Por qué no rompemos cuando la relación ya no funciona

Laura Matos 5 julio, 2018
Forzar algo que no da para más, no es más que un acto de cobardía. ¿Por qué no rompemos cuando la relación ya no funciona? Conoce los motivos y aprende cómo ser valiente.

Cuando todo indica que la unión en pareja llegó a su final, terminar es la única decisión que parece lógica y correcta. Entonces ¿por qué no rompemos cuando la relación ya no funciona? ¿Qué nos hace seguir aferrados a algo que no tiene solución?

Lo has intentado todo, pero ya nada es igual y no parece volver a serlo nunca. Sin embargo, sigues allí. Muchas veces somos incapaces de tomar la complicada decisión de terminar oficialmente una relación que ya está de plano acabada. Sobre todo cuando ha sido una historia duradera en la que ha existido amor sincero.

Decir adiós y continuar la vida es la salida más sana, pero en ocasiones intentamos convencernos a nosotros mismos de que es algo circunstancial o acostumbrarnos a convivir con un problema que en un principio no existía.

Muchas veces somos incapaces de terminar oficialmente una unión que ya está de plano acabada

Causas de seguir en una relación que ya no funciona

Relación tóxica

Muchas personas pueden estar rodeándonos y viendo claramente que, en nuestro caso, lo mejor es finalizar la unión de pareja. No obstante, para nosotros no es una decisión tan fácil ¿Por qué no rompemos cuando la relación ya no funciona? Existen diversas causas:

  • En un vínculo deteriorado no se distingue entre la necesidad de poner fin y la posibilidad de arreglarlo.
  • Temor a la pérdida y a la tristeza que puede causar.
  • Miedo a la confrontación.
  • Terror a lo desconocido.
  • Hijos de por medio.
  • Preocupación por el juicio social.
  • Negación a perder lo invertido.
  • Culpa ante el fracaso.
  • Falta de amor propio y temor a la soledad

Descubre más sobre la pareja: Crisis de pareja, ¿necesarias o problemáticas?

Cualquier ruptura implica una pérdida y es innegable que a todos nos causa dolor porque requiere darle un giro al volante y tomar un ritmo distinto. Uno de nuestros mayores miedos es el de arriesgarnos, pues hemos vivido una rutina durante mucho tiempo y fracturarla cuesta.

A veces, permanecemos por problemas de autoestima. “No importa que no me quiera, yo lo quiero y algún día él volverá a sentir lo mismo por mí”, se suele pensar. La ilusión de que algo puede llegar a ser diferente hace incluso que se tracen frustrantes planes de reconquista en los que se revela una fuerte falta de amor propio.

La aversión a la pérdida

El psicólogo y Premio Nobel estadounidense Daniel Kahneman ha establecido un concepto para explicar porqué no rompemos cuando la relación ya no funciona: “La aversión a la pérdida” o la dificultad para dejar ir lo invertido. El insistente pensamiento de que hemos apostado mucho nos limita a tomar la decisión de abandonar la lucha.

También influye el entorno social que nos rodea. El “¿qué dirán?” es poderoso. No solo tememos a fracasar, sino a que el resto lo vea. Mantener las apariencias de una vida feliz y perfecta en ocasiones nos encadena.

Otra causa es la existencia de hijos y el temor a que con la ruptura les haremos daño. Este factor puede hacer que un matrimonio viva por años sin sexo y en un ambiente hostil que irónicamente tampoco le hace bien a las crías.

Relación corta.

Señales de que se acabó

Una relación no funciona cuando alguno de los dos, o ambos, pierde la motivación por continuar. A veces nos embarga la duda, pero existen señales innegables de que la conexión tiene fecha de caducidad.

  • El sexo no es satisfactorio o no existe.
  • Ausencia de comunicación.
  • Ambiente hostil.
  • Desconfianza.
  • Falta de interés.

Puedes ampliar la información: Indicadores para saber si mi relación de pareja ya no funciona

Merecemos ser felices y ante estas señales es evidente de que no lo somos y de que hay algo que debemos cambiar. Es una oportunidad para aprender a caminar por sí mismo.

Ya sea porque su tiempo ya pasó o porque su continuidad terminaría siendo destructiva, hay momentos en los que la realidad dicta que pongamos fin a algo. Dejar ir, perdonar si es necesario y seguir adelante es lo más importante para continuar con una vida sana. Si no sabemos cómo manejar esta situación, lo más sensato es pedir ayuda.

¿Por qué no rompemos cuando la relación ya no funciona? Por costumbre, por miedo a perder, por el entorno social… Podemos enmascararlo o acostumbrarnos a las grietas, pero lo más sano es decir adiós. No es muy romántico, pero sí más fácil comprender las razones del cerebro que las del corazón.

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