargo
  • Reflejo de arqueada reducido
  • Visión doble o borrosa
  • Boca seca
  • Párpados flácidos
  • Flacidez general
  • Alimentación lenta
  • En casos extremos: parálisis del tronco, brazos y piernas o parálisis del sistema respiratorio

Dignóstico y tratamiento

Bebé en el pediatra por posible botulismo
Ante las señales evidentes de botulismo es primordial llevar al bebé al pediatra. Por sus riesgos, el bebé tendrá que quedarse hospitalizado.

Será la descripción de los síntomas aportada por los padres lo que llevará al pediatra a considerar si el infante puede padecer botulismo. Para confirmarlo, bastará un análisis de las heces del pequeño para comprobar la presencia de toxinas botulínicas.

Por otra parte, debemos tener en cuenta que el botulismo infantil requiere hospitalización inmediata. Como se ha podido comprobar, afecta al sistema nervioso y puede derivar en insuficiencia respiratoria. Por esa razón, es necesario que el bebé se encuentre hospitalizado, en observación constante.

El éxito del tratamiento depende siempre del diagnóstico precoz y de la administración a tiempo de la antitoxina botulínica. En los casos más graves, puede que el pequeño necesite incluso respiración asistida o alimentación intravenosa.

En cualquier caso, el botulismo infantil suele remitir después de unas semanas o meses, y sólo en los casos más extremos la acción de la toxina puede provocar la muerte por insuficiencia respiratoria.

¿Sólo la miel puede provocar botulismo infantil?

No sólo la miel puede provocar botulismo infantil. De hecho, como indicamos anteriormente, la bacteria responsable de esta afección se encuentra ampliamente en la naturaleza. Por eso, es bastante difícil identificar la fuente de las esporas y, desde luego, la miel no es la única.

En efecto, la bacteria del botulismo puede encontrarse incluso en la tierra o en el polvo, y ser transportada por el aire. De este modo, los infantes pueden llegar a ingerirla por inhalación, de forma que se recomienda no exponer a los más pequeños a entornos con demasiado polvo o donde se están realizando trabajos de remover tierras.

Debido a la gravedad del botulismo y la dificultad para eliminar la bacteria, es necesario estar atentos a cualquier brote de este vacilo para evitar contagios e, incluso, posibles epidemias. A este respecto, la OMS vela por la seguridad y promueve la vigilancia, detección, evaluación de riesgos y contención de la enfermedad.

Así, aunque los brotes de botulismo son infrecuentes, son siempre una emergencia de salud pública, y debe pronto establecerse si el brote es natural, accidental o deliberado. De este modo, podrán prevenirse nuevos casos y tratar de forma eficaz a los afectados.

Recomendaciones

Miel y botulismo en bebés
La principal medida para evitar el botulismo debido a la ingesta de miel es no dar este alimento al bebé. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la enfermedad puede aparecer por otras vías de contagio.

Puesto que no existe vacuna contra la bacteria responsable del botulismo, lo mejor es prevenir. Para ello, los pediatras recomiendan:

  • No dar nunca miel a niños menores de doce meses.
  • Al igual que la miel, el jarabe de maíz también puede contener esta bacteria, de modo que no debe ofrecerse a los bebés.
  • Evitar la exposición a tierra o polvo que pudieran estar contaminados.
  • Hervir a altas temperaturas los alimentos que se conservan en casa (sobre todo, conservas caseras).
  • Mantener una higiene adecuada.

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En definitiva, los bebés no deben comer miel por qué:

Si bien es un alimento dulce con importantes propiedades nutricionales, en los pequeños aumenta el riesgo de botulismo. Esto se debe a que su sistema inmunitario no está suficientemente desarrollado y, por ende, no puede combatir el microorganismo que causa esta enfermedad.

Ahora bien, debemos estar atentos y tener en cuenta que no sólo la miel es fuente responsable del botulismo. Así, siguiendo pautas de higiene adecuadas y las recomendaciones de los expertos, podremos mantener a los más pequeños fuera de riesgo.

 

 

 

 

 

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