Por qué mi pareja no eyacula cuando hacemos el amor

28 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la filósofa y sexóloga Isbelia Esther Farías López
Si te estás preguntando por qué tu pareja no eyacula cuando hacéis el amor, te hablamos de algunos factores que pueden explicar lo que está pasando.

Si tu pareja no eyacula o tarda mucho en hacerlo durante vuestras relaciones sexuales, podéis considerar ciertas condiciones, tanto físicas como psicológicas, para entender que está pasando.

A continuación presentaremos, cuáles pueden ser algunas de esas causas, así como unas breves pautas para abordarlas. Sin embargo, debemos aclarar que, en cualquier caso, la consulta médica especializada será un paso imprescindible para obtener un diagnóstico correcto e instrucciones apropiadas acerca de cómo actuar.

¿Por qué mi pareja no eyacula?

La expulsión del semen a través de la uretra se produce al tener un orgasmo, ya sea en el acto sexual, al masturbarse o en una emisión nocturna.

Respecto a los encuentros íntimos, las variaciones se dan si esto ocurre muy rápido o se demora demasiado. En la primera situación nos estaríamos refiriendo a lo que se conoce como ‘eyaculación precoz’.

Disfunción eréctil

En cambio, si la secreción se retrasara mucho o, incluso, no tuviera lugar, hablaríamos de la denominada ‘eyaculación tardía’ o ‘aneyaculación’ (ausencia de eyaculación), respectivamente.

No obstante, tales circunstancias llegan a percibirse de maneras muy distintas tanto por el hombre como por su pareja. Y es que, como se indica en una de las publicaciones del Doctor Perelman (Centro Médico Weill Cornell, Nueva York) las dificultades surgen sobre todo cuando el hombre vive angustia o falta de control en sus relaciones.

Por este motivo, es tan importante considerar al mismo tiempo los aspectos físicos y los componentes emocionales que den cuenta de una menor o mayor latencia en la respuesta masculina.

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Posibles variables psicológicas

La eyaculación es solo una parte de un proceso más amplio, que se inicia con el deseo, sigue con la erección, pasa por la práctica sexual en sí (con o sin penetración) y culmina con la evacuación del semen y el orgasmo.

En todo este recorrido el propio sistema nervioso desempeña un rol fundamental en la excitación que se siente. Se ven implicadas varias estructuras cerebrales y se liberan ciertos neurotransmisores.

El máximo placer que se alcanza es, en esencia, una experiencia sensorial. Por ello, la investigación ha venido considerando la influencia de variables psicosociales como una posible explicación en los casos en que no se eyacula o esto tarda en suceder.

En este sentido, una reciente revisión realizada por profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad de El Mansurá (Egipto) encuentra que entre tales elementos podrían figurar situaciones como las siguientes:

  • Diversos miedos, como el temor a la intimidad, a la pérdida de control y autonomía o al embarazo.
  • La presión por satisfacer a la pareja y por prolongar la erección.
  • La depresión o el estrés, ya que son estados que inducen pensamientos negativos y le impiden al hombre desconectar de la preocupación.
  • Un deseo erótico disminuido o una estimulación inicial insuficiente.
  • Creencias religiosas que censuran el sexo y ocasionan sentimientos de culpa.

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Factores físicos por los que el hombre no eyacula

Estos mismos autores también identifican causas de carácter orgánico o biológico, entre ellas se contemplarían:

  • La edad.
  • Factores genéticos.
  • Inflamación o infección de la glándula prostática o de la uretra.
  • Afecciones neurológicas (esclerosis múltiple, trauma cerebrovascular o daño de la médula espinal).
  • Enfermedades endocrinas, como, por ejemplo, el hipertiroidismo (la glándula tiroides produce más hormonas de las que el cuerpo necesita).
  • Efectos originados por el uso de ciertos medicamentos o drogas.

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Algunas claves ante estos casos

Como vemos, el origen de estas variaciones en el patrón de eyaculación obedece a múltiples causas. Conocer cuáles son algunas de ellas puede resultar de utilidad para identificarlas y tomar las decisiones pertinentes.

A su vez, otras pautas son viables, como es la comunicación clara y sincera con la pareja. Esto nos dará la oportunidad de expresar aquello que nos genera ansiedad. También es un buen momento para plantear sugerencias que queramos incorporar a la intimidad.

Si la pareja no eyacula, hay que hablar claramente con ella.

Por ejemplo, se puede probar a alternar posturas, realizar los encuentros sexuales en otros horarios y lugares y, sobre todo, a evitar el cansancio y la presión.

En cualquier caso, si tu pareja no eyacula o sigue experimentando serias dificultades para hacerlo, el primer movimiento pasa por acudir a la consulta del especialista.