¿Por qué tenemos frío en las manos y en los pies?

¿Sabías que el tener las manos o los pies continuamente fríos puede ser consecuencia de un sobreesfuerzo digestivo? Nuestro estómago aumenta su temperatura y esta se reduce en las extremidades

¿Eres una de esas personas que suelen tener frío en manos y pies, aunque la temperatura no sea muy baja? ¿Sabes por qué te sucede? En este artículo te damos la curiosa respuesta a esta duda, que está relacionada con el sistema digestivo.

Descubre cómo funcionan las temperaturas de cuerpo y de qué manera puedes regularlas naturalmente.

Las temperaturas del cuerpo

En general nos encontramos personas que tienden a tener más frío y otras más calurosas y que reaccionan diferente ante los cambios de temperatura. La clave está en nuestra temperatura corporal.

Es importante intentar equilibrar esas temperaturas atendiendo a las señales de nuestro cuerpo. En general, las zonas que se suelen enfriar más fácilmente son las extremidades. Es decir, las manos y los pies.

En nuestro interior, los órganos que tienden a enfriarse y, por tanto, los que más necesitan el calor, son el hígado y los riñones, mientras que el estómago y los intestinos suelen acumular calor.

Cuando nuestro organismo tiene que hacer un sobreesfuerzo en alguna parte, suele aumentar la circulación en ese punto, causando una mayor o menor inflamación, que en realidad tiene el objetivo de centrar los mecanismos que favorecen el equilibrio interno.

Y cuando eso sucede nos encontramos con una falta de circulación en las zonas aparentemente menos vitales, que son precisamente las extremidades. Es entonces cuando sentimos frío en manos y pies, incluso en la cara o la nariz.

mano hielo Taras Khimchak

El papel del sistema digestivo

Nuestro sistema digestivo, debido a la mala alimentación o a una alimentación continuada a lo largo del día, suele sufrir un exceso de calor, ya que está funcionando casi permanentemente. El estómago se ve obligado a hacer grandes esfuerzos, lo cual incrementa los ácidos gástricos y, por lo tanto, su temperatura.

Por otro lado, estos esfuerzos los continúa posteriormente el intestino. Si nos tocamos la barriga podemos llegar a notar incluso que la piel transmite frío, lo que supone un síntoma del exceso de calor interno.

Por lo tanto, tener frío continuamente en pies y manos podría ser la consecuencia de un exceso de calor en nuestro sistema digestivo.

dedos fríos

Ver también: 8 signos de que tu sistema digestivo funciona mal y está causando problemas de salud

¿Puedo aliviar el frío si lo necesito?

Por supuesto. De manera inmediata siempre podemos darnos calor local en las extremidades de diferentes maneras:

  • Con baños de agua caliente.
  • Abrigando bien esas zonas con tejidos polares o de lana.
  • Aplicando cremas caloríficas a base de jengibre, canela, etc.
  • Realizando masajes.
  • Aplicando esterillas eléctricas o bolsas de agua caliente para eliminar el frío.

No obstante, debemos tener en cuenta que eso serán sólo remedios paliativos, y que si lo que queremos es equilibrar nuestra temperatura corporal, lo que debemos hacer es facilitar la función de nuestro sistema digestivo.

Quitar calor al sistema digestivo

¿Cómo lo conseguiremos?

  • Elegir alimentos saludables y evitar especialmente las carnes rojas y embutidos, los quesos y los fritos o determinados dulces.
  • Evitar abusar de aquellos alimentos que nos cueste digerir.
  • Masticar bien los alimentos.
  • No comer grandes cantidades y parar antes de sentirnos demasiado saciados.
  • Dejar que el proceso de la digestión termine antes de volver a comer.
  • No cenar demasiado tarde o demasiada cantidad.
  • Tratar el estreñimiento y mantenernos bien hidratados.
  • Si sufrimos hiperacidez gástrica o ardores, tratarlos con remedios naturales.

La temperatura del agua

El agua también nos puede ayudar a regular la temperatura corporal, pero tendremos que hacerlo gradualmente. En general nos duchamos con agua caliente o tibia, y progresivamente deberemos ir terminando las duchas con agua fría por todo el cuerpo, excepto en la cabeza.

Con el paso del tiempo, podemos ir ampliando ese rango o incluso alternarla con el agua caliente. Es un hábito saludable que podemos adoptar para librarnos del frío en las extremidades.

Es importante que antes y después de la ducha no sintamos frío, para que el contraste sea mayor. Además, al terminar deberemos frotarnos bien con la toalla para promover que se difunda el calor natural.

Ver también: 10 cambios que pasarán cuando empieces a ducharte con agua fría a diario

Imágenes por cortesía de Taras Khimchak,  Intercontinental Hong Kong y Filip Bunkens