¿Por qué mi bebé quiere estar siempre en mis brazos?

Thady Carabaño 26 junio, 2018
El contacto físico es fuente de salud y bienestar para los bebés. Cuando un bebé llora porque quiere tener cerca a su madre, lo mejor es seguir el instinto, e ir a su encuentro.

Mi bebé quiere estar siempre en mis brazos desde su primer respiro“, reconocen las madres. Muchas extasiadas, otras sorprendidas. Y en vez de dejarnos llevar por lo que nos inspira, escuchamos lo que opinan otras madres o los especialistas.

Al nacer, un bebé puede no reconocer quién es su madre. Sin embargo desde el primer respiro, se activan de manera instintiva sensores que les permiten la preservación de la vida. La linea alba que cruza el vientre de su madre, le indica el camino para llegar hasta el pecho de su madre, de donde emana su sustento.

El bebé pasa nueve meses en el útero materno, y al nacer todavía es inmaduro. Depende enteramente de su madre para poder sobrevivir.  El apego será la vía para garantizar su bienestar desde el nacimiento hasta la madurez, y el amor será la fuerza vital para vivir.

El bebé quiere estar siempre en mis brazos

Con amor te sostengo bebé y aprecio tu viva luz, tu aliento, la pequeñez de sus partes que me regalan ternura y conquistan mi corazón“, dirá una madre con más inspiración. Pero en vez de ir a sostenerlo, muchas veces nos dejamos llevar por opiniones que afirman que cada vez que el bebé llora no hay que ir a su encuentro.

Bebé en brazos de su madre.

Se dice que si alzas al bebé cada vez que llora aprende a manipularnos. Además, de que se le cercena su futura capacidad para ser independiente. Como si un bebé entendiera qué es la manipulación o la independencia. El bebé es un mamífero, y como tal, depende de que la madre esté cerca para sobrevivir y crecer.

El amor es el mejor estímulo para crear vínculos afectivos con el bebé y favorecer su buen desarrollo. El bebé quiere estar siempre en mis brazos porque el cariño es una necesidad primordial, tanto como lo es la alimentación o la higiene.

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El bebé necesita la exterogestación

El bebé necesita de la cercanía de su madre durante por lo menos nueve meses más, para poder adaptarse a la vida extrauterina. Solo así se garantiza su desarrollo integral. Es lo que se llama exterogestación.

El bebé reconoce el amor materno a través de la cercanía y el contacto físico. El llanto del bebé no es solo porque tiene hambre, sueño o el pañal está sucio. El bebé quiere estar siempre en mis brazos porque su piel es su principal sensor del amor de su madre. Además, su instinto se lo dice.

Madre primeriza con su bebé.

Al mismo tiempo, el bebé despierta instintos de contención y apego en la madre, porque la naturaleza también tiene instintos para nosotras. Pero somos capaces de acallar lo que sentimos para oír una opinión, para confirmar una teoría o para retomar la vida laboral. Aun así, el bebé sigue pidiendo y necesitando que mamá esté cerca.

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Nos empeñamos en que tiene que dormir solo en un cuarto, en que hay que alimentarlo con horarios o que no hay que acudir cada vez que llora. Sin darnos cuenta que pasaron nueve meses sostenidos por el útero, durmieron pegados a nuestro corazón, fueron alimentados continuamente a través del cordón umbilical y estábamos siempre a su lado.

La falta de contacto físico

En la década de 1940, el doctor Rene Spitz, medico psicoanalista austriaco, realizó un estudio que lo llevó a concluir que la muerte masiva de bebés en orfanatos se debía a la falta de amor. Comparó a bebés aislados en cunas internados en un hospital con bebés criados por sus propias madres dentro de una prisión.

Los bebés criados por sus madres, aun estando encarcelados, crecían más rápido y gozaban de buena salud. En cambio, los bebés que estaban aislados, crecían con deficiencias físicas y mentales. Lamentablemente, 37% de los bebes en orfanatos, que no contaban con el abrazo y el cuidado de sus madres, no sobrevivieron.

La tesis de Spitz fue duramente criticada y puesta en duda por décadas. No obstante, en el año 2007, la revista “Science” publicó un ensayo realizado en Rumania, que buscaba comprobar la veracidad de la teoría de Spitz.

Bebé dándole un beso a su madre.

En la nueva investigación fueron tomadas en cuenta todas las críticas clínicas hechas al estudio del austriaco, y aun así los resultados fueron los mismos. El amor es fuente de bienestar y desarrollo para el bebé.

Los bebés criados en orfanatos rumanos que carecían de la cercanía de la madre, tenían más problemas para crecer y sobrevivir que los niños que estaban en hogares de crianza.

El amor es natural

De la misma forma que mi bebé quiere estar siempre en mis brazos, yo quiero siempre tenerlo conmigo“, dice una madre que quiere criar con apego. Ella sostiene a su bebé cerca de su cuerpo porque es lo natural.

Es verdad que no se pueden criar hijos dependientes, incapaces de decidir por sí mismos el destino de sus vidas. Pero nos cuesta mucho esperar a que cumplan cada una de sus etapas de maduración a su debido momento. Vivimos en un mundo acelerado y, queramos o no, aceleramos el crecimiento de nuestros hijos.

Los nueve meses de exterogestación lo preparan para iniciar el camino hacia su autonomía. Un camino que apenas comienza a los 2 años y que después de cumplir con distintas etapas de independencia en la niñez y la adolescencia, finaliza 15 o 18 años después.

Sostener al bebé en los brazos es la mejor forma de que se sienta amado, y un ser amado es feliz. No hay límites para expresar amor, o no debería haberlos, si queremos vivir en un mundo mejor.

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