Por qué no podemos obligar a los niños a comer

Daniela Colmenares · 11 julio, 2018
¿Quieres que tu hijo se coma toda la comida? Debes saber que obligar a tu hijo a comer no es bueno y tiene consecuencias en su crecimiento. Enséñale buenos hábitos alimenticios y garantiza así una buena salud.

“No te levantas de la mesa hasta que acabes el último bocado”, solían decir nuestras madres cuando éramos pequeños. Esta costumbre de obligar a los niños a comer todo lo que contenía el plato, antiguamente no parecía muy arriesgado, era cuestión de disciplina. Sin embargo, las sociedades avanzan y cada día descubrimos algo nuevo.

Las necesidades nutricionales de cada persona son diferentes. La ingesta de calorías de Michael Phelps no debe ser nada parecida a la de Mark Zuckerberg. Ambos tienen estilos de vida distintos, rutinas específicas y queman cierta cantidad de calorías. Lo mismo pasa con los niños, cada uno tiene una rutina distinta.

Obligar a los niños a comer puede generar tensión en el comedor. El rechazo, los reclamos y las malas actitudes se adueñan a la hora de comer. El factor ambiente es sumamente importante en la infancia, pues determina cómo un niño se enfrenta a una situación una vez crezca.

Consecuencias de obligar a los niños a comer

Es importante que conozcas las consecuencias físicas y psicológicas que produce obligar a los niños a comer. Es una situación complicada tanto para ti como para él. Trata de mantener comunicación constante con él, así sabrás lo que realmente piensa. Si aún así sigue sin aparente apetito, prueba otras opciones, como algunos remedios naturales.

1. Presentan transtornos alimenticios

Todos los hábitos se inician en la infancia. La forma en la que el pequeño ingiere sus alimentos en sus primeros años de vida determinará la manera en la que se desenvuelva su salud física. Obligar a tu hijo a comer, según especialistas, puede producir obesidad en el futuro. Es imperativo que tu hijo sepa que no debe comer por obedecer, lo ideal es que coma con gusto y hasta donde se sienta satisfecho.

Niña que no quiere comer brócoli.

Otro aspecto que puede afectar el metabolismo de tu hijo es el sedentarismo. Mantén esa condición fuera de la rutina de tu hijo, pues puede trascender en problemas más serios como obesidad o problemas cardíacos. Trata de iniciar a tu pequeño en algún deporte y verás cómo su disposición a comer mejorará.

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2. Se vuelven dependientes a los padres

Desde pequeños, debemos cultivar en los niños la capacidad de valorarse a sí mismos. Además, deben estar conscientes de cuáles son las decisiones correctas para su cuerpo. ¿Cómo logras esto? Ayudando a que el niño descubra cuáles son sus límites y hasta dónde es capaz de comer.

Una buena autoestima también ayudará. Muchas veces, la autoestima está ligada a la madurez. Es necesario que tu hijo sea tan maduro como su edad lo requiere para que entienda por cuenta propia que no debe forzarse a comer toda la comida si no quiere. Es importante que como padres, enseñemos a los pequeños a tener un criterio tanto dentro como fuera del hogar.

3. No son capaces de velar por su bienestar

Si obligas a tu hijo a comer cuando no quiere hacerlo, crearás una conducta poco saludable en el niño. No tendrá capacidad de decir “esto es bueno para mi” o “no me cae bien esta comida”. Por lo tanto, tendrá un concepto errado de su bienestar como persona. Habla con él, enséñale la importancia de cuidar su cuerpo.

4. Les cuesta tomar decisiones

Toda persona debe poseer un nivel de autonomía, tanto física como mental. Esta capacidad se puede desarrollar desde muy temprana edad e ir fortaleciéndose a través de los años. ¿Cómo? Pues, tan sencillo como darle poder de decisión a tu pequeño. En vez de obligar a tu hijo a comer, pregúntale cuánta cantidad de comida quiere.

Niño que no quiere comer.

Prácticas como esta ayudarán a fortalecer las decisiones de tu pequeño y, además, generar autonomía para decidir qué quiere, cómo y cuándo lo quiere. Es una terapia para ambos, como padre e hijo, para aprender a respetarse entre sí.

5. Guardan resentimiento

Cuando tu hijo no quiere comer, suele causar una situación de estrés en la mesa. Que no consuma las suficientes calorías, que pase hambre o que le falten vitaminas son solo algunas de las preocupaciones que se tienen como padres. Preocuparse es totalmente normal.

Sin embargo, caer en ese nivel de estrés en la mesa no es saludable, para ninguno de los miembros. Puede tener consecuencias familiares graves como el resentimiento. Te recomendamos tengas paciencia, trata de convertir la hora de comer en un momento agradable para todos.

¿Cómo puedes motivar a tus hijos a comer?

Teniendo en cuenta los riesgos psicológicos y físicos que representan obligar a tu hijo a comer, te presentamos varias opciones para motivarlo a comer mejor.

Con recetas divertidas

Los niños, por naturaleza, son seres muy creativos y las personas, en general, somos muy visuales. Dicen por ahí, que comemos con los ojos. Por lo tanto, es importante que el plato de comida de tu hijo más que verse bien, se vea divertido. Entendemos que las espinacas son fundamentales en la alimentación de tu pequeño, ¿qué tal si las incluyes en la mezcla de panquecas? La innovación es la clave, usa recetas.

Postres después de la comida

La motivación al logro es una técnica excelente para inculcarle a tu hijo disciplina y seriedad en sus objetivos. Esto genera efectos que marcarán la vida de tu pequeño, pues entenderá que para obtener las cosas que quiere, debe esforzarse. La hora de comer no se salva de esto. Explícale que, si come hasta sentirse saciado, conseguirá su postre favorito. No debe verse como chantaje, más bien preséntalo como un objetivo a lograr.

Galletas con chips de chocolate caseras.

Incluyendo sus alimentos favoritos en el plato

El éxito de toda relación es la comunicación. ¿Le has preguntado a tu hijo cuál es su comida favorita? Si sabes cuál es, tienes la llave mágica. Toma su plato favorito y cada día agrega una variación. Los lunes, coloca un poco de zanahorias; los martes, sírvelo con pescado; y así sucesivamente. Tu hijo verá a su plato favorito de distintas maneras, lo que le parecerá divertido.

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Conclusiones

Obligar a los niños a comer no es la solución. La hora de comer no tiene por qué convertirse en un martirio o en una labor titánica. La clave es entender a tu hijo, otorgarle valor a su posición y negociar algunas cosas con él. Por ejemplo, intenta invitarlo a un partido de su equipo favorito de fútbol si come suficientes vegetales. Si al seguir estas recomendaciones, tu hijo sigue sin apetito y baja de peso, acude al médico. De esta manera no tendrás que obligar a los niños a comer.