¿Por qué tenemos pesadillas? ¿Cómo evitarlas?

Valeria Sabater · 25 febrero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 12 diciembre, 2018
El exceso de estrés puede ser el culpable de que no consigamos descansar bien y de la aparición de pesadillas. Para que no sean recurrentes es importante solucionar nuestros problemas.

Las pesadillas enturbian nuestro descanso y nos obligan a despertarnos envueltos en un estado de miedo y ansiedad. Pero, ¿por qué razón el cerebro idea esas sensaciones angustiantes? ¿Hay alguna explicación? Son muchos los factores que las determinan. Te explicamos por qué ocurren y cómo evitarlas.

El cerebro y nuestro cuerpo tienen la necesidad biológica de descansar y alcanza un sueño profundo, mediante el cual puedan realizar sus funciones básicas. Y es que mientras estamos sumidos en este mundo «onírico«, no solo conseguimos un descanso reparador para nuestro cuerpo.

Nuestro cerebro cumple unas funciones esenciales para integrar recuerdos, conocimientos, nuevas experiencias… resulta increíble su intensa actividad mientras estamos durmiendo. Las pesadillas aparecen en un instante muy determinado que va a reflejarse a continuación. El modo de evitarlas depende de unos factores espaciales.

¿Qué son las pesadillas?

pesadillas

  • Las pesadillas son sueños cargados de ansiedad y miedos. Situaciones angustiantes que aceleran el rítmo de nuestro corazón y que nos producen desasosiego.
  • Cuando dormimos, en nuestro cerebro empiezan a suceder unos procesos químicos que hacen que nuestras redes neuronales pasen a través de cinco etapas diferentes que se repiten entre tres y cinco veces a lo largo de la noche.
  • Las cuatro primeras coinciden con un descanso agradable. Baja la frecuencia cardíaca y el ritmo respiratorio, y las ondas cerebrales se hacen más lentas. Pero en la quinta fase aparece el llamado sueño paradójico o REM (rapid eye movement). Es una etapa mucho más activa y donde surge un movimiento ocular rápido bajo los párpados, se eleva el rítmo cardíaco y respiratorio y se incrementa la actividad cerebral. Es aquí donde aparecen los sueños… y las pesadillas.

¿Cuándo solemos tener más pesadillas?

  • Habitualmente se sufren más pesadillas en la infancia y en la adolescencia. Es a partir de los cinco años cuando suelen surgir, y la explicación de que sea a estas edades cuando son más recurrentes se debe a qué atravesamos periodos de aprendizaje y de nuevas experiencias. Ahí es donde suelen surgir más tensiones, dudas y ansiedades que poco a poco van conformando nuestra personalidad.
  • A partir de este periodo vital de desarrollo en la persona donde las pesadillas son más frecuentes, llegada la edad adulta, es normal tener una o dos pesadillas a la semana. Un dato a tener en cuenta es que para recordar un sueño o una pesadilla, es necesario que nos despertermos al final de la misma.
  • En ocasiones pasamos de un ciclo de sueño a otro sin despertarnos, de modo que no recordamos con nitidez qué hemos soñado. Pero las pesadillas más angustiantes aceleran en mayor grado nuestro rítmo cardíaco, y ello hace que al final nos despertemos sobresaltados con la imagen de esos sueños desagradables.
  • El atravesar instantes de estrés, ansiedad o periodos de muchas preocupaciones, van a provocar que la aparición de las pesadillas se incrementen. Hemos de tenerlo en cuenta.

Las pesadillas y los momentos de ansiedad o estrés en nuestra vida cotidiana

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Las situaciones estresantes que viivimos durante el día pueden provocar que nuestros sueños se conviertan en pesadillas durante la noche. Pero ¿por qué? te preguntarás. El cerebro necesita siempre una forma de liberar las tensiones, y éstas se traducen en el mundo onírico en imágenes cargadas de negatividad; en pinturas enmascaradas, a veces, bajo el surrealismo, donde nos solemos sentir amenazados.

Tener pesadillas es algo tan normal como tener un sueño erótico, pero hemos de tener en cuenta que cuando aumenta su frecuencia más allá de las dos veces a la semana, esto se debe sin duda a que hay algo en nuestra vida que no va bien.

Existe pues una tensión emocional de la que no podemos librarnos. Un problema con nuestra pareja, la pérdida de alguien querido, tensiones en el trabajo, traumas del pasado que no hemos podido resolver, o incluso problemas de salud por los que estamos preocupados. Afrontar nuestras inquietudes diarias será un modo de conseguir que nuestras pesadillas se desvanezcan poco a poco.

Cómo evitar las pesadillas

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En ocasiones no basta con colocar un atrapador de sueños en la cabecera de nuestra cama. Lo principal es que tengamos claro que las pesadillas no son más que eso, sueños que nos indican que hay algo que nos preocupa y a lo que tenemos que enfrentarnos. Para evitarlas podemos seguir los siguientes pasos.

Afrontar la realidad para evitar pesadillas

Cada vez que tengas una pesadilla, intenta escribirla en un cuaderno detallando todo aquello que recuerdes. Es posible que puedas reinterpretar algún aspecto: ¿Quién sale en ella?¿es alguien conocido? ¿sentías necesidad de escapar? ¿dónde se desarrollaba?

En ocasiones existen unas imágenes oníricas que los psicólogos suelen asociar fácilmente a situaciones de estrés: el que nos persigan, el caer al vacío, el atravesar zonas donde hay incendios, lluvias intensas, o incluso el salir desnudos de casa, está relacionado siempre con nuestra inseguridad, nuestros miedos y ansiedades.

Mejora tus hábitos de descanso

Seguro que te ha pasado alguna vez. Tener, por ejemplo, una almohada que toca la espalda o un objeto en un lugar determinado, y soñar que alguien te está arañando en esa zona. Todo estímulo que tengamos en nuestra habitación va a determinar nuestro descanso. Ya sean ruidos, olores…etc. Esto es debido a que el cerebro tiende a integrar los estímulos externos al sueño.

¿Cómo mejorar entonces el descanso? Lo ideal sería colocar ambientadores o flores(como la lavanda) a nuestro alrededor. Según este estudio realizado por el Shefa Neuroscience Research Center (Irán), cuenta con propiedades relajantes muy recomendadas para estimular el descanso.

Procura evitar cenas pesadas y acuéstate siempre a la misma hora. Intenta prescindir del ordenador o el móvil antes de dormir, y si vas a usarlos, procura que sea al menos dos horas de acostarte. La utilización de estos aparatos de manera extrema no solo puede contribuir al insomnio, sino que también puede causar dolor de cabeza.

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