Procrastinación: el error de dejarlo todo para «mañana»

Raquel Lemos Rodríguez · 8 agosto, 2016
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 31 enero, 2019
Aunque en un principio no lo veamos como un problema, la procrastinación termina derivando en uno, ya que las obligaciones llegan a retrasarse hasta tal punto que nunca se llevan a cabo

Son muchas las personas que, aunque tengan algo importante que hacer, son capaces de dejarlo para otro día. Esto es algo que sucede de forma muy habitual. De hecho, tiene una denominación propia; la procrastinación.

La procrastinación se basa en la costumbre de postergar tareas que, al final, nunca se terminan llevando a cabo. Es necesario mencionar que estas suelen ser de actividades que revierten cierto grado de responsabilidad. Ya que las de menos relevancia, por diversos motivos, no suelen retrasarse a esos niveles.

Pensemos, por ejemplo, en la época del colegio. El dejar los ejercicios de la asignatura más difícil para el final. Pues lo mismo sucede en este caso, aunque cuando verdaderamente se sufre de procrastinación, estos nunca se llegan a realizar.

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La procrastinación y los problemas

La procrastinación puede llegar a provocar problemas de índole familiar. Aunque también respecto de las relaciones que el individuo forja con las demás personas. Quienes tienden a caer en el error de la procrastinación, generalmente generan dudas en los demás sobre los planes establecidos. Principalmente porque tienden a aplazarlos; o en el último momento, llegar tarde.

En todo caso, ese tipo de actitud, finalmente puede desencadenar en problemas más graves. Por ejemplo, la dificultad para la toma de decisiones importantes de forma rápida y efectiva. Así como la tardanza en la entrega de proyectos. Actos que pueden derivar en el despido.

Esto no deja de ser un problema que puede manifestarse en distintos ámbitos de la vida. Desde no saber mantener la casa ordenada hasta un alto nivel de desorganización en cuanto a otros quehaceres cotidianos.

Independientemente, es importante diferenciar el necesitar descansar, y parar de hacer las tareas durante un tiempo, de la procrastinación. La procrastinación es una barrera que impide ser capaz de iniciar con seriedad actividades de importancia.

En realidad, puede considerarse un modo de autoengaño para la propia persona. Ya se deba a motivos de vagueza, falta de motivación o incluso miedo a la hora de iniciarlo.

Las razones de posponerlo todo para «mañana»

Ser procrastinador puede ser un síntoma de un problema. Incluso, puede estar ligado a un desorden psicológico, como la ansiedad o la depresión.

También es importante tener en cuenta que no todas las personas que tienen este problema sufren alguna patología o desorden que afecta a su mente. En ocasiones, es una clara muestra de una gran falta de autoestima.

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El procrastinador puede llegar a sentir que no puede complacer a nadie y eso, a la par, le hace sentirse culpable. En vez de solucionar el problema, se sumerge en un bucle de culpabilidad. Finalmente, esto puede desencadenar el hecho de que su autoestima baje cada vez más.

De este modo, tan solo conseguirá dudar de sí mismo y no logrará finalizar nada a tiempo, porque creerá que aún no está hecho de la forma correcta. 

El procrastinador, del mismo modo, tiene miedo al rechazo, a que las decisiones que tome no sean las correctas y a que se le juzgue por ello. La gran mochila que carga a sus espaldas tiene la palabra «culpa» grabada.

Las excusas

Lo peor de esta actitud y de no solucionar el problema de autoestima que sufre es que las excusas empiezan a hacer acto de presencia. Estas excusas no son solo un arma hacia los demás, sino hacia uno mismo. Con ellas, el procrastinador intenta sentirse mejor por su forma de actuar ante el resto. En realidad, es un intento vano de justificarse.

Sin embargo, las excusas no son lo único que define a este perfil de personas, sino que nos podemos encontrar con otro tipo de características. Por ejemplo, el perfeccionismo que muestran y que provoca que no entreguen los proyectos o trabajos a tiempo.

También, tienen un gran temor al fracaso. Por lo que intentarán evitarlo a toda costa de la forma que sea, posiblemente, utilizando las excusas.

En otros casos, podremos observar cómo este tipo de personas son excesivamente críticas con ellas mismas y padecen un profundo pesimismo que les impide conseguir lo que quieren.

La procrastinación se puede superar. Pero el primer paso es reconocer que se tiene un problema y que se debe solucionar si se quiere que la vida vuelva a la normalidad.

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