Los primeros síntomas del herpes genital

El herpes genital puede permanecer en el cuerpo sin manifestarse durante años. Sin embargo, aunque no presente síntomas es contagioso.

Los primeros síntomas del herpes genital suelen pasar desapercibidos. A veces se parecen a los de un resfriado común. De hecho, buena parte de los afectados no presenta ningún síntoma durante mucho tiempo, aún después de haber contraído la enfermedad.

El herpes genital es una enfermedad de transmisión sexual. Afecta a miembros de ambos sexos, pero es más frecuente en las mujeres. Se estima que una de cada seis mujeres jóvenes, sexualmente activas, podría estar infectada con herpes genital.

La gran mayoría de las personas se contagian cuando tienen contacto sexual con alguien que aún no ha manifestado los primeros síntomas del herpes genital. El virus del herpes puede vivir en el organismo durante varios años, sin manifestarse.

Qué es el herpes genital

El herpes genital es una afección bastante común. Una vez que se contagia el virus, este permanece en el organismo toda la vida. Se trata de una infección causada por dos tipos de virus: tipo 1 (VHS-1) y tipo 2 (VHS-2). Los dos son similares.

En términos generales, el virus VHS-1 causa herpes oral y el VHS-2, herpes genital. Sin embargo, esto no es absoluto. Una persona puede contagiarse con el VHS-1 a o el VHS-2, mediante el sexo oral, por ejemplo.

El herpes se contagia por contacto piel a piel. Esto solo ocurre si se entra en contacto directo con el área que tiene herpes, en alguien infectado. Lo usual es que esto suceda a través de besos o de relaciones sexuales. No hay contagio cuando, por ejemplo, se estrecha la mano de alguien tiene la enfermedad.

El herpes es incurable. Sin embargo, con el tiempo y una buena atención médica, los brotes son cada vez menos frecuentes y más inofensivos. En el caso de las personas con el sistema inmunológico débil, las cosas pueden ser más complicadas.

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Primeros síntomas del herpes genital

El herpes genital es una enfermedad que se da por brotes. Esto quiere decir que hay un punto en el cual los síntomas se exacerban, pero después todo vuelve a la normalidad. Como el virus sigue en el cuerpo para siempre, tiempo después se presenta un nuevo brote.

Lo habitual es que el primer episodio se produzca entre dos y tres semanas después a haber contraído el virus. Hay una gran cantidad de personas que manifiestan unos síntomas muy leves, que pueden pasar desapercibidos. Es posible que se formen llagas en sus genitales, pero estas son tan pequeñas, que se confunden con un sarpullido o una picadura.

Muy a menudo los primeros síntomas del herpes genital aparecen durante los 10 primeros días, después del momento del contagio. Estas señales iniciales duran unos 10 días adicionales. Incluyen, principalmente, una sensación de ardor en el área genital.

También es posible que se presente dolor difuso en los genitales, las piernas o los glúteos. Muchos experimentan, así mismo, una sensación de presión en el abdomen. En el caso de las mujeres, es posible que se presenten descargas de líquido a través de la vagina.

Síntomas típicos del herpes genital

Lo usual es que el primer episodio sea el más severo. Sin embargo, se puede esperar que haya entre cuatro y cinco recaídas en el siguiente año. Durante ese lapso, los primeros síntomas del herpes genital en cada brote también suelen ser muy molestos.

Después de que se presentan los primeros síntomas del herpes genital, lo característico es la aparición de ampollas dolorosas que provocan picazón y dolor. Estas se forman en vagina, vulva, cuello uterino, pene, nalgas, ano o la cara interna de los muslos.

Tales ampollas se revientan y forman llagas. Algunas personas también presentan otros síntomas menos evidentes.  Estos son similares a los que se producen cuando alguien tiene gripe. Incluyen fiebre, malestar, dolor muscular y ganglios inflamados.

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Un virus que permanece activo

Después el primer año, tras haber presentado el primer episodio, los brotes se hacen más esporádicos. Los síntomas del herpes genital se tornan más leves y fáciles de sobrellevar. La ciencia ignora el por qué exacto de esos brotes sucesivos.

Lo que sí se sabe es que después de cada brote, el virus se vuelve inactivo. Viaja y se aloja al final de la espina dorsal. Allí permanece en las células nerviosas, sin generar ningún síntoma, ni causar ninguna molestia.

Periódicamente se activa y vuelve al lugar en el que se inició la infección por primera vez. Las personas saben que pueden tener un nuevo brote cuando experimentan nuevamente los primeros síntomas del herpes genital. Básicamente dolor o picazón en las áreas genitales.