Productos que hemos pelado mal toda la vida

Ángela Aragón · 8 mayo, 2016
El proceso de pelado de los alimentos es fundamental para poder sacar el máximo partido de ellos y agilizar el tiempo que pasemos cocinando

Es fin de semana. Por fin podemos disfrutar de nuestro hogar, de la comida casera, es nuestro momento.

Buscamos en nuestro libro de cocina, señalamos esa receta que tantas ganas tenemos de hacer y leemos atentamente los pasos que tenemos que dar.

De repente, nos asalta un pensamiento: “Con el poco tiempo que tengo y ahora tengo que pelar y cortar todo esto para comer.

Además, pensamos en los productos que hemos pelado mal toda la vida, esos que desperdiciamos y que a veces nos desesperan porque no sabemos cómo hacerlo bien.

¿Cómo pelamos bien los alimentos más complicados?

Como ocurre con otras tareas cotidianas que podríamos hacer mejor, la forma más eficaz de hacerlo no es siempre la tradicional.

De hecho, te presentamos aquí algunos casos de productos que hemos pelado mal toda la vida, junto con una serie de consejos para corregir los errores.

Recurre a la creatividad: pelar no significa usar un cuchillo necesariamente

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1. Líbrate del olor a ajo cuando los peles

Pelar ajos mal

Si acostumbras a agarrar el ajo con las manos para limpiarlo con la puntilla, habrás notado cómo su olor se te adhiere a las manos casi de forma permanente.

Si quieres limpiar bien este condimento, mételo en un recipiente cerrado y agítalo. Con este sencillo gesto, alcanzarás tu objetivo de manera más rápida, más cómoda y más limpia.

2. Se acabó desaprovechar las patatas

La manera convencional de enfrentarnos a una patata es en frío. Sin embargo, debido a su dureza y la solidez de la unión entre la pulpa y la piel, no es conveniente hacerlo como la hemos pelado toda la vida.

En su lugar, corta ligeramente primero, para después ponerlas en agua hirviendo. Tras esto, el resultado será sorprendente: podrás retirar la cáscara sin problema.

3. Un huevo cocido pelado sin manos

Huevo-duro-pelado

¿Cuántas veces has encontrado cáscara de huevo en la comida? Esto se debe a que nuestras manos no son tan infalibles como pensamos.

Prueba esto y verás qué diferencia: quita solo un poco de cáscara de la parte de arriba y sopla a través de la abertura y obtendrás un huevo impoluto.

4. No pelees con los frutos secos: mójalos o tuéstalos

Las almendras son el claro ejemplo del engorro que supone trabajar con frutos secos. Incluso si las compras peladas, verás que tienen una capa finita sobre el producto que dificulta en gran medida el proceso de cocinado.

Para solucionarlo, tenemos dos opciones sencillas: lavarlas o tostarlas. La elección dependerá si las preferimos completamente crudas o no.

5. Pelar tomates es fácil: juega con las temperaturas del agua

Pelar tomates fácilmente

Este es un caso similar al de la patata. La adherencia de la piel del tomate a la pulpa es muy fuerte. Por esta razón, si lo pelamos como hemos hecho siempre, corremos el riesgo de llegar incluso a la desesperación.

Lo más práctico es lo siguiente: haz unos pequeños cortes en cruz en la parte de arriba de los mismos y escálfalos. Acto seguido, mételos en un recipiente con hielo para evitar que se cocinen.

De este modo, la piel se eliminará fácilmente y sin esfuerzo.

6. En la fruta blanda sustituye el cuchillo por un vaso

El kiwi o el mango son frutos muy complicados de pelar: tienen tanto jugo que acabas pringada y, por tanto, malgastando también dicho jugo por la presión que ejercemos al agarrarlos.

En vez del pelado tradicional, córtalos por la mitad y usa la boca de un vaso. La carne y el jugo caerán limpiamente dentro del recipiente, permitiéndote estar limpia y aprovechar al máximo el producto.

7. Mandarina perfecta con solo tres cortes

Mandarina en tres cortes

El olor a mandarina es muy persistente, pero existe un método alternativo a como la hemos pelado toda la vida: haz tres cortes en la misma y verás como se abre como un libro.

Ver también: Crema de mandarina con leche condesada

8. Pela los plátanos como quien abre una bolsa de ganchitos

La forma convencional, tirando de la parte que une el fruto al racimo, es la alternativa más lenta. En vez de esto, sitúate en la parte inferior coloca los dedos como cuando abres una bolsa de patatas fritas.

Con este único movimiento, habrás conseguido tu objetivo.

Teniendo en cuenta lo dicho, comprobamos que las tareas cotidianas esconden un montón de secretos ocultos tras una tradición que, a veces, nos dificulta la vida.

Por tanto, lo mejor es abrir tu mente y evitar así errores como este.