¿Por qué mantener la presión arterial baja previene el fallo cardíaco?

Elena Vuelta · 10 junio, 2018
El mantenimiento de una presión arterial baja puede proteger al corazón de sobreesfuerzos, disminuyendo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

El mantenimiento de la presión arterial baja, aunque dentro de los límites normales, previene en gran medida las enfermedades cardiovasculares.

En este artículo te explicamos el porqué. De este modo podrás tomar conciencia de la gravedad del problema si no se previene y trata de la manera adecuada.

Control de la presión arterial

El organismo posee una gran cantidad de mecanismos compensatorios destinados a mantener la presión del flujo sanguíneo dentro de un rango de valores. Tanto valores elevados, como valores excesivamente bajos de presión arterial pueden ocasionar problemas graves en el organismo.

  • Cuando la presión arterial es demasiado alta (hipertensión) pueden producirse distintas lesiones en el sistema circulatorio. Por ejemplo, ensanchamientos, desgarros o incluso rotura de los vasos.
  • Por otra parte, cuando la presión arterial es demasiado baja (hipotensión) el corazón puede no ser capaz de bombear la suficiente cantidad de sangre. Esto provocaría que no llegara la correcta cantidad de nutrientes y oxígeno a los tejidos.
Riesgos de la presión arterial baja

Mecanismos compensatorios

Existen varios mecanismos compensatorios destinados a mantener la presión arterial constante. Entre ellos encontramos:

  • El volumen de sangre contenida en los vasos sanguíneos.
  • La regulación del diámetro de los vasos sanguíneos.
  • El gasto cardíaco.

El volumen sanguíneo

Los mecanismos que regulan el volumen de sangre en el organismo se llevan a cabo, en especial, por el aparato excretor. Y, de manera más particular, por los riñones. Los riñones pueden regular la cantidad de líquido eliminado por la orina. De este modo aumentan o disminuyen el volumen sanguíneo.

Un mayor volumen sanguíneo aumentará la cantidad de sangre que debe ser bombeada por el corazón y contenida por los vasos. De este modo aumentará la presión arterial. Sin embargo, la disminución del volumen sanguíneo causa el efecto contrario: Disminuye la presión arterial.

El diámetro de los vasos sanguíneos

El diámetro de los vasos sanguíneos es un proceso muy regulado. Este causa un efecto directo en la presión arterial. Una dilatación de los vasos sanguíneos hace que estos puedan contener una mayor cantidad de sangre. De este modo, la cantidad de sangre que retornará al corazón será menor y la presión arterial disminuirá.

Por el contrario, una contracción en las venas y arterias provocará una mayor resistencia al paso del flujo sanguíneo. También causará una menor contención de sangre en los mismos. Por tanto, un mayor volumen será retornado al corazón y lo hará con más fuerza, aumentando así la presión arterial.

El gasto cardíaco

El gasto cardíaco es un parámetro que hace referencia a la cantidad de sangre bombeada por el corazón en cada latido. Este gasto cardíaco se encuentra regulado. Además, varía en función del estado del organismo y de la presión arterial existente.

De esta forma, cuanto mayor sea el gasto cardíaco, mayor será la tensión arterial. Esto sucede porque las contracciones cardíacas son más fuertes y bombean la sangre a mayor presión. Por el contrario, si el gasto cardíaco disminuye y las contracciones se vuelven más débiles la sangre no se bombea con tanta fuerza. Entonces, la tensión arterial disminuye.

Daños en el corazón

En ocasiones la presión arterial se mantiene elevada de forma constante. Entonces, el sistema circulatorio está siempre poniendo en marcha mecanismos compensatorios. Y estos acaban por provocar afecciones cardiovasculares.

Riesgos de la presión arterial baja

Esto ocurre porque la hipertensión arterial  causa un gran aumento en la carga de trabajo del corazón. Este tiene que bombear con más fuerza, al llegarle una gran cantidad de sangre retornada y a una alta presión. Como consecuencia, el corazón se engrosa y se hace más grande (hipertrofia) y sus paredes se vuelven más rígidas.

Esta mayor rigidez impide que el corazón se expanda de manera correcta. Aumenta así su carga de trabajo. Esto puede desembocar en una insuficiencia cardiaca. Entonces el corazón no es capaz de bombear la sangre suficiente para abastecer las demandas del organismo.

Lesiones en los vasos sanguíneos y las arterias

Los mecanismos compensatorios relativos al diámetro de los vasos sanguíneos también pueden provocar lesiones en los mismos. El soportar de forma continua una alta presión sanguínea hace que las arterias se engrosen y endurezcan.

El endurecimiento de las arterias puede acabar provocando arterioesclerosis. Esta, con el tiempo, puede terminar en una obstrucción parcial o total de estos vasos. Esto causaría serios problemas cardiovasculares como un ictus, un ataque cardíaco o una aneurisma.

En definitiva, todos estos problemas derivados del aumento de la carga cardíaca se pueden prevenir. Para ello tenemos que mantener unos valores bajos de presión arterial.

No obstante, no se debe olvidar que estos valores deben encontrarse entre determinados rangos. Una hipotensión arterial excesiva también puede acabar causando graves afecciones.