¿Por qué mi bebé quiere estar siempre en mis brazos?

Thady Carabaño·
05 Agosto, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico Nelton Abdon Ramos Rojas al
05 Febrero, 2019
El contacto físico es fuente de salud y bienestar para los bebés. Cuando un pequeño llora porque quiere tener cerca a su madre y estar en sus brazos, lo mejor es seguir el instinto e ir a su encuentro.

“Mi bebé quiere estar siempre en mis brazos desde su primer respiro”, reconocen algunas madres. Muchas están extasiadas por ello; otras, sorprendidas. Y, en vez de dejarse llevar por lo que eso les inspira, escuchan lo que opinan otras madres o los especialistas.

Al nacer, un bebé puede no reconocer quién es su madre. Sin embargo, desde el primer respiro, se activan de manera instintiva sensores que le permiten la preservación de la vida. La línea alba que cruza el vientre le indica el camino para llegar hasta el pecho de su madre, de donde emana su sustento.

El bebé pasa nueve meses en el útero materno y, al nacer, todavía es inmaduro. Depende enteramente de su madre para poder sobrevivir. Así, el apego será la vía para garantizar su bienestar desde el nacimiento hasta la madurez y el amor será la fuerza vital para vivir.

Mi bebé quiere estar siempre en mis brazos

“Con amor te sostengo, bebé, y aprecio tu viva luz, tu aliento, la pequeñez de sus partes que me regalan ternura y conquistan mi corazón”, dirá una madre con más inspiración. Pero, en vez de ir a sostenerlo, muchas veces, muchas mamás se dejan llevar por opiniones que afirman que, cada vez que el bebé llora, no hay que ir a su encuentro.

mi bebé

Se dice que, si alzas al bebé cada vez que llora, aprende a manipularte. Además de que se le cercena su futura capacidad para ser independiente. Como si un bebé entendiera qué es la manipulación o la independencia.

Según muestra este estudio publicado en la revista Development ans psychopathology, dejar que el bebé llore durante mucho tiempo podría causarle daño en su desarrollo emocional e intelectual, así como incrementar sus niveles de estrés.

El bebé es un mamífero y, como tal, depende de que la madre esté cerca para sobrevivir y crecer. El amor es el mejor estímulo para crear vínculos afectivos con el bebé y favorecer su buen desarrollo. El cariño es una necesidad primordial, como la alimentación o la higiene.

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Mi bebé necesita la exterogestación porque quiere estar siempre en mis brazos

El bebé necesita de la cercanía de su madre durante, por lo menos, nueve meses más, para poder adaptarse a la vida extrauterina. Solo así se garantiza su desarrollo integral. Es lo que se llama exterogestación y, tal y como señala este artículo publicado en la revista Dilemata, sucede, principalmente, a través de la lactancia materna.

El bebé reconoce el amor materno a través de la cercanía y el contacto físico. El llanto del bebé no es solo porque tiene hambre, sueño o el pañal está sucio. El bebé quiere estar siempre en tus brazos porque su piel es su principal sensor del amor de su madre. Además, su instinto se lo dice.

Madre primeriza con su bebé.

Al mismo tiempo, el pequeño despierta instintos de contención y apego en la madre, porque la naturaleza también tiene instintos para nosotras, pero somos capaces de acallar lo que sentimos para oír una opinión, para confirmar una teoría o para retomar la vida laboral. Aun así, el bebé sigue pidiendo y necesitando que mamá esté cerca.

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Nos empeñamos en que tiene que dormir solo en un cuarto, en que hay que alimentarlo con horarios o que no hay que acudir cada vez que llora, sin darnos cuenta de que pasaron nueve meses sostenidos por el útero, durmieron pegados a nuestro corazón, fueron alimentados continuamente a través del cordón umbilical y estábamos siempre a su lado.

La falta de contacto físico

En la década de 1940, el doctor Rene Spitz, medico psicoanalista austriaco, realizó un estudio que lo llevó a concluir que la muerte masiva de bebés en orfanatos se debía a la falta de amor.

Este psicoanalista comparó a bebés aislados en cunas internados en un hospital con bebés criados por sus propias madres dentro de una prisión. Los pequeños criados por sus madres, aun estando encarcelados, crecían más rápido y gozaban de buena salud. En cambio, los que estaban aislados, crecían con deficiencias físicas y mentales.

Lamentablemente, 37 % de los bebés en orfanatos, que no contaban con el abrazo y el cuidado de sus madres, no sobrevivieron. La tesis de Spitz fue duramente criticada y puesta en duda por décadas. Pero otros estudios, como este llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Harvard demostraron la importancia del afecto, pero no de forma tan radical a como lo hizo Spitz. El amor es fuente de bienestar y desarrollo para el bebé.

Bebé dándole un beso a su madre.

El amor es natural

“De la misma forma que mi bebé quiere estar siempre en mis brazos, yo quiero siempre tenerlo conmigo”, dice una madre que quiere criar con apego. Ella sostiene a su bebé cerca de su cuerpo porque es lo natural.

Es verdad que no se pueden criar hijos dependientes, incapaces de decidir por sí mismos el destino de sus vidas. Pero nos cuesta mucho esperar a que cumplan cada una de sus etapas de maduración a su debido momento.

Vivimos en un mundo acelerado y, queramos o no, aceleramos el crecimiento de nuestros hijos. Los nueve meses de exterogestación lo preparan para iniciar el camino hacia su autonomía, un camino que apenas comienza a los 2 años y que, después de cumplir con distintas etapas de independencia en la niñez y la adolescencia, finaliza 15 o 18 años después.

En definitiva, sostener al bebé en los brazos es la mejor forma de que se sienta amado. No hay límites para expresar amor, o no debería haberlos, si queremos vivir en un mundo mejor.